jueves, 22 de diciembre de 2016

¿Deberes? Dejen elegir

Juan Rallo analiza la cuestión de los deberes y el planteamiento reduccionista de la polémica, mostrando cuál es la mejor alternativa para ambas demandas, que por supuesto, los políticos no quieren ni escuchar. 
Artículo de su página personal: 
¿Deberes? Dejen elegir
La Comisión de Educación del Congreso aprobó el pasado miércoles una proposición no de Ley para instar al Gobierno a regular los deberes de los alumnos de Primaria. El texto plantea la necesidad de “reconocer el derecho a disponer de forma efectiva del tiempo libre a los niños”, entendiendo por tal el tiempo posterior a las clases. La propuesta suele analizarse desde dos prismas contrapuestos: quienes defienden la regulación argumentan que los menores de edad no sólo aprenden y maduran estudiando sino también jugando e interactuando con su entorno; quienes, en cambio, rechazan la regulación suelen hacerlo afirmando que reducir la carga de deberes erosiona la cultura del esfuerzo y la preparación de los futuros trabajadores españoles. Por desgracia, la polémica está planteada en términos deliberadamente reduccionistas: ¿debemos imponerles a todos los niños y a todos los centros de enseñanza un mismo formato óptimo de deberes? La pregunta presupone que todos los menores poseen las mismas inquietudes, similar carácter, parecidas capacidades y análogo proceso de aprendizaje: de modo que a todos debe dárseles una misma solución. Pero si abandonamos tan restrictiva hipótesis y aceptamos la pluralidad natural de los menores, acaso nos demos cuenta de que carece de sentido pretender que todos ellos se sometan a una regulación homogénea en materia de deberes: los habrá que saldrán beneficiados con una abundante carga de estudio, mientras que otros se verán perjudicados casi con cualquier tarea que se les imponga.
Tomemos las palabras de uno de los más destacados críticos de la imposición de deberes en Primaria, Alfie Kohn, en su libro El mito de los deberes: “Los profesores deberían rechazar la idea de que existe un tipo de deberes óptimo para 20 o 30 niños que son muy diferentes entre sí. Si hay que elegir entre asignarle la misma tarea a todo el mundo o no mandar deberes a nadie, esta última opción es preferible. Pero lo cierto es que la mejor alternativa es la de asignar distintos tipos de deberes a los diferentes estudiantes, ajustándose a sus intereses y habilidades particulares”. Lejos de imponer una misma política para todos los niños de España, ¿qué tal si permitimos la coexistencia de diversas alternativas educacionales? Autonomía de las escuelas para diseñar sus currículums y métodos de enseñanza, y autonomía de los padres para poder escoger la escuela que mejor se ajuste a las características de sus hijos. Libertad educativa: algo que todos los partidos aborrecen.

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