martes, 23 de junio de 2015

Ya puede derretirse todo el Ártico, que el nivel del mar no subirá ni un centímetro.

Los casos de manipulación informativa, alarmismo infundado y sencillamente mentiras por parte de Greenpeace para crear alarmismo y miedo y conseguir beneficios políticos y privados hacia su causa son más que numerosos (de varios de ellos me he hecho eco en distintos artículos referentes al clima o a la investigación transgénica). 
En el siguiente artículo J.G. Barcala desmonta la última manipulación de Greenpeace al respecto del aumento del nivel de agua que supondría el fin del litoral (ejemplifica Benidorm o San Sebastián) si se derritiera el hielo del Ártico. 

Pues resulta que si uno tiene conocimientos mínimos de física, si se derritiera todo el hielo de los Icebergs flotantes del Ártico, el nivel del mar subiría...0 centímetros. 

Pero es que además, el hielo marino, no es que sea menor ahora, sino que viene aumentando desde el 2012 sin interrupción y está en niveles de los 90 o los 80, como se muestra en el gráfico. 

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Pero y el dinero que se puede recaudar y adeptos que se pueden ganar manipulando la información y pervirtiendo la ciencia...
Artículo de Ciencia Histórica:
Eureka puede ser el nombre una apacible ciudad en el norte de California, un programa de la Unión Europea enfocado al aumento de la productividad en las empresas o una empresa india de purificadores de agua. Más célebre, sin embargo, ¡Eureka! fue la supuesta exclamación proferida por el científico griego Arquímedes de Siracusa cuando salía corriendo del baño para anunciar al mundo que había encontrado la solución a un problema técnico. Según cuenta la leyenda, el tirano Hierón II pidió a su compatriota que determinara el peso de una corona recién comprada para comprobar que en realidad estaba hecha de oro, y no de un metal más barato. Ya que la corona era de forma irregular, Arquímedes tenía que encontrar la manera de medir su peso sin dañarla. Uno de esos días en los que buscaba la solución, se metió en la bañera y se dio cuenta de que el nivel del agua subía cuando su cuerpo entraba y ocupaba un espacio.
“¡εὕρηκα!” (¡Lo encontré!) fue la palabra que utilizó para anunciar su descubrimiento, que ha llegado hasta nuestros días con el nombre de “Principio de Arquímedes” y que reza así: «Un cuerpo175px-Submerged-and-Displacing.svgtotal o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, experimenta un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja». Esto es, que un cuerpo sumergido en agua, por ejemplo, desplaza una cantidad de agua con el mismo volumen del cuerpo que la desplaza. Si conocemos la densidad de dicho cuerpo, podemos conocer su peso. Más sencillo, si sumergimos una manzana en un cubo de agua lleno hasta el borde, se derramará una cantidad de agua de idéntico volumen al de la manzana. Conociendo la densidad (masa) de la manzana, podemos averiguar su peso.
Pero no estoy aquí para daros lecciones de física, empezando porque mi conocimiento del tema es más bien escaso y encontraréis mejores fuentes para entenderlo. La verdadera razón por la que hago mención del famoso teorema, es argumentar en contra de una afirmación muy repetida por muchos de los que dicen defender el medio ambiente, una falsedad que ayer se coló en un vídeo hecho público por Greenpeace España y que nos quiere hacer creer que si se derrite el hielo del Ártico, el nivel de los mares subirá e inundará ciudades costeras como San Sebastián o Benidorm.





Pues bien, los residentes y turistas que visitan estas bellas ciudades costeras pueden descansar tranquilos, pues ya puede derretirse todo el hielo del Océano Ártico en un día, que el nivel del mar no subirá ni un centímetro. ¿Y por qué me atrevo a hacer esta afirmación?, pues porque el Principio de Arquímedes así lo ha demostrado. A saber.
El hielo del Ártico está flotando sobre el agua, y ya desplaza un peso igual al volumen total del hielo. Si este se derritiera, el agua resultante sólo ocuparía el espacio dejado por el hielo y no ejercería una presión hacia arriba del nivel del mar. Además, y contrariamente a lo que ocurre con otros líquidos, el agua se expande al congelarse, por lo que el hielo ocupa un mayor volumen que el agua. Podéis comprobarlo vosotros mismos como lo he hecho yo decenas de veces con mis alumnos. Poned en un vaso o un cubo con agua, un puñado de cubitos de hielo, marcad el nivel del agua en ese momento y esperad a que el hielo se derrita. Comprobad nuevamente el nivel del agua y veréis que no se ha movido, nunca falla.
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Ahora bien, todo cambia cuando hablamos del hielo que se pueda derretir en la Antártica, ya que, al ser este un continente, la cubierta de hielo no está flotando y no ejerce una presión sobre el agua. Si llegase a derretirse dicha capa de hielo, el nivel del mar si subiría, pero hasta ahora no se ha demostrado fehacientemente que esto esté ocurriendo. Sí hay ciertas algunas investigaciones que parecen probarlo, pero hay otras que explican que la desaparición del hielo no es tan aguda como otros quieren hacer creer.
Ojo que no estoy hablando en absoluto del cambio climático, una realidad incontestable presente en la Tierra y que ya ha sido responsable de extinciones masivas en el pasado. Mi única intención es desvelar las exageraciones vertidas por grupos de interés que dañan el verdadero esfuerzo por cuidar el planeta. El error de Greenpeace es querer utilizar el miedo de los ciudadanos para obligarlos a actuar en dirección a los intereses de la organización propiamente dicha, aún contradiciendo a la ciencia. Cuidemos el planeta, sí, pero también cuidémonos de campañas propagandísticas desinformativas, pues lo único que hacen es desacreditar el trabajo de los científicos.

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