lunes, 28 de diciembre de 2015

Del Gordo a la bancarrota

Juan Rallo muestra la causa, muy simple por otra parte, de por qué se pasa del Gordo a la bancarrota con tan suma facilidad, y el conjunto de sencillas reglas básicas que habría que adoptan para no caer en ello.


Artículo de su blog personal:

Cada 22 de diciembre somos bombardeados con imágenes televisivas de masas de ciudadanos felices por haber ganado el Gordo de Navidad. Mucho menos común, sin embargo, es que las televisiones nos muestren la situación de esas mismas personas una década más tarde: y es que se estima que el 80% de los agraciados por la lotería han perdido todo su dinero diez años después. No se trata de un caso excepcional: la revista estadounidense Sport Illustrated  popularizó en 2009 el guarismo de que el 60% de los jugadores de la NBA se declaraba en bancarrota apenas un lustro después de concluir sus carreras y el NBER, la mayor asociación de investigación económica de EEUU, calculó que uno de cada seis jugadores de fútbol americano quiebran a los doce años de retirarse.

¿Cómo es posible que personas que han accedido a tales fortunas lo pierdan todo en tan poco tiempo? Aunque la explicación pueda parecer compleja, la causa última es simple: insuficiente cultura financiera. El analfabetismo financiero lleva a las personas que han recibido una alta suma de dinero a elevar de manera insostenible su tren de vida, rodeándose de amigos, de parejas o de asesores que tratan de parasitarlos y exprimirlos económicamente; asimismo, esa falta de cultura financiera también los conduce a acometer malas inversiones en las que entierran todo su capital, ya sea en forma de ilusionantes negocios propios sin ningún tipo de rentabilidad real o de proyectos ajenos en apariencia muy prometedores pero en realidad muy disparados. A todos —incluidos a nuestros políticos— nos convendría aprender de estas malas experiencias personales y extraer un sencillo conjunto de reglas financieras básicas: no confundir ingresos extraordinarios con ingresos recurrentes; adaptar nuestro nivel de gasto al de nuestros ingresos recurrentes sin agotarlos por entero para conservar un margen de ahorro; ser capaces de transformar nuestros ingresos extraordinarios y nuestro ahorro recurrente en inversiones que nos proporcionen regularmente rentas del capital; no concentrar esas inversiones en única clase de activo patrimonial para así diversificar los tipos de riesgos a los que nos exponemos; tratar de aprender tanto como podamos sobre las diferentes inversiones que estamos realizando; y no caer en las interesadas redes de muchos vendedores de humo (asesores financieros) que tan sólo intentan colocarnos su mercancía averiada.

Tan o más importante que generar el capital es aprender a conservarlo y multiplicarlo… tanto a escala individual como social.

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