miércoles, 28 de noviembre de 2018

Las mujeres también matamos

Cuca Casado analiza la violencia de la mujer, una realidad innegable que es ocultada y negada por el discurso de la ideología de genero imperante, cuyo objetivo es la lucha de sexos, del cual obtener tajada (en múltiples sentidos), y que necesita para ello, crear un colectivo opresor, demonificado y un colectivo oprimido, sin malicia alguna, victimizado. 
Artículo de Disidentia: 
Tuve la oportunidad el pasado mes de marzo de asistir a la I Jornada sobre Homicidas Múltiples Secuenciales, en la Escuela Nacional de Policía en Ávila, España.  Una jornada organizada por Paz Velasco de la Fuente (abogada-criminóloga), Antonio Salas (magistrado de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo) y José Luis Martín Ovejero (abogado experto en comportamiento no verbal). Con un discurso crítico y apoyado en múltiples evidencias, los 3 ponentes profundizaron en la personalidad de los homicidas y en cuestiones tales como si los psicópatas son enfermos o delincuentes, qué tipo de depredadores son o su comportamiento no verbal, entre otros temas.
Mi sorpresa llegó en los días posteriores cuando comprobé que tan sólo un medio de comunicación se hacía eco de la ponencia de Paz Velasco, que había abordado entre otros temas el de las mujeres homicidas. El resto de los medios hablaba de los otros dos ponentes pero a ella apenas la mencionaban. ¿Por qué?

Una realidad innegable

Pues parece que es políticamente incorrecto hablar de la mujer como ser violento. Molesta hasta el punto que, para ocultar esta realidad, casi todos los medios silencian a una mujer como Paz Velasco, experta en la materia. Todo muy coherente.
La opinión pública siempre ha hecho caso omiso a la violencia femenina, quizá porque crea que no es un problema social tan evidente y cruento como la violencia masculina. Pero, al mismo tiempo, se genera un fuerte impacto social cuando los medios de comunicación “informan” de un suceso violento cometido presuntamente por una mujer. Provoca mayor consternación no porque sea menos común sino porque choca con el estereotipo de la mujer como ser débil y tierno, además de eterna víctima.
Cuando escribí sobre la violencia íntima de la pareja comenté que tanto hombres como mujeres son víctimas y perpetradores, que la violencia es bidireccional. La violencia intrafamiliar es diferente a las violencias que se cometen en otros contextos, pues aquí existen relaciones emocionales. Y pese a quien pese, la mujer puede ser igual de violenta que el hombre, igual de cruel y capaz de cometer los mismos crímenes.

Las mujeres también pueden ser asesinas

Los crímenes femeninos guardan similitudes con los masculinos y, además, presentan elementos como el rencor, la astucia o el engaño. Lo peculiar de las mujeres violentas, asesinas, es que tienden a ser más cuidadosas, precisas y metódicas que los hombres. Cabe preguntarse qué lleva a una mujer a matar.
Las motivaciones van desde el lucro, el placer y la lealtad, pasando por la búsqueda de sensaciones (poder y control) hasta motivaciones visionarias (alucinaciones y delirios). Así, en España, nos encontramos con mujeres que inducen a terceros a matar, como los casos de Alicia Pagan y Neus Soldevila. Alicia encargó a dos sicarios el asesinato de su marido mientras que Neus indujo a su hija de 14 años a matar a su padre de un tiro en la nuca mientras dormía.
También aparecen las conocidas como “viudas negras, mujeres como Francisca Ballesteros, que envenenó a su esposo e hijas o Amparo Calleja, que envenenó con arsénico a su marido. Por supuesto, no me olvido de los “ángeles de la muerte”, esas enfermeras, auxiliares y cuidadoras que acaban con la vida de los que, se supone, debían cuidar: niños y ancianos. Ni de esas madres que no amaban a sus hijos: las filicidas.

¿Por qué una madre puede matar a su hijo?

Para la sociedad es incomprensible que una madre atente contra la vida de sus hijos. Como explica Estela Welldon en Madre, virgen, puta: un estudio de la perversión femeninala maternidad puede ser un vehículo para que algunas mujeres ejerzan la violencia. Encuentran en el hijo la única fuente disponible tanto de nutrición emocional como de venganza y de otras motivaciones dañinas para sí mismas y para sus hijos.
La maternidad brinda a la mujer un control completo de la situación. Por ello, el filicidio es casi exclusivamente cometido por la mujer, y es tanto más probable cuanto más pequeños sean los hijos. Eso sí, cuanto mayores son los hijos, más probable es que sea el padre quien lo comete. Pero es misión imposible encontrar una lista fiable de los casos en España. Hasta el propio Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad afirma no tener esos datos porque sólo registran casos de menores asesinados por sus padres varones.
Como ya apunté, estamos literalmente en pañales en cuanto a datos se refiere: aun cuando los diferentes estudios concluyen que la mayoría de agresores son mujeres, en España no existen registros ni informes pormenorizados sobre esta lacra. Por ello no hay concentraciones de repulsa, ni los medios de comunicación se hacen eco. Y, por supuesto, el movimiento feminista nunca arremete con violencia contra esas mujeres, tal y como hacen contra cualquier hombre.
Tanto en madres como en padres coinciden elementos de tensión vitales, problemas sociales e incluso historia de abusos y/o maltrato en sus infancias. Pero hay diferentes motivos que pueden conducir a asesinar a un hijo. Entre las motivaciones de un padre se encuentra la desesperación, por ejemplo un proceso de separación en el que se ve despojado de todo, incluso de la custodia de su hijo. Más aun cuando además recibe amenazas de ser denunciado por violencia de género. También hay hombres impulsivos y antisociales que sin motivo aparente actúan así.
Entre las motivaciones de una madre se encuentra a veces el altruismo, bien porque quiere suicidarse y considera que no puede abandonar a sus hijos, bien porque cree que sufren y que debe acabar con sus vidas. También se dan asesinatos donde no existe motivo aparente, como es el caso de las psicóticas, casos accidentales, donde el objetivo no era la muerte sino perpetuar un maltrato o negligencia y casos movidos por la venganza: para hacer sufrir al otro progenitor. Paz Velasco en su obra “Criminal-menteañade una categoría más: “aquellas madres que, debido a la dependencia emocional que tienen hacia su nueva pareja, deciden acabar con sus hijos porque les estorban. En este supuesto, una de las filicidas más infames es Susan Smith.
Es evidente que matar a un hijo es una de las expresiones más cruentas de la violencia femenina. Pero también hay otras mujeres que, estando plenamente integradas en la sociedad y, sin cometer crímenes horrendos, son dañinas y perjudiciales para otros. Me refiero a esas mujeres que, pasando desapercibidas, son capaces de maltratar psíquica y emocionalmente. Son encantadoras de serpientes que, a simple vista, cumplen con el estereotipo de sensibles y tiernas pero son en realidad manipuladoras, especialmente dañinas en las relaciones de pareja y en el ámbito laboral. Rechazar la existencia de unas y de otras, negar que la mujer es violenta no ayuda a las mujeres ni a sus víctimas.

Cerrar los ojos ante la realidad no es solución

La multicausalidad de la violencia femenina hace necesario conocer los factores psicobiológicos y culturales-ambientales para poder comprender las motivaciones que conducen a las mujeres a ser violentas, incluso a llegar a matar.
Es vital entender que los poderes están distribuidos de forma diferente y no por ello desigual entre mujeres y hombres. Mientras que ellas tienen principalmente el poder en el ámbito doméstico, los hombres lo tienen en la esfera pública. Así, los abusos perpetrados por unas y por otros tienden a darse y esconderse en sus esferas de dominio. Pero invertir los roles no sería la solución, pues conduciría posiblemente a una inversión de los recursos para ser violentos.
La realidad es que el resultado de esta división afecta a los individuos y a la sociedad en general. Una vez más vemos que la violencia está muy mezclada con las políticas del poder. Y me pregunto ¿qué conciencia social tenemos cuando, conociendo este problema, no hacemos nada? Si el feminismo, los medios de comunicación y los políticos obtuviesen primas por hablar de la mujer como ser violento, ¿mencionarían entonces este problema?

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