jueves, 28 de abril de 2016

Ricos a tu costa

Carlos Rodríguez Braun analiza la nueva e interesante obra (yo aproveché el día del libro para hacerme con ella) de Phillipp Bagus y Andras Marquart, sobre las implicaciones que tiene el monopolio del dinero por parte del Estado y su manejo (a raíz de la liquidación del patrón oro) en la desvalorización del dinero, en la inflación, y en el fraude que conlleva y lo regresivo que es para las personas menos pudientes (en favor de privilegiados cercanos al poder y de mayores rentas o patrimonio).

Artículo de su blog personal: 
Los economistas Philipp Bagus y Andreas Marquart son autores de un “best-seller” en Alemania que ahora publica en español Deusto con este provocativo título: Por qué otros se hacen cada vez más ricos a tu costa…y qué responsabilidad tiene el Estado y cómo juega con nuestro dinero”.
Los autores apelan al sentido común: si el monopolio es malo, ¿por qué va a ser bueno que el Estado tenga el monopolio sobre el dinero?
Asociamos siempre Estado y dinero, cuando éste fue un invento de la sociedad civil, que libremente escogió un dinero-mercancía en la forma de los metales preciosos, por sus características de escasez, fraccionabilidad, homogeneidad, pequeña modificación de su oferta total, etc. La liquidación del patrón oro a manos de los Estados y su sustitución por dinero público ha dado como resultado la desvalorización éste. Por ejemplo, y hablando de una moneda habitualmente considerada estable, desde la introducción del euro, la oferta monetaria medida por el M3 ha crecido a una tasa anual del 12 %. Pero seguimos desconfiando de las autoridades en todas partes…menos en la banca central, cuando, como denunció Hayek, “la historia del manejo del dinero por parte del Estado es una historia incesante de fraude y embuste”.
Como se hacía antaño en la profesión, Bagus y Marquart llaman “inflación” a la expansión monetaria, que puede llevar a una subida del IPC o no, porque no es una consecuencia necesaria, y es un error creer que si no aumenta el IPC no pasa nada: “aunque los precios no suban, puede darse al mismo tiempo un aumento enorme de la masa monetaria, que se ve compensado por otros efectos, como un aumento de la productividad por las innovaciones o el incremento de la división del trabajo”. Pero ese aumento genera distorsiones, en particular una que no siempre se asocia con la política monetaria: la redistribución regresiva de la renta. Así, el sistema monetario monopólico estatal “fuerza una redistribución en beneficio de los más ricos” y de los que reciben el dinero creado por el Estado antes de que los precios suban, o cambien los precios relativos. En vez de beneficiarnos a todos, la expansión de la liquidez premia más a quienes tienen más ingresos y más patrimonio: beneficia más a los que ya son ricos.
Los autores explican bien los problemas derivados de la reserva fraccionaria, y la complicidad en el sistema de la banca y del propio Estado, que obtiene copiosas ganancias: “Si el Estado estuviera financiado nada más que por los impuestos, es probable que los ciudadanos ya se hubiesen rebelado hace tiempo”. Son menos claros al abordar la mezcla de crecimiento genuino dentro de la burbuja, pero de todas maneras su libro es diáfano, original y valiente en su testimonio contra la política monetaria en tanto que “corresponsable de la creciente división de la sociedad entre ricos y pobres”.

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