martes, 24 de junio de 2014

Por qué los estímulos del banco central no pueden producir recuperación económica

Un excelente artículo de Patrick Barron que muestra el porqué los estímulos del banco central no pueden producir una recuperación sostenible de la economía y el gravísimo error en el que cae la visión keynesiana.
Hoy todos los bancos centrales del planeta están imprimiendo dinero a espuertas en un intento de estimular sus economías para conseguir velocidad de escape y una recuperación sostenible. Están siguiendo el dogma keynesiano de que aumentar la demanda agregada espoleará un aumento en el empleo y la producción. Hasta ahora todo lo que han conseguido hacer estos bancos centrales es hinchar su propio balance y llenar a los gobiernos con deuda. Pero no nos equivoquemos, los bancos centrales no van a dejar de confiar en el concepto de insuficiente demanda agregada. De hecho, el presidente del BCE, Mario Draghi, está considerando imponer tipos negativos de interés para obligar al dinero a salir de las cuentas de ahorro y entrar en la corriente de gasto. Esa acción es completamente coherente con el dogma keynesiano, así que otros banqueros centrales se verán obligados a seguirle por el fracaso de sus acciones previas.

Violando la Ley de Say

El dogma de Keynes, como se declara en su obra magna, La teoría general del empleo, el interés y el dinero, trata de refutar la Ley de Say, también conocida como Ley de los Mercados. J.B. Say explicaba que el dinero es un conducto o agente para facilitar el intercambio de bienes y servicios de valor real. Así, el granjero no necesariamente compra su coche con dólares, sino con maíz, trigo, soja, porcino y vacuno. Igualmente, el panadero compra zapatos con su pan. Advirtamos que el granjero y el panadero podrían comprar un coche y zapatos respectivamente solo después de producir algo que valoren otros. El valor dado a los productos agrícolas del granjero y el pan del panadero lo determina el mercado. Si las cosechas del granjero se pierden o el pan del panadero no se esponja, no podrían consumir porque no tendrían nada que otros valoren con lo que obtener antes el dinero. Pero Keynes trató de probar que la producción seguía a la demanda y no al contrario. Es conocido que dijo que los gobiernos deberían pagar a la gente para cavar hoyos y luego rellenarlos para poner dinero en manos de los desempleados, que lo gastarían y estimularían la producción. Pero advirtamos que los cavadores de hoyos no produjeron un bien o servicio que fuera demandado por el mercado. La teoría keynesiana de la demanda agregada no es más que una justificación para la falsificación. Es una teoría de consumo de capital e ignora el hecho irrefutable de que se requiere producción antes de consumir.
La expansión del crédito del banco central es el mejor ejemplo de la ignorancia keynesiana de las consecuencias inevitables de la violar la Ley de Say. Los certificados monetarios son baratos de producir. La contabilización de crédito se realiza con un clic de un ratón y, por tanto, es esencialmente gratuita. Así que los receptores del nuevo dinero obtienen algo a cambio de nada. La consecuencia de esta violación de la Ley de Say es la mala inversión de capital, lo contrario del objetivo del estímulo económico del banco central. Los economistas del banco central cometen el error crucial de confundir el frenesí de gasto del PIB con una actividad económica sostenible. Están midiendo consumo de capital, no producción.

Dos vías de destrucción de capital

La expansión del crédito causa consumo de capital por dos vías. Parte del crédito aumentado puesto a disposición de los bancos se prestará a negocios que nunca conseguirán un beneficio independientemente del nivel de los tipos de interés. Este es un error empresarial antiguo por parte tanto de los banqueros como de los prestatarios. Siempre hay un mínimo de esas pérdidas, debido a la incertidumbre del mercado y la imposibilidad de prever con precisión la condición futura del mercado. Pero el frenesí de la burbuja engaña tanto a banqueros como a empresarios excesivamente optimistas, llevándoles a creer que ha llegado un nuevo paradigma económico. Son engañados por las falsas condiciones del mercado, de forma que empresarios atrevidos y banqueros a go-go remplazan a sus más cautos predecesores. Cuanto más dure la burbuja, más proyectos osados de este tipo tendremos.
Otro bocado del crédito incrementado va a empresas que podrían obtener un beneficio si realmente hubiera disponibles suficientes recursos para completar lo que ahora parecen proyectos rentables a largo plazo. Son proyectos para los que el coste de tomar prestado es un factor importante en las previsiones del empresario. Rebajar el tipo de interés anima hasta a los empresarios más cautelosos a reevaluar estos proyectos aparcados. Pasarán muchos años antes de que se completen estos proyectos, así que es crítico un pronóstico adecuado de los costes futuros. Estas estimaciones de costes suponen que hay disponible capital suficiente y que existen recursos suficientes para impedir que los costes aumenten con los años. Pero no es así. La teoría austriaca del ciclo económico explica que un tipo de interés a la baja causado por la expansión del crédito de moneda fiduciaria no refleja un cambio en la preferencial temporal de la sociedad, es decir, en el deseo de la sociedad de bienes presentes por encima de bienes futuros. La sociedad no está ahorrando lo suficiente como para impedir un aumento en el coste de recursos que requieren los proyectos a largo plazo. A pesar de la intervención en el tipo de interés del banco central, la preferencia temporal de la sociedad se reafirmará y absorberá estos recursos de vuelta a la producción de bienes presentes, donde puede obtenerse un beneficio, y se alejará de la producción de bienes futuros.

No hay forma de escapar de la Ley de Say

Ninguna regulación bancaria puede impedir la destrucción de capital que se hace evidente para el público mediante un aumento en la mora bancaria, que puede llegar a niveles en los que grandes bancos pueden convertirse en insolventes. Los reguladores bancarios creen que su investigación empírica en la dinámica de anteriores crisis bancarias revela lecciones que pueden emplearse para evitar otra crisis bancaria. Creen que la estupidez del banquero o incluso la culpabilidad penal fueron las causas subyacentes de crisis previas. Pero esto es una contradicción lógica. Debemos recordar que el mismo propósito de la expansión crediticia del banco central es generar un aumento en el préstamo para estimular la economía hasta una recuperación sostenible. Pero esto es imposible. En cada momento solo hay una cantidad de capital disponible en la sociedad y el capital real no puede producirse con un clic del ratón del banco central. Como dice mi amigo Robert Blumen, el banco central puede imprimir dinero, pero no puede imprimir ingenieros de software, ni siquiera tazas de café de Starbucks para mantenerlos despiertos y trabajando. Además, obligar a los bancos a mantener más capital (que es el objetivo de la última ronda de negociaciones en Basilea) no es más que obligar a poner candados más fuertes en la puerta del granero mientras se deja esta completamente abierta. Cerrar la puerta firmemente después de que se haya ido el caballo sigue significando la pérdida del caballo. ¿Por qué compraría un inversor nuevas ofertas de acciones bancarias solo para ver cómo se evapora su dinero en otra ronda de pérdidas de préstamos?

Conclusión

El gobierno y los bancos centrales se están dedicando a un esfuerzo inútil por estimular la recuperación económica mediante una expansión del crédito de dinero fiduciario. Fracasarán debido a su ignorancia o voluntaria ceguera ante la Ley de Say, que nos dice que el dinero es el agente para intercambiar bienes que ya existen. Nuevo dinero fiduciario no puede hacer aparecer bienes de la nada, de la forma en que los bancos centrales hacen aparecer dinero de la nada. Esta violación de la Ley de Say se refleja en moras de préstamos, que no pueden impedirse mediante ninguna regulación o mayores requisitos de capital. De hecho, en lugar de estimular la economía para una mayor producción, la expansión del crédito bancario causa destrucción de capital y un nivel de vida en el futuro inferior al que se habría obtenido. Los gobiernos y los banqueros centrales deberían concentrarse en restaurar la libertad económica y la moneda fuerte respectivamente. Esto significa abandonar las intervenciones de todo tipo en los mercados,  declarar el libre comercio unilateral, recortar el gasto inútil y someter al gobierno al derecho mercantil normal, que reconocería que la expansión del dinero fiduciario por el banco central o los bancos comerciales no es sino un abierto fraude. El papel del gobierno volvería a su propósito primario y liberal de proteger vida, libertad y propiedad y poco más.
Publicado el 4 de junio de 2014. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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