miércoles, 21 de diciembre de 2016

Hasta el gorro de la imposición del vasco, el catalán, el gallego, el valenciano

José García Palacios sobre la imposición del idioma en diversas regiones españolas. 


Artículo de El rincón de la libertad: 



La extraordinaria serie de El Liberal de Bilbao vuelve a poner el dedo en la llaga de un problema enorme al que se cierran los ojos, que se están violando sistemáticamente los derechos de una inmensidad de niños (y con ellos de sus familias) a recibir la educación en el idioma que elijan sus padres en comunidades autonómas bilingües en favor de lo que yo llamo una horrenda ingenieria social, que lo que pretende es nada más y nada menos que "la construcción social de la Nación Vasca" -está en los documentos vascos que nos muestra El Liberal de Bilbao en su cuarta entrega)- (y ahí se podría poner pefectamente "Nación Catalana", "Nación Gallega", "Nación Valenciana"), y todo lo demás (me atrevo a asegurar que absolutamente todo) está en función de ello y sujeto a esa meta.

En el primer capítulo de la serie un comentarista dijo "atacar el euskera que fácil" a lo que no pude evitar reponderle con algo que debería ser bastante obvio (pero que evidentemente, a la vista de los hechos, no lo es), que "los idiomas no tienen derechos, son las personas quienes los tienen."

Y vuelvo a repetir aquí lo que he dicho vez tras vez. Las élites políticas nacionalistas están sometiendo a los ciudadanos rasos a algo que ni de lejos hacen con sus hijos. Quieren que esos hijos del pueblo llano sepan correctamente un solo idioma, el de la comunidad en cuestión, a expensas de un pobre dominio del español. Pero sus hijos, que van a colegios privados carísimos, acacaban sus doce años de escolarización obligatoria con un perfecto dominio del idioma local, sí, pero también, como poco, con un perfecto dominio del español y con un perfecto dominio del inglés (la redundancia es adrede). Por supuesto que sus hijos no van a formar parte de ese experimento de ingenieria social, al cual quieren obligatoriamente someter a los demás, concretamente a los que menos recursos tienen y están obligados a recurrir a la enseñanza pública.

De verdad, estoy hasta el gorro de la imposición de un idioma que hablan unos cuantos (pocos, muy pocos) millones de personas en detrimento de otro que lo hablan más de cuatrocientos millones. Pero desde luego lo que no entiendo es como la gente de a pie sigue votando a unos politicuchos que juegan así con el futuro de sus hijos. Y es que cada pueblo tiene el gobierno que se merece (sobre todo en democracia). Pero lo sigo lamentando por las minorías que no votan a esos sinvergüenzas, que son verdaderamente las auténticas víctimas de todo ese despreciaba proceso de, repito, ingenieria social.

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