sábado, 17 de diciembre de 2016

La última teoría de la conspiración de los chicos del clima

Plazaeme analiza la nueva paranoia de los alarmistas del clima, haciéndose eco del siempre interesante artículo de Judith Curry. 
Artículo de PlazaMoyua:
Esa alucinación colectiva que llaman Calentamiento Global Acojonante, vive, sobre todo, de teorías de la conspiración. Por ejemplo, la idea conspirativa y babeante de que la crítica a la alarma climática la paga Exxon. Pero con la llegada de Trump hay una vuelta de tuerca a las conspiranoias. Dicen que el nuevo gobierno … ¡va a borrar los datos históricos (por ejemplo de temperatura) de las agencias estatales!
Y te lo dice una gente que se negaba a mostrar sus datos a los críticos, alegando que pedían los datos para criticar el trabajo. O sea, una tropa que pensaba que los datos eran sólo para los amigos. Consta en los emails del Climategate. También constan ejemplos en los que no archivaban los datos de los trabajos publicados en la literatura científica, y cuando se los pedían … ¡los perdían! Por ejemplo Michael Mann en su “palo de hockey”. Por no hablar de la concurrencia de varios climatólogos del IPCC con el fin de borrar sus comunicaciones por email, que estaban sujetas a leyes de libertad de información (FOIA act). O cuando esas mismas agencias no proporcionaban los datos a los críticos porque, decían, estaban sujetos a acuerdos de confidencialidad con terceras partes.
Acojonante. Una de las luchas principales de los que llaman “negacionistas” ha sido exigir a las revistas científicas que controlen que los trabajos publicados hacen realmente disponibles los datos.
Y esta misma gente de la alarma del clima, que se ha pasado décadas persiguiendo a los críticos para que no pudieran publicar, ya sea en la literatura científica o en la prensa general, ahora denuncian también una caza de brujas. Antes de que el nuevo gobierno tome posesión. Por preguntar qué funcionarios han elaborado determinado informe, y cuáles han tenido el chollo de participar en esas reuniones internacionales que siempre son en Bali o sitios similares. Como si los informes del gobierno ahora fueran anónimos, o como si el ministerio no pudiera saber a qué ha dedicado su tiempo cada funcionario.
Judith Curry tiene una entrada muy sensata sobre esta nueva teoría de la conspiración. (Curry y sensatez son términos sinónimos e intercambiables).
Pone muchos ejemplos de prensa, pero lo mejor es su comentario final.
Mensaje de JC a los científicos / activistas alarmados:
Vete acostumbrándote, tu lado ha perdido. Cambios en las administraciones del gobierno ocurren cada cuatro u ocho años, a menudo con un cambio de partido.
Espabila y apuntala tus argumentos científicos; yo sospecho que el argumento del consenso no va a influir en muchas cabezas en la nueva administración Trump.
El activismo descarado y el apoyo a políticas del clima por parte de científicos del clima no van a ayudar a vuestra “causa”; dejad el activismo a los grupos medioambientales.
Comportaros como científicos, y no fabriquéis teorías de la conspiración basadas en vagas señales contradictorias de la administración Trump. Dejad de hacer el ridículo; esperad a la evidencia.
Sed felxibles; si las prioridades de la investigación cambian, y queréis fondos federales, trabajad en problemas diferentes. Los días en que era necesario vender toda la investigación en términos de Calentamiento Global Antropogénico probablemente han pasado.
Abrid vuestras mentes a diferentes perspectivas e interpretaciones de la evidencia científica.
Si estáis apoyando unas políticas, haced un serio trabajo sobre el proceso político, la economía, y las consecuencias no intencionadas o accidentales de la tecnología y la política.
Entended que la política climática no es la única, ni siquiera la principal, motivación de la política energética.
Judy siempre ha tenido un punto de sutil ironía dentro de su estilo de máxima sensatez y seriedad. Porque tiene guasa decirles a los cafres que dejen de ser cafres, sin llamarles cafres, pero sin que nadie pueda dudar que está describiendo cafres. Y donde digo “cafres”, pon “anti-ciencia” y queda lo mismo. Me encanta.

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