lunes, 18 de abril de 2016

La respuesta a las desgravaciones “injustas” es más desgravaciones

 Ryan McMaken expone la gran diferencia entre las subvenciones y las desgravaciones, repercusiones y la solución adecuada, que está lejos de la actual mentalidad política. 
Artículo del Instituto Mises:
Algunos mitos sobre impuestos y contribuyentes no desaparecen nunca. Entre ellos está el mito de que las desgravaciones fiscales equivalen a “subvenciones”.
Laurence Vance señalaba recientemente una afirmación particularmente ridícula realizada por un empleado de la NPR que afirmaba que una deducción fiscal es el “equivalente financiero del gobierno firmando un cheque a la gente cada año”.
En modo alguno, señala correctamente Vance, una deducción fiscal es algo que se parezca al gobierno firmando cheques a la gente.

La libertad respira por los poros fiscales

Matthew McCaffrey explica además:
Hace décadas, economistas como Mises y Rothbard ya estaban argumentando que las desgravaciones fiscales no son equivalentes económica ni éticamente a recibir subvenciones. Dicho de forma sencilla, que te permitan quedarte con tu renta no es lo mismo que tomarla de la competencia. Exenciones y agujeros no redistribuyen riqueza por la fuerza: los impuestos y las subvenciones sí, beneficiando así a algunos productores a costa de otros.
Sí, los empresarios que aprovechen las desgravaciones incurrirán en menores costes que los empresarios que no lo hagan. Pero esto no demuestra que las exenciones y agujeros den ventajas injustas; de hecho, es justamente lo contrario: demuestra que los impuestos penalizan a los empresarios  suficientemente desafortunados como para tener que pagar.
Las desgravaciones fiscales son beneficiosas para quienes las declaran, pero no son subvenciones. Excepciones y agujeros son más bien salvavidas en un mar redistribución de riqueza. Mises lo dijo perfectamente: “el capitalismo se cuela por esos agujeros”. Tristemente, si sencilla idea continúa eludiendo a la mayoría de los comentaristas.
A pesar de esto, mucha gente que afirma estar a favor de un “gobierno más pequeño” piensa que las desgravaciones fiscales son de hecho subvenciones y por tanto la respuesta está en aumentar los impuestos.
Consideremos la extravagante “lógica”: El contribuyente A puede reducir su tipo impositivo efectivo aprovechando deducciones por tener niños y pagar intereses sobre una hipoteca. El contribuyente B no puede aprovechar estas deducciones.
El activista libertario X decide que es injusto y que los impuestos son demasiado altos para el contribuyente B. El contribuyente A está siendo “subvencionado”. ¿Cómo podemos entonces seguir siendo fieles al gobierno y luchar contra el recaudador de impuestos? ¡Bueno, podemos aumentar la carga impositiva sobre el contribuyente A, por supuesto! Tío, eso sin duda asegurará al gobierno cuánto amamos el “gobierno pequeño”. Chúpate esa, gobierno. Acabamos de aumentar tus ingresos.
Hace falta algo de gimnasia mental para ver cómo alguien que profesa estar a favor de controlar el poder del gobierno podría poner como excepción una desgravación fiscal, pero lo vemos demasiado a menudo.
Por supuesto es fácil ver cómo los liberales (progresistas en EEUU) de izquierdas se opondrían a las desgravaciones fiscales. Quieren maximizar el ingreso del gobierno y sacar tantos recursos como sea posible del sector privado. No hay misterio en esto. Pero incluso los izquierdistas se equivocan en llamar subvenciones a las desgravaciones fiscales. Son sencillamente un recorte fiscal para quien sea apto para la desgravación o deducción fiscal en cuestión.
No cabe duda de que las desgravaciones fiscales para ciertos grupos y comportamientos benefician realmente a la gente que está en esos grupos. Sin embargo, si entendemos que los impuestos son demasiado altos para un grupo, entonces la respuesta no está en aumentar los impuestos a otros.

La respuesta está en más deducciones y desgravaciones fiscales

Ralph Raico solía contar un chiste viejo en sus clases acerca de cómo los rusos eran distintos de otros europeos. El chiste explicaba cómo la mayoría de los europeos, cuando se les preguntaba qué les haría felices, replicaban que les gustaría una vaca lechera más prolífica o poseer más vacas y así hacerse más ricos. Cuando se le preguntaba por el contrario a un ruso qué le haría más feliz, este respondía: “Quiero que se muera la vaca de mi vecino”.
Esta lógica retorcida se emplea cuando quienes creen que sus impuestos son demasiado altos quieren “resolver” el problema aumentado los impuestos de otros. ¿Algunas empresas tienen desgravaciones mientras otras no? Sí, es así. La solución está en extender las desgravaciones fiscales para dar también desgravaciones a un número mayor de empresas. Indudablemente, eliminar las desgravaciones fiscales solo aumenta los ingresos públicos y hace mayor la carga fiscal para todos.
Si el objetivo es reducir los tipos fiscales efectivos, solo tiene sentido apoyar y extender todo tipo de desgravación y deducción fiscal imaginable.
Desde que los economistas del lado de la oferta (y posiblemente antes), la mente política estadounidense ha estado infectada con la idea de que aumentar el ingreso fiscal es algo bueno y de que cualquier intento de aumentar los ingresos aumenta el “gasto”. A menudo se asume que todos los recursos son en último término propiedad del gobernó federal que cualquier dinero que quede fuera de las manos del gobierno se define de alguna manera como “gasto público”. El hecho de que la gente piense así es uno de los grandes triunfos de la propaganda política estadounidense moderna.
Esta postura también requiere que se ignore el hecho de que el gasto público es al menos tan dañino para la economía como los impuestos iniciales.
Estas actitudes también se han extendido más y usado para deducir que hasta la mitad del país paga demasiado poco en impuestos. El 47% del país no paga suficientes impuestos sobre su renta, se nos dice (erróneamente). ¿Cómo hacer “justas” las cosas? Bueno, haciéndoles pagar más impuestos, por supuesto.
En caso de que no os hayáis dado cuenta, aquí hay un patrón. La solución a todo problema de impuestos que son “injustos” es aumentar los impuestos a alguien en algún lugar.
Este día fiscal, tal vez en lugar de desear que muera la vaca de nuestro vecino, podríamos tal vez centrarnos en el problema de que el gobierno ha estado ordeñando demasiadas vacas para empezar.

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