viernes, 13 de junio de 2014

Pablo Iglesias y su nostalgia de la guillotina: ¿está un psicópata al frente de Podemos?

Elentir muestra la actitud tiránica y totalitaria de Pablo Iglesias, como refleja en sus declaraciones en este vídeo, evidenciando lo que él considera como democrático y ejemplos a seguir, que no son otra cosa que tiranías puras y duras, donde los derechos y libertades brillan por su ausencia, y el uso de la violencia y la fuerza es el día a día contra aquéllos que no se someten a su voluntad, como bien queda reflejado en los modelos que emplea, empezando por Robespierre y su reinado del terror. 


Artículo de Contando Estrelas:

 


 Algunos pensarán que el título de esta entrada es exagerado. Les ruego que lo valoren tras ver el vídeo que pongo sobre estas líneas, en el que Pablo Iglesias Turrión ensalza la pena de muerte mediante la decapitación como “la madre de la democracia”. El vídeo lo publicó en enero del año pasado y en él afirmaba sobre la guillotina: “cuántos horrores nos habríamos evitado los españoles de haber contado a tiempo con los instrumentos de la justicia democrática”.
La dictadura jacobina perpetró más de 41.000 ejecuciones en 11 meses
Con la actitud propia de un absoluto ignorante o de un grandísimo cínico, este tipo llama “justicia democrática” a las ejecuciones en masa cometidas durante esa dictadura conocida como Reinado del Terror (1793-1794), sin duda el primer régimen totalitario de la historia, en el cual los jacobinos no sólo asesinaron a Luis XVI y a otros nobles del Antiguo Régimen, como erróneamente piensan algunos. En los 11 meses que duró esa dictadura jacobina fueron asesinadas mediante la guillotina ya sólo en París 2.639 personas, según un estudio de la Doctora Marisa Linton, de la Kingston University. Las víctimas incluían a enemigos políticos de los jacobinos, a los propios jacobinos moderados, a los críticos con Robespierre y a sacerdotes y fieles católicos. Durante ese corto periodo fueron dictadas en toda Francia 16.594 condenas a muerte, una cifra que excede con mucho al total de personas ejecutadas por la Inquisición española a lo largo de tres siglos. Esa cifra se eleva a más de 41.000 asesinados si contamos a las personas ejecutadas sin juicio alguno. Bastaba cualquier acusación sin pruebas o siquiera una sospecha para que en nombre de la libertad, te diesen muerte los verdugos a los que ensalza Pablo Iglesias, que en el vídeo no disimula su admiración por el dictador Robespierre, al que califica de “gran revolucionario”.
Una actuación totalitaria equiparable a la del comunismo o el nazismo
A esa masiva ola de asesinatos hay que añadir la más brutal persecución anticristiana después del Imperio Romano, persecución que incluyó la prohibición del culto católico, la ilegalización de todas las congregaciones religiosas -que socorrían a tantos pobres, enfermos y hambrientos-, la usurpación de los templos a manos del Estado y la instauración de un culto obligatorio a la Diosa Razón. En materia de derechos humanos, los atropellos de la Revolución Francesa y en especial del Terror jacobino sólo son equiparables con los crímenes cometidos por el comunismo y el nazismo a lo largo del siglo XX. El dictador Robespierre mandó arrestar a toda la oposición girondina, suprimió las libertades de prensa, de reunión, de expresión y de religión y suspendió toda las garantías procesales. Esto es lo que sin duda le ha granjeado las simpatías de los marxistas ya desde los tiempos de Lenin, dictador comunista al que su secuaz León Trotsky calificó de “Robespierre moscovita”, con la diferencia, claro, de que Lenin no murió como Robespierre, cuya cabeza acabó probando la guillotina que tanto defendió
¿Pablo Iglesias pretende ejecutar en masa a los partidarios del capitalismo?
Teniendo en cuenta lo anterior, no extraña comprobar que dos semanas antes de publicar ese vídeo, Pablo Iglesias escribía lo siguiente desde las páginas del diario ultraizquierdista Público:
“Decía Robespierre que no hay que probar que el Rey haya cometido ningún delito; su mera existencia es en sí misma un crimen. Si algo está demostrando la llamada crisis financiera internacional es que lo que valía para el Rey en los tiempos de la Revolución francesa, vale hoy para el capitalismo.”
A la vista de esta cita, se hace pertinente añadir otra pregunta más a la que pongo en el título de esta entrada: ¿pretende Pablo Iglesias ejecutar en masa a los que somos partidarios del capitalismo, acaso? Lo pregunto porque este energúmeno hace apología de la eliminación física de los que no son de su agrado con la misma ligereza que si estuviese proponiendo una subida de impuestos. ¿Qué pasaría si alguien dijese algo así contra el poder establecido en un régimen como el que él preconiza? Recordemos que por el mero hecho de hacer apología de la monarquía, en la Segunda República podías acabar en la cárcel en virtud de la Ley de Defensa de la República. ¿A cuento de qué le tenemos que soportar a ese fanático no ya la apología de la República, que es algo legítimo, sino la apología de ese instrumento de terror que era la guillotina?
Pide “castigar a los opresores” y después apoya a la dictadura cubana
Lo más paradójico del vídeo es escuchar a Pablo Iglesias citando estas palabras de su admirado Robespierre: “castigar a los opresores es clemencia, perdonarlos es barbarie”. Como bien recordaréis, pues lo publiqué aquí hace dos semanas, unos meses después de soltar esa cita, Pablo Iglesias se deshacía en piropos hacia la dictadura castrista, a la que decía tener como “referencia”. En España, por muchos defectos que tenga, lo que tenemos es una monarquía parlamentaria: una democracia. Sin embargo, la Cuba que tanto admira el líder de Podemos es una dictadura pura y dura, igual que lo era el Terror jacobino cuyos métodos de ejecución pide recuperar en pleno siglo XXI. Pero para colmo de burla a los españoles, este tipo adjetiva como “democrático” su afán por instaurar una tiranía brutal. Totalitarios como él, que sueltan en público declaraciones propias de un psicópata, deberían estar vetados a la hora de convocar elecciones, aunque sólo fuese por un principio tan elemental como es que la democracia tiene derecho a defenderse de quienes la quieren reducir a escombros.

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