martes, 24 de abril de 2018

Estamos más que hartos de que se blanquee el comunismo

Ángel Manuel García muestra el repudio sobre el constante y extendido blanqueamiento del comunismo, a raíz de la reciente campaña promovida por El Club de los Viernes para exigir a la RAE que cambie la definición del comunismo, mostrándola como es, una ideología totalitaria, como ya ocurre con el fascismo o el nacional socialismo. 

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Ayer, desde El Club de los Viernes, la asociación cívica a la que tengo el honor de pertenecer con la más aguerrida y honesta intención de plantar cara al socialismo en todas sus variantes, hemos presentado una campaña específica dirigida a la Real Academia Española (RAE).
Precisamente, este nuevo proyecto, basado en una petición que podéis firmar aquí, pretende exigir a dicho organismo lingüístico que no siga contribuyendo al blanqueamiento de una ideología criminal, inhumana y liberticida como es el comunismo.
Exigimos que se le defina como un totalitarismo, igual que al fascismo y el nacionalsocialismo.
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Pero voy a centrarme en la cuestión del blanqueamiento en sí, que lamentable y preocupantemente, no es algo por lo que solo se pueda criticar a la RAE. Tanto en la clase política como en esa proporción de la sociedad civil que de no hacerlo intencionadamente denota ignorancia, se incurre en esta actitud. Debemos saber que el comunismo es una ideología que ha causado más de 100 millones de muertos allí donde se ha establecido, tanto en el pasado como en el presente (actualmente, debemos remitirnos a ejemplos como Corea del Norte, Cuba y Venezuela), aparte de haber dado lugar a una tremenda represión y la más absoluta situación de miseria e infrahumanidad.
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Pero aun así, hay un evidente criterio de juicio basado en la parcialidad. A diferencia de lo que ocurre con todo lo relacionado con el nacionalsocialismo, quienes bromean o emiten otros mensajes a favor del comunismo, parecen tener “vía libre”. No hay una sólida condena social. Es más, muchos actos genocidas de los marxistas son cuasi desconocidos. En España, si no llega a ser por los esfuerzos de parte de la derecha sociológica, el genocidio que tuvo lugar en la localidad de Paracuellos del Jarama, en el año 1936, con la colaboración de Santiago Carrillo, sería prácticamente desconocido. Lo mismo con la intolerancia religiosa llevada a cabo por el Frente Popular durante la II República y la Guerra Civil.
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Pero, a nivel internacional, tampoco son demasiado tomados en consideración acontecimientos como la masacre de Katyn, en la que Stalin ordenó el asesinato de decenas de millares de ciudadanos polacos. Es más, la efeméride del jueves día 23 de agosto menciona “estalinismo”, como si el resto de dirigentes comunistas hubieran sido respetuosos con los derechos humanos.
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En cualquier caso, aparte de la amenaza comunista de la que España no se libra y de que en Europa Occidental el comunismo no sea tan irrelevante, cabe resaltar de que esa dictadura de la corrección política a la que más de un país occidental está sometido impide que se considere al comunismo como una ideología merecedora del más absoluto repudio.
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Es más, ese mismo consenso progre-socialdemócrata que difama intimida a todo el que se oponga al binomio nihilismo-globalismo no tiene reparos en legitimar a comunistas. Por poner ejemplos, pues me remito al interés de Juncker en halagar a Karl Marx y Fidel Castro mientras que tilda de “dictador” a un líder centroeuropeo elegido en un proceso electoral libre y limpio.
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Otro ejemplo puede ser el esfuerzo del Partido Popular en “hinchar al monstruo” de PODEMOS para mantener una estrategia de “voto del miedo” que pudiera justificar el voto a un partido traidor, mientras que ha promovido la irrelevancia de la derecha mediática. ¿Por qué rescató la vicepresidenta Sáenz de Santamaría a La Sexta pero dejó caer a Intereconomía?
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Y bueno, por seguir “tirando de ilustraciones”, podemos señalar la radicalización del Partido Socialista Obrero Español y la obsesión de Pedro Sánchez en pactar con el partido de Pablo Iglesias. Tampoco podemos negar que en el Partido Popular y en Ciudadanos ha habido interés en coleguear, hablar bien o llegar a alguna clase de pacto con comunistas. En 2014, dijo el entonces presidente autonómico extremeño José Antonio Monago que quería pactar con PODEMOS. Al año siguiente, Cristina Cifuentes dijo tener respeto a los comunistas. Albert Rivera halagó a Carrillo. Arrimadas no descartaba pactar con los “comunes”. Nadie ha cesado al embajador español en Cuba, que dejó flores en la tumba de Fidel Castro.
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Ahora bien, ¿qué hubiera ocurrido si alguno de estos dirigentes hubiera rendido homenaje a Franco, Mussolini o Hitler? ¿Y si hubieran considerado pactar con algún partido neonazi como, por ejemplo, Democracia Nacional? Inmediatamente habrían sido repudiados por las masas izquierdistas, no necesariamente mediáticas.
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Una vez enunciado todo esto, hay una vital necesidad de librar una batalla dialéctica que convenza de que no hay nada que agradecer al comunismo y lleve dicha ideología a la misma irrelevancia que en la mayoría de países de Europa Central-Oriental. Parlamentos como el estonio, el letón, el lituano, el húngaro y el polaco no tienen diputados comunistas.
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Es más, por profundizar algo más, en Polonia, hay un partido relativamente nuevo, de ideología comunista, llamado Razem (“Juntos” en polaco), que no alcanzó ni alcanzará el umbral mínimo de votos para obtener representación, por mucho que intente moderar el discurso. De hecho, el liberal-conservadurismo y el libertarismo de derecha están en auge.
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Por otra parte, no conviene pasar por alto el fenómeno del “marxismo cultural”, por medio del cual, Gramsci creyó que sería fácil implementar un sistema comunista en Occidente, erosionando instituciones como la familiar y los valores cristianos de los occidentales. El multiculturalismo y la ideología de género son la prueba más fehaciente de ello, siendo conscientes de todo ello en Navarra Confidencial.
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La preocupación sobre lo expuesto en el párrafo anterior debe tenerse, con más razón, cuando organismos como las Naciones Unidas, la Unión Europea y la mayoría de gobiernos occidentales secundan estos dogmas, apoyados por ciertos “dizque” defensores de la libertad. Solo resisten a esta ola Donald Trump, los gobiernos polaco y húngaro, y territorios como Texas.
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Dicho esto, para concluir, creo que cualquier medida de blanqueamiento del comunismo, sea o no por ignorancia, es una humillación moral a quienes dieron su vida, derramaron sangre o perdieron su libertad al rebelarse contra una ideología totalitaria.

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