jueves, 21 de abril de 2016

La ‘fiabilidad’ de Rajoy-Montoro: no cumplirán con Bruselas hasta cuatro años después de lo prometido

Domingo Soriano expone la absoluta falta de fiabilidad y los continuos incumplimientos del PP respecto al déficit, así como sus consecuencias. 

Artículo de Libre Mercado: 
Mariano Rajoy, este miércoles, en el Palacio de la Moncloa, tras su reunión con Carles Puigdemont. | EFE
Cuatro años. Es una legislatura completa y el período de tiempo que los políticos venden como necesario para que su proyecto dé frutos. Este Gobierno, por ejemplo, aseguraba en 2012 y 2013 que la reforma laboral generaría empleo a medio plazo, incluso aunque en los primeros meses tras su aprobación siguiese creciendo el paro. Y acertó. Tras un año y medio muy malo, a partir del verano de 2013 el mercado laboral comenzó a recuperarse.
No se puede decir lo mismo del déficit, aunque ésta fue una de las banderas a las que se agarraron Mariano Rajoy y Cristóbal Montoro cuando llegaron a La Moncloa. El mensaje del gallego y su ministro de Economía podría resumirse en algo así como: "Frente a la falta de fiabilidad de Zapatero, ahora ha llegado un Gobierno responsable en el que se puede confiar". En Bruselas, en los famosos road-shows ante los inversores extranjeros y la prensa internacional, en el Parlamento… si había una palabra con la que el Gobierno quería asociarse era "fiabilidad" frente al caos anterior. De hecho, desde 2014, con la aparición de los nuevos partidos, esa supuesta confianza también se ha manejado como argumento electoral a futuro.
El problema es que no es cierto. Este martes conocimos los últimos datos que maneja el Gobierno. Son las cifras que llevará a Bruselas en el nuevo cuadro macro. El ministro de Economía, Luis de Guindos, insinuó que ya se le habían mostrado los números a los mandamases comunitarios y que más o menos han acepado que son "realistas". Oficialmente, la Comisión Europea no se pronuncia y dice que estudiará la cuestión con tiempo. El vicepresidente de la CE, Valdis Dombrovskis, subrayó que "no se han tomado decisiones sobre el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC). Evaluaremos a Portugal y a España una vez que tengamos todos los datos necesarios", aseguró en referencia a la norma europea que obliga a los países a mantener su déficit por debajo del 3 % del PIB y la deuda menor al 60%. Pero leyendo entre líneas parece que no será un drama.
Otro incumplimiento, uno más, de España, pensará alguno. Han sido ya tantos que se ha perdido la cuenta. En las últimas semanas, en Libre Mercado, hemos apuntado cómo en este tema del déficit Rajoy ha cometido los mismos errores (o ha dicho las mismas mentiras, según como se quiera leer) que José Luis Rodríguez Zapatero. Lo de esta semana, en ese sentido, no es más que la constatación de un fracaso. Pero las cifras sí son significativas en sí mismas, más aún si miramos al pasado. De lo que se dijo a lo que ahora se plantea hay un mundo… bueno, hay una legislatura completa. Cuatro años de incumplimientos, de retrasos, de cambios de previsiones. En resumen, "fiabilidad y confianza", muy poquita.
- Se han dado muchas cifras para explicar lo grave que es el último incumplimiento del Gobierno en materia de déficit. Por ejemplo, ese 5,1-5,2% con el que se cerró 2015. Pero normalmente se compara con la última de las previsiones del Gobierno. En este caso, sería el 4,2% con el que nos habíamos comprometido con Bruselas para el pasado año.
Pero hay otra forma de verlo, comparando las cifras de déficit con las primeras promesas del Gobierno. Es decir, ¿a cuánto se comprometió Rajoy cuando llegó al poder y cómo dejará las cuentas al próximo Ejecutivo? En el Programa de Estabilidad que Cristóbal Montoro presentó en abril de 2012, se establecía un objetivo del 3% para el año 2013. Es decir, se fijaba un límite igual al que recoge el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE.
Pues bien, según el cuadro macro que Luis de Guindos llevó este martes al Congreso, ahora se compromete a bajar del 3% en 2017 y con una cifra del 2,9%. Es decir, cuatro años después de su primera promesa, si todo sale bien y España sigue creciendo al ritmo (optimista) previsto por el Gobierno, cumpliremos por los pelos con lo que le prometimos a la UE para 2013. ¿Qué pensarán nuestros socios europeos de un país en el que sucesivos gobiernos han ignorado de forma reiterada sus compromisos?
- Pero es que si se compara con lo que llevaba el Gobierno en su última propuesta la cosa no es mucho más tranquilizadora. En el Programa de Estabilidad 2014-2017, aprobado en la primavera de 2014, cuando el crecimiento ya empezaba a apuntar como una realidad, España se comprometía a un déficit del 1,1% en 2017. Es decir, casi tres veces menos de la cifra que hay ahora sobre la mesa (y es una cifra optimista). Incluso en la revisión que se hizo en 2015, en el Programa de Estabilidad 2015-2018, la cifra que se dio a Bruselas fue del 1,4% de déficit para 2017, la mitad del 2,9% que ahora se pide. En un año con un crecimiento superior al 3%, el objetivo de déficit para 2017 ha empeorado más de un punto y medio.

Las consecuencias

Llegados a este punto, todo suena a ya leído y escuchado. Tantas veces España ha incumplido sus objetivos de déficit que puede parecer que una más no tiene importancia. Pero hay una serie de cuestiones que siguen encima de la mesa y que pueden tener consecuencias:
- Déficit y objetivos de la UE: cada vez que sale el tema del déficit público todo el mundo mira al objetivo marcado por Bruselas. Y la defensa de Luis de Guindos el pasado martes fue por ahí. Más o menos el ministro de Economía vino a decir: "En Bruselas nos van a pasar la nueva cifra, así que no hay por qué preocuparse". Pero no hay que olvidar que el déficit es déficit, lo apruebe la UE o no. Es decir, el dinero que ahora no se tiene habrá que pedirlo prestado y pagarlo en un futuro.
De hecho, habrá quien piense que será peor, a medio plazo, el remedio que la enfermedad. Es como un padre que avale una y otra vez las deudas de un hijo derrochador. Para este hijo, a corto plazo, el respaldo del padre puede suponer un alivio. Pero si esa ayuda no le sirve para cambiar de actitud y sigue endeudándose (usa el aval como un medio para gastar más, no menos) lo que ocurrirá es que al final la montaña de deuda será mucho más alta.
- Riesgos a corto plazo: ¿Cuál será la situación de la economía española si, con estas cifras de déficit, perdemos el apoyo de la UE-BCE o se ralentiza la actividad económica más de lo que el Gobierno teme? ¿Qué margen de maniobra nos deja este nuevo incumplimiento?
- Un país en entredicho: España lleva desde 2008 sin cumplir el Pacto de Estabilidad. Si en 2017 no se alcanza ese famoso 2,9% (que está en el borde del 3%) se cumpliría una década completa de incumplimientos con la principal norma de la Eurozona. Ya no es cuestión de éste Gobierno, el anterior o el que venga después... Es que la credibilidad de nuestras instituciones está muy en entredicho.
- ¿Claudicación?: escuchando a Luis de Guindos, parece claro que el Gobierno no tiene la intención de ir más allá en sus esfuerzos. Habrá algún recorte mínimo de gasto en 2016 (dividido entre Estado y Comunidades Autónomas), pero para 2017, toda la reducción del déficit se fía a los efectos del ciclo económico. En lo que hace referencia a las medidas que están en manos del Gobierno, la sensación es de claudicación.

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