sábado, 17 de diciembre de 2016

La culpa es de Franco y otros mitos educativos

Santiago Navajas analiza la situación educativa actual, las reacciones conspirativas típicas de todo perdedor ante los malos resultados educativos para evitar su responsabilidad política, exponiendo a su vez un decálogo sobre como cambiar y mejorar el sistema educativo en España para aprender de los países que ahora lo hacen mejor.
Artículo de Voz Pópuli: 
España se sitúa en la línea de los países más valorados en Educación, según PISA.España se sitúa en la línea de los países más valorados en Educación, según PISA. Europa Press
Reacciones varias en España (sobre todo en Andalucía) ante el Informe PISA: la culpa es de Franco; es una conspiración (singapurense-estonia-wertiana); hay que gastar más; los neoliberales; PISA es un fiasco (es imposible “medir” la educación)... Suele pasar que cuando alguien fracasa se le eche la culpa a la “herencia recibida”, y Franco es la “herencia” perfecta, o que se mate al mensajero, en este caso la metodología empleada para hacer el informe PISA. Por supuesto, siempre habrá quien quiera aprovechar la oportunidad para conseguir una buena renta o trabajar menos, de ahí las reclamaciones para gastar más en Educación (que no siempre es una inversión) o de satanizar al “neoliberalismo” como sinónimo de medidas de austeridad económica y de eficiencia en el gasto.

En realidad, a pesar del alarmismo mediático, no salimos mal parados: ¡vigésimo novenos del mundo! Como en todas las demás estadísticas mundiales estamos en el límite entre los mejores (como en el “Índice de Democracia”, 17º) y los regulares (como en el “Índice de Corrupción”, 36º). Teniendo en cuenta que venimos de mucho más atrás que los países de nuestro entorno. Por ejemplo, en 1950 España tenía una población con 3,83 años de estudios de media. En 2010 era ya de 10,27. Por hacernos una idea, Italia tenía una tasa de 4,21 que pasó a 9,63 y Francia, de 4,33 a 10,68. El mundo ha progresado adecuadamente en el último medio de siglo. Y España por encima de la media. Con la dictadura y con la democracia. En cuanto a la calidad, hay comunidades como Castilla y León con un nivel muy alto mientras que Andalucía sigue abonada a los puestos de cola de todas las estadísticas (Franco y los “neoliberales” han gobernado igualmente para ambas regiones).
Un objetivo para el Informe PISA de dentro de seis años, porque al próximo no llegamos ni de casualidad, sería entrar en el Top 20 (para alcanzar el Top 10 en el 2030). Un decálogo basado en aprender de los países que ahora lo hacen mejor consiste en:
  1. Más y mejores evaluaciones. Los alumnos deben someterse a periódicas pruebas para comprobar que la enseñanza se está produciendo y los resultados son homogéneos. También los docentes deben someterse a encuestas de “satisfacción docente” por parte de sus estudiantes, además de analizarse su desempeño a través de las pruebas que hagan sus alumnos. Para que no haya “trauma educativo”, ni “depresiones docentes”, cabría hacerlo en modo de prueba para que fuese sólo consultivo y privado, haciéndose públicos solo los resultados globales. Y no llamarlas “reválidas” sino algo mucho más suave y políticamente correcto, como “truco o trato”.
  2. Los padres deben comprometerse con la educación, el conocimiento y la cultura. Para ello deben apoyar una serie de valores educativos como el esfuerzo, la superación y la valía del conocimiento por el conocimiento.
  3. Que el conocimiento sea un valor en sí mismo no es óbice, todo lo contrario, para que la educación tenga un enfoque orientado al mercado de trabajo y el avance científico-tecnológico de la sociedad. Tiene que haber una preocupación constante para alinear las oportunidades de aprendizaje en el largo plazo con las necesidades del mercado de trabajo, sobre todo a través de las tecnologías digitales.
  4. Por otro lado, hay que tener en cuenta los valores de la democracia liberal en la que vivimos. Del mismo modo que el “patriotismo constitucional” es la más alta expresión del compromiso con los valores de la nación cívica, la “educación constitucional” lo es con los valores de la civilización ilustrada. Una “educación para la ciudadanía” que no caiga ni en el adoctrinamiento “conservador” o “progresista”, ya que ha de plantearse desde el núcleo mismo de dicha civilización ilustrada: el debate sin dogmas de consenso ni castigos para el disidente.
  5. El gasto educativo per se no implica mejor rendimiento educativo. Véase el caso de Estonia, que ha pasado del 16% al 12% del PIB y, sin embargo, ha aumentado extraordinariamente su rendimiento en PISA. Hay un cierto nivel de gasto a partir del cual no repercute en una mejora educativa de los alumnos. Y España, que tiene un nivel semejante de gasto por alumno a la media de la OCDE, rebasa dicho parámetro. La clave no está en gastar más sino en invertir mejor. Para lo que se necesita priorizar aquellas medidas pedagógicas que resultan más efectivas en relación al coste que implican.
  6. Hay que priorizar la inversión en los alumnos de familias más desfavorecidas económicamente. Por ello, hay que implantar planes de mejora en los centros públicos para que tengan más y mejores oportunidades. Los institutos deben abrir por las tardes para que tengan espacios adecuados donde hacer los deberes y cuenten con algún tipo de asesoría pedagógica para realizarlos. De ello se podrían ocupar los alumnos de los Máster de Docencia para que tuviesen un primer contacto con la práctica educativa más allá de la mera teoría.
  7. Del mismo modo, otro sector de alumnos donde hay que establecer un objetivo estratégico son los alumnos de gran capacidad y rendimiento. Para ellos hay que ofertar cursos suplementarios para que lleven su potencial al máximo. Por ello hay que contar con profesores que estén dispuestos a echar más horas en clases suplementarias de apoyo en disciplinas como matemáticas, ciencias, lengua o filosofía pero favoreciendo un enfoque eminentemente creativo, que es el que se hace en las Olimpiadas de cada disciplina, orientadas a los mejores y más brillantes.
  8. Hay que cambiar rutinas pedagógicas como la de la repetición (un índice que sirve como predictor de “fracaso escolar”) y de exámenes que primen la memorización mecánica sobre la creativa. Hay que formar al profesorado en una aproximación a sus respectivas materias favoreciendo la resolución de problemas, el pensamiento crítico y las habilidades para tomar decisiones, además, obviamente, de conocimientos enciclopédicos. Lo enciclopédico sin lo creativo está ciego, del mismo modo que lo creativo está vacío sin lo enciclopédico.
  9. Se debe ampliar la autonomía de las escuelas e institutos, centrada en la figura del director (que debería convertirse en un profesional de la misma y no, como ahora, en un mero “primus inter pares” del resto del claustro), para definir los objetivos y el ideario pedagógico del centro, lo que implica la capacidad de, mediante criterios de productividad, poder manejar incentivos materiales para reorientar la labor del profesorado.
  10. Pero nada de todo lo anterior será posible si no se cesa por parte de los grupos de interés político de poner la educación al servicio de sus intereses espurios. Por ello es necesario que se cese en la ideologización de la enseñanza para poner en primer lugar los intereses educativos de los alumnos, para lo cual hace falta un amor y un respeto por el conocimiento en sí mismo, así como un reconocimiento hacia sus intérpretes vocacionales y profesionales, los auténticos profesores.
¿Será posible poner en práctica estas medidas en un país como España donde hay padres que animan a sus hijos a hacer huelgas “anti deberes”, alumnos que se apuntan a cualquier manifestación y protesta para poder faltar a clase y docentes que se niegan a ser evaluados mientras se creen muy buenos simplemente por suspender mucho y arbitrariamente en lugar de por aprobar mucho porque sus alumnos aprenden adecuadamente? Otra educación es posible y está a la vuelta de la esquina (asiática, donde se sitúan los países a la vanguardia educativa). Simplemente hay que atreverse a dar el primer paso (en dirección al este, concretamente hacia Singapur).

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