jueves, 10 de diciembre de 2015

El islamonazismo alimenta la ultraderecha

Artículo de Manuel Molares do Val sobre cómo el islamofascismo y la complicidad de la política tradicional (socialistas o conservadores), sin olvidar el papel de la extrema izquierda en esta cuestión están alimentando (y no es una cuestión actual, sino de muchos años) a la ultraderecha en Europa, como se ha visto con el caso del Frente Nacional en Francia. 


El inicio de la caída del chavismo en Venezuela ha reducido la importancia de otra noticia fundamental: la primera vuelta de las elecciones regionales de este fin de semana han convertido al ultraderechista Frente Nacional (FN) en el primer partido de Francia.
Marine Le Pen, de 47 años, se ha vuelto peligrosa para las ideologías tradicionales, la socialista ahora gobernante de François Hollande, y la conservadora unificada en el nuevo partido de Nicolas Sarkozy, Los Republicanos.
Aunque en la segunda vuelta electoral, el próximo fin de semana, Hollande y Sarkozy posiblemente unirán fuerzas para detenerla, lo que puede suponer un mayor debilitamiento socialista.
Antieuropeísta y ultranacionalista, el FN nunca habían alcanzado un poder determinante como al que ha llegado ahora Marine.
La hija de Jean-Merie Le Pen, fundador del FN en 1972, y al que desbancó como presidente en 2011, atenuó el antijudaísmo de su padre, cercano al nazismo, y centró su hostilidad en el expansionismo del islam, cultural, y como origen de la yihad.
El FN coincide con una parte notable de la población francesa en que la presión del islamonazismo y la sharía están sustituyendo el republicanismo laico en numerosos lugares, e intimida a los musulmanes que desean integrarse en la sociedad común.
Además, la yihad ya ha demostrado su capacidad asesina en atentados como los de París, en enero con 17 muertos, y con 130 el 13 de noviembre.
Hay algo más que alimenta al FN: la falta de voluntad de centristas e izquierdistas para oponerse a los avances del islamismo político-social, del islamofascismo, cada día menos oculto entre los siete millones de musulmanes que viven en Francia.
Por unos votos islámicos y en nombre del multiculturalismo, aunque también por miedo, numerosos políticos y responsables sociales se pliegan a las exigencias de los islamonazis.
Muchos franceses, incluyendo laicos y ateos, dicen perder su identidad cuando se cancelan fiestas tradicionales para “no molestar” a los musulmanes, no se sirven alimentos prohibidos por su religión en comedores escolares, y se tolera que haya zonas donde la sharía sustituye la legislación republicana.
Un caldo de cultivo que enriquece al FN, antes un partido marginal, hoy el primero de Francia, y cuyo pensamiento se extiende por Europa.

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