martes, 10 de marzo de 2015

Mejor sin inflación

Jesús Sánchez-Quiñones muestra el daño a consumidores y ahorradores que suponen las medidas del BCE para aumentar la inflación para contrarrestar una deflación que es provocada por el descenso de los precios de la energía y que lejos de ser negativa es más que positiva para la economía europea pues dota de mayor poder adquisitivo a los agentes económicos. 

Artículo de El Confidencial:

El mandato del Banco Central Europeo (BCE) es mantener el poder de compra del euro a través de la estabilidad de precios. Como medida de la estabilidad de los precios se utiliza la evolución de la inflación a través del Índice de Precios al Consumo Armonizado (IPCA).
El mandato del BCE no hace referencia ni al crecimiento económico de la Eurozona ni a la creación de empleo. Aun así, el objetivo de la estabilidad de precios es comúnmente aceptado, pero es discutible el nivel que el BCE establece como óptimo para considerar que se cumple su cometido: una tasa de inflación inferior pero cercana al 2%.

Establecer un nivel absoluto de inflación a conseguir (cercano pero inferior al 2%), sin considerar que la evolución de los distintos componentes del índice de precios puede relativizar los teóricos inconvenientes de una desviación del nivel de la inflación respecto del objetivo es cuando menos discutible.
La inflación en la Eurozona se situó en febrero en el -0,3%, principalmente por la fuerte y continuada caída de los precios del crudo en los últimos meses. Este hecho, lejos de suponer un problema para la Eurozona, equivale a una bajada de impuestos y un ahorro para los consumidores que facilita el aumento del consumo de otros productos y servicios.
El incremento de las ventas al por menor en toda Europa es un hecho. La caída de la inflación hasta niveles negativos, motivada por un descenso brusco de precios de productos importados, no debería ser considerado un problema ni debería llevar al BCE a sobreactuar en busca de un objetivo de inflación del 2% que, de lograrlo, dañaría a los consumidores y a los ahorradores europeos.
Cuando el BCE estableció su objetivo de inflación en un nivel cercano pero inferior al 2%, ni se planteaba una situación como la actual de niveles de inflación y tipos de interés negativos. De hecho, en un vídeo del propio BCE explicativo del objetivo de la entidad, menciona la bondad de controlar la inflación sin superar el umbral marcado (2%), pero no hace ninguna mención a los teóricos peligros de mantener la inflación sensiblemente por debajo de dicho nivel, como ocurre actualmente.

El fuerte incremento de las ventas minoristas, a la vez que la inflación se sitúa en negativo, desbarata el razonamiento de aquellos que temen a la deflación. Entendiendo por deflación una caída generalizada y persistente de los precios que provoca un aplazamiento de las decisiones de consumo e inversión de consumidores y empresas. No se atisban síntomas de deflación por ningún sitio.

Las actuales tasas negativas de inflación, provocadas por la caída del precio del petróleo y las materias primas, son magníficas noticias para la economía europea. La caída de los precios difícilmente se mantendrá en el tiempo. Tras un derrumbe del precio del petróleo superior al 50%, no cabe esperar un comportamiento similar en los próximos meses, más bien al contrario.

La insistencia del BCE por conseguir revertir la actual situación de inflación negativa hasta niveles cercanos al 2% es ciertamente discutible. A pesar de la mejora de las expectativas económicas de la Eurozona, una subida de la inflación difícilmente podría ir acompañada de subidas de los tipos de interés oficiales por encima de los niveles de la inflación sin ocasionar males mayores a la incipiente recuperación económica europea.
De tener éxito el BCE en su objetivo, los principales perjudicados serían:
  • Los ahorradores, que además de soportar tipos mínimos tendrían tipos de interés reales negativos, por debajo de la inflación.
  • Los consumidores, que verían incrementar el coste de su cesta de la compra sin que en absoluto esté garantizado que sus ingresos crezcan al ritmo de la inflación. Sus ingresos se reducirían en términos reales.
Mientras tanto, el BCE hunde todavía más los tipos de interés de los bonos al iniciar su programa de compra de 60.000 millones de euros mensuales, con la intención última de lograr inflación. 

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