sábado, 23 de abril de 2016

Jean François Revel sobre la libertad de prensa

Algunas reflexiones sobre la cuestión de la libertad de prensa de J-F Revel, recogidas de dos de sus obras, "La tentación totalitaria" y "El conocimiento inútil":


"Cuando un sicario de las buenas palabras trata de convencerme de que el monopolio del Estado -es decir, el monólogo del Estado- en la información, ejercido directamente o con la pantalla de cualquier subterfugio, es el único que puede poner a la Prensa y la Televisión al servicio del pueblo -ya que señala, todos conocemos la "falsa objetividad" del New York Times, la Stampa y la NBC-, yo le agradezco que con tal argumento me advierta de su intención de suprimir la información y sustituirla por la propaganda. Porque es verdad que existe una "falsa objetividad". Pero ésta solo podrá existir allí donde exista también la verdadera. (...)  De igual modo, las sociedades censuradas no pueden ni siquiera permitirse el lujo de la "falsa objetividad", porque carecen de la verdadera. Y, en las civilizaciones de la libertad, la misión de luchar contra la "falsa objetividad" incumbe precisamente a la objetividad verdadera, no a una burocracia cualquiera (...). La Historia seria es la que elimina o refuta a la Historia parcial; el periodismo honrado es el que puede hacer retroceder al periodismo venal, no una comisión administrativa, cuya primera diligencia suele ser la distribución de fondos secretos. Una Prensa libre no es forzosamente una Prensa que siempre tenga razón y siempre sea desinteresada, como tampoco un hombre libre es un hombre que siempre haya de tener razón y que siempre sea desinteresado. Si, para autorizar la literatura, hubiera habido que esperar a aprender a suprimir la mala, aún estaríamos corrigiendo las primeras pruebas de imprenta de la Historia. No comprender que la libertad es un valor por sí misma cuyo ejercicio comporta necesariamente un polo bueno y otro mal, es mostrarse francamente refractario a la cultura democrática.
(...)
 Todo cuanto tiene de sencillo para los primeros (cultura democrática) definir una Prensa libre, para los otros (totalitarios) resulta tortuoso y complicado, ya que, en el fondo, tienen cierta propensión a creer que la única Prensa "libre" tendría que ser la que expresara sus propias opiniones. El cándido dogmatismo con el que pretenden emanciparnos del pluralismo que acompaña al "sistema represivo del dinero", para imponernos la obligación de paladear a perpetuidad al virtuosa insipidez de su recta conciencia y de su información rectificada, constituye la antítesis de lo que yo llamo "prueba de democracia". " Jean-François Revel, "La tentación totalitaria" (1976).



"El mundo se divide en tres sectores: el sector de la mentira de Estado, organizada y sistemática; el sector de la información libre; el sector de la subinformación. En el primer sector, el de los regímenes totalitarios, dominan la censura —que es una defensa pasiva contra las informaciones indeseables— y la propaganda, que es una técnica activa que consiste en reconstruir e incluso inventar totalmente la actualidad, para hacerla acorde con la imagen deseada por el poder. En el sector libre reina la información muy abundante y de bastante buena calidad que caracteriza a las sociedades democráticas, con variantes que dependen, particularmente, del grado de control de los medios audiovisuales por parte del Estado, los partidos, las religiones o los sindicatos. El tercer sector es una mezcla de los dos primeros, con diversas dosificaciones de dictadura y de libertad, según los países, pero sobre todo adolece de una gran pobreza.
(...)
 En democracia, el obstáculo a la objetividad de la información no es ya, pues o lo es muy poco, la censura; lo son los prejuicios, la parcialidad, los odios entre partidos políticos y las familias intelectuales, que alteran y adulteran los juicios e incluso las simples comprobaciones. A veces, más incluso que la convicción, es el temor del «qué dirán» ideológico quien tiraniza y amordaza la libertad de expresión. Lo que más paraliza, cuando la censura ha dejado de existir, es el tabú.
(...)
 A continuación, la cuestión que plantea la reflexión de estos pensadores políticos es saber cómo castigar los abusos de la libertad de expresión, las opiniones lesivas para el honor, la dignidad o la seguridad ajenas y la paz civil. ¿Pueden impedirse estos abusos sin atentar contra esa misma libertad? En general, concluyen que más vale aceptar los inconvenientes que intentar remediarlos mediante la legislación, pues el buen juicio público, fruto de la experiencia de la libertad y de la costumbre de confrontar las tesis, ya se encargará de desacreditar a los difamadores y a los facciosos. (...) y a los «inquisidores que querrían ponerse una medalla con ese delirio, para someter la manifestación de cualquier opinión a la jurisdicción de la autoridad" Jean-François Revel, "El conocimiento inútil" (1988)

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