miércoles, 18 de marzo de 2015

Cómo la producción de dinero puede empeorar la desigualdad de rentas

Jörg Guido Hülsmann muestra cómo la producción de dinero puede empeorar la desigualdad de rentas.

Artículo de Mises Hispano:

[Este artículo está adaptado del capítulo 11 de The Fed at 100: A Critical View on the Federal Reserve System]



El punto de partida para cualquier reflexión seria sobre nuestro tema es el hecho de que la producción de dinero no genera cambios uniformes ni simultáneos. Una oferta creciente de dinero tiende a conllevar un nivel más alto de precios monetarios, pero los precios individuales cambian en distintos momentos en el tiempo y cada uno en distinto grado (es decir, efectos Cantillon).

Como consecuencia, la producción de dinero crea ganadores y perdedores. Los ganadores son quienes pueden usar primero el nuevo dinero, porque en este momento los precios de los demás bienes siguen siendo relativamente bajos. Debido a estos gastos, los precios y rentas aumentan gradualmente y de esta manera el nuevo dinero se extiende por la economía. Los perdedores de este proceso son quienes solo más tarde (o los últimos) disfrutan de una renta monetaria superior. Porque ya están teniendo que pagar los precios más altos, creados por el creciente gasto monetario de los usuarios tempranos del nuevo dinero, usando su previa renta inferior.

Estrictamente, este efecto distributivo es independiente de la cuestión de si el dinero adicional se gasta realmente o si dicho gasto conlleva algún cambio en los precios. Por ejemplo, en los pasados cinco años, la Fed ha aumentado repetidamente la oferta monetaria base a una escala masiva, mientras que el impacto en el nivel de precios se ha mantenido bastante moderado. Sin embargo este aumento en la oferta monetaria base equivalió a una redistribución a gran escala, porque algunos participantes del mercado recibieron grandes cantidades de un tipo de dinero cualitativamente mejor (dinero base), mientras que la oferta monetaria general (incluyendo los medios fiduciarios creados por bancos comerciales) y el nivel de precios permanecieron relativamente estables.

Como analogía, pensemos en el croupier de un casino, que al principio de una partida de póker da a uno de los jugadores unos ases adicionales. El juego ni siquiera ha empezado y todos los jugadores tienen la misma cantidad de cartas, pero el jugador privilegiado ya tiene la mejor mano. Aquí estamos en la misma situación. La oferta monetaria total no ha aumentado y por tanto el nivel de precios aún no ha subido, pero algunos participantes en el mercado, en términos relativos, mejoraron enormemente su posición.

Efectos distributivos de la producción de dinero existen en todos los órdenes monetarios. Sin embargo, en el caso de un orden natural basado en plata y oro, el impacto distributivo de la producción de dinero está enormemente limitado, porque la propia producción de dinero está muy limitada debido a sus altos costes. La situación es completamente diferente en nuestro sistema contemporáneo de dinero fiduciario. Aquí la producción del dinero se impulsa mucho más allá del nivel que alcanzaría en un mercado libre. Como consecuencia, causa una redistribución de rentas y riqueza monetaria mucho allá de lo que se esperaría en un mercado libre.

Algunos economistas no están de acuerdo. Argumentan como sigue: En nuestros sistemas monetarios contemporáneos, el dinero se produce en forma de crédito. Los bancos centrales y comerciales no extraen dinero del suelo y lo gasta: crean dinero creando crédito. En ese caso, no supone ninguna diferencia quién recibe primero el nuevo dinero, ya que el beneficiario no es más rico que antes. Después de todo, el nuevo dinero se prestó, no se dio. La riqueza bruta del beneficiario aumenta, es verdad, pero ahora sus deudas aumentan también en el mismo grado. Por ejemplo, si Mr. Jones recibe un préstamo de un millón de dólares para comprar una casa, si riqueza neta no aumenta en un centavo. Es verdad que su riqueza bruta es ahora mayor, en el millón susodicho, pero sus deudas han aumentado exactamente en la misma cantidad.

Hasta aquí, bien. Sin embargo, si prestamos la debida atención a la diferencia entre riqueza bruta y neta, permanece el hecho de que sí supone una diferencia que Jones consiga la casa debido a la creación de dinero. La diferencia es que Jones ahora vive en una buena casa, que sin creación de dinero se habría vendido a otro a un precio inferior. Ahora puede vivir allí con su familia. Allí recibe a sus invitados.

Si miramos a la financiación de empresas, el impacto es aún mayor. De nuevo es verdad que la creación de dinero no lleva necesariamente a cambios en las fortunas netas respectivas de las compañías, pero influye en el tipo de productos que entran ahora en el mercado. Los préstamos a un fabricante de zapatos le permiten llevar a cabo sus proyectos. Debido al préstamo, puede pagar salarios más altos y mayores precios por el cuero que, digamos, los fabricantes de bolsos de mujer. La producción de zapatos se expande mientras que la producción de bolsos se estanca o disminuye. La provisión de quienes visten zapatos mejora, la de las que portan bolsos empeora.

Así que se confirma nuestra conclusión anterior: La producción de dinero siempre afecta a la distribución de rentas reales. Los primeros usuarios del dinero ganan, los últimos pierden.

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