viernes, 18 de diciembre de 2015

No se puede

María Jamarado sobre el totalitarismo disfrazo que "parece amable" que pretenden vender cierto partido y la relación con hechos como la reciente agresión a Rajoy. 

Artículo de La Gaceta: 
Lleva tiempo cocinándose a fuego lento un totalitarismo disfrazado de algodón de azúcar que parece amable en el primer bocado, pero es amargo y resulta nauseabundo. Fraguándose un odio encubierto que se maquilla en redes sociales apostando por el comodín de las cuentas “fake”. Irradiándose desde el núcleo duro de una supuesta máquina de amor, las dosis de miedo necesario para no encontrar resistencia en el asalto al cielo e instalarse en el poder a cualquier precio. La memoria, especialmente la colectiva, tiende a ser corta y condescendiente, pero la hemeroteca es implacable.
No se puede buscar excusa, ni pretexto, ni contexto que justifique la vergonzosa agresión al Presidente del Gobierno. No se pueden admitir recovecos, ni matices, ni interpretaciones que suavicen un gesto tan obsceno. No se puede sorprender nadie, porque llevamos meses advirtiendo que banalizar la violencia, disculpar el humor negro, jugar al límite de la legalidad y flirtear con su incumplimiento, sólo puede desembocar en esto.
No se puede olvidar que los mismos que ahora dicen rechazar el gesto, porque hay elecciones en ciernes, han sido quienes animaron a usar la fuerza del pueblo- en forma de escraches- frente a la violencia del Gobierno.
No se puede usar la palabra democracia para apropiársela en exclusiva. Ni decir que en democracia no hay lugar para la violencia, pero coquetear de manera permanente con ella. Pedir perdón por no partirle la cara a todos los fachas y proponer aplicar la justicia proletaria a unos cuantos y que no haya consecuencias.
No se puede asaltar capillas un día y negar la mayor al siguiente desde una concejalía. No se puede acumular tanto odio desde tan joven ni enorgullecerse de ello.  
No se puede mendigar votos con promesas cubiertas de ponzoña, jugar a desestabilizar, amenazar con que el miedo cambie de bando y esperar que no pase nada.
No se puede enarbolar la defensa de la libertad de expresión, mientras se impide a los demás expresarse libremente. Financiar webs pagadas con cargo al dinero de todos para señalar a las voces críticas y dar versiones manipuladas sobre la verdad, que sólo es una, porque no se soporten otras ideas diferentes de las propias.
No se puede decir que hay bombas que matan y otras que auxilian, porque además de una gran mentira, es una enorme deslealtad y una falta de respeto para quienes a diario se juegan la vida por garantizar la seguridad en la que arraiga nuestra libertad.
No se puede rebuscar en la basura para minimizar el contenido político del esperpento, aportando datos anecdóticos para ocultar lo verdaderamente trascendente. Ni alegrarse de las desgracias ajenas.Ni tener la desvergüenza de celebrar al día siguiente un acto electoral en la cárcel para apoyar a terroristas condenados, ni firmar manifiestos de apoyo calificándolos de presos políticos y rogar el voto.
No se puede querer desvincularse del tema porque todos sabemos qué hubiera pasado si la agresión la hubiese sufrido uno de los vuestros. No habría matices, ni tapujos. Habría concentraciones y sedes tomadas, por lo menos.
No se puede hablar del pueblo sin serlo. Utilizar la desesperación de la gente para arengar la crispación desde el engaño y la mentira. Usar un perfil bajo llegado el momento para envolver en celofán violencia enlatada. Violencia gratuita. Violencia ejercida para provocar reacciones electoralistas.
Pero sobre todo y por encima de todo, no se puede mirar hacia otro lado. Fingir que no pasa nada. No por más tiempo. Hay que combatir con las armas de que disponemos, la opinión libre y la legalidad vigente. La violencia no es sólo física o verbal, es también moral y compromete no sólo a quien la promueve y la ejerce, sino a quienes callan frente a ella. La violencia también es la omisión del deber que nos obliga a denunciar. La violencia es ser condescendientes con la injusticia.
 No se puede obviar el problema. No es el hecho en sí de que un individuo tenga la cobardía de agredir a alguien en público y enorgullecerse por ello. No es que ese alguien sea el Presidente del Gobierno. Ni siquiera, que otros individuos lo celebren, minimicen lo sucedido o quieran ignorar intencionadamente los motivos políticos del esperpento. El problema, el tremendo, el preocupante y el profundo es que todos ellos votan y lo harán el próximo domingo. Recuerden.

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