jueves, 19 de noviembre de 2015

El ISIS puede ser algún día nuestro aliado

Ferghane Azihari analiza la declaración de otros estados de que ISIS no es un estado, el porqué de dicha negación, la posibilidad de que lo sea algún día (así como los interesantes factores que permiten este hecho) y sea un aliado (como ya ha ocurrido con tantos ejemplos en el pasado). 

Articulo de Mises Hispano:
ISIS May Be Our Ally Some Day
“El ISIS indudablemente no es un estado”, dijo Obama en unas declaraciones recientes. Es la línea oficial de los gobiernos occidentales para describir al ISIS. La etiqueta terrorista se usa a menudo para describir organizaciones peligrosas y agresivas. Sin embargo, estas características no se usan para describir organizaciones que no amenazan intereses estratégicos de estados que dominan la comunidad internacional.
Si sirven a los intereses de estados establecidos, esos estados existentes pueden ser muy indulgentes con estas organizaciones. Por ejemplo, el estado turco advirtió recientemente que el ISIS era una amenaza para el programa político kurdo que amenazaba al estado turco. Así que Turquía se mantuvo bastante pasiva frente al ISIS y solo empezó a posicionarse contra él después de verse presionada por EEUU.
Pero sigue sin ser posible negar la naturaleza similar a la de un estado del ISIS sin ignorar la realidad. El criterio principal disponible a considerar es si una organización puede o no reclamar un monopolio de la violencia legal dentro de un territorio. Si puede, es un estado.

Legitimidad mediante ideología

Sin embargo los líderes de los estados modernos han entendido que este monopolio no basta por sí mismo para mantener su poder. Por eso usan ideologías para esconder la naturaleza violenta de su autoridad y hacer que la población acepte mejor los métodos coactivos del estado.
En Occidente, desde el siglo XIX, el nacionalismo ha cubierto en buena parte el papel de creación del consentimiento de la dominación pública, dibujando arbitrariamente los contornos de una comunidad histórica y cultural fantasiosa. Después de esto, llegó la ideología del estado del bienestar, que busca desarrollar un sistema complejo de retribución fiscal que crea un fuerte sentimiento de dependencia económica de la clase política. Y luego llegó la ideología de la democracia, que permite al estado identificarse con la sociedad en general promoviendo la ilusión de que la ciudadanía mantiene el control sobre la burocracia del estado.
A través de estos medios, los estados en Occidente han sido capaces de “legitimar” sus monopolios sobre la coacción. Sin embargo, el problema que se encuentra con el ISIS es que es un protoestado en construcción y a su salvajismo le falta la pátina de refinamiento ideológico. Por eso los políticos se ven obligados a intervenir en los medios para reiterar que el ISIS, en su opinión, no es un estado. Para los estados establecidos, lograr la estatalidad les confiere una especie de título de nobleza en la escena internacional. Por eso muchos movimientos políticos tratan de conseguir reconocimiento internacional de su estado. El estatus de “estado” implica “sociedad civilizada” y aceptar a organizaciones como el ISIS en el club sería problemático.

Creando un estado con hierro y sangre

Y aun así, no hay nada honorable en la formación y mantenimiento de los estados. Los estados son esencialmente instituciones belicosas y explotadoras. Ninguno de ellos puede afirmar ser el fruto de un proceso pacífico o contractual. Esto es realmente lo que nos recuerdan dos artículos recientes publicados en la revista Foreign Policy.
Rosa Brooks, profesora de derecho en la Universidad de Georgetown señala que la perpetración de crímenes masivos por regímenes políticos no ha sido nunca una barrera para conseguir talla internacional. Según Brooks, no es imposible que el ISIS se convierta, a medio o largo plazo, en un aliado de Estados Unidos. Después de todo, el Estado Francés, el más antigua aliado de EEUU, indudablemente no está libre de culpa en crímenes de guerra de su propia historia.
Además, las autoridades turcas mataron a más de un millón de armenios entre 1915 y 1918, durante lo que todos excepto el gobierno turco califican como genocidio. Turquía sigue siendo un miembro estratégico de la OTAN. Más recientemente, las potencias coloniales europeas han perpetrado multitud de campañas brutales contra naciones ocupadas. Sin embargo nunca se ha hablado de disolver estas organizaciones, sino de cambiar sus líderes, que hoy son aliados de EEUU. Y, por supuesto, está el principal aliado de EEUU en el mundo árabe, Arabia Saudita, que es una brutal dictadura islamista con un historial criminal similar al del ISIS. Podrían hacerse comentarios críticos similares acerca de Estados Unidos y muchos indios americanos, españoles, franceses y americanos mexicanos podrían confirmar que Estados Unidos no se construyó pacíficamente.
Aunque los gobiernos occidentales pretendan luchar contra el ISIS en nombre de los derechos humanos, recordemos sencillamente que no existe la filantropía en la política y las relaciones internacionales. Los gobiernos democráticos nunca dudan en aliarse con dictadores, mientras estén conformes con sus intereses geoestratégicos. La “libertad” es solo una cortina de humo ideológica para esconder otros motivos.
Las declaraciones oficiales hablan actualmente acerca de la necesidad absoluta de derrotar una organización que derivó del imperialismo de los gobiernos occidentales y que resulta coincidir con el deseo de Arabia Saudita de extender del wahabismo en todo el mundo musulmán.
Pero podemos estar seguros de que si el ISIS consigue demostrar su capacidad de mantenerse en el poder, los que están luchando actualmente no dudarán en tratarlo como un estado “normal”.
También tenemos la teoría de Stephen Walt. Escribiendo en Foreign Policy, Walt nos recuerda el hecho de que muchos movimientos políticos violentos han sido reconocidos por la comunidad internacional una vez han demostrado su capacidad de mantenerse en el poder. Este fue el caso de la URSS, reconocida por EEUU dieciséis años después de la Revolución Bolchevique. Lo mismo pasa con el estado chino, con el que EEUU estableció relaciones diplomáticas completas en 1979, menos de una década después del fin de la brutal Revolución Cultural de Mao. “Justicia” y “derechos humanos” no tienen nada que ver con lograr ser miembro de la “comunidad internacional”. La membresía viene de los estados más fuertes y capaces de imponer su poder más eficazmente sobre otros.

La retórica de la seguridad: Una herramienta de sometimiento

A este respecto, la opinión pública, que trata de forma distinta los delitos dependiendo de si son cometidos por extremistas en Oriente Medio o por políticos trajeados en países democráticos, sufre de un nacionalismo primitivo. No es posible, hablando lógicamente, declarar a ISIS un estado paria eterno sin cuestionar la legitimidad de los gobiernos modernos, ya que muchos de ellos actuaron de forma similar en el pasado.
Esto es especialmente cierto cuando consideramos el hecho de que las coaliciones occidentales (durante sus múltiples “guerras contra el terrorismo”) han matado a más civiles que todos los grupos terroristas juntos en solo una década. Se puede decir que las ideologías e intenciones detrás de las muertes no son similares, pero las políticas deben juzgarse por sus resultados y no por sus intenciones. Y el resultado es que no hay diferencia entre alguien muerto en nombre de Alá y otro muerto durante el ataque de un dron en nombre de la democracia. Dados los limitados recursos humanos, financieros, tecnológicos y militares, no está en absoluto claro que grupos terroristas no estatales sean la principal amenaza para la vida y las extremidades de numerosas poblaciones en todo el planeta.
Por desgracia, mucho del problema proviene de los propios ciudadanos occidentales, que no prestan atención a sus gobiernos, que nunca dudan en usar un acontecimiento trágico para aumentar su poder y su “protección” limitando las libertades individuales de los ciudadanos. Alimentando y explotando el miedo, los gobiernos crean un circulo vicioso que exacerba las reclamaciones de seguridad de sus poblaciones, lo que se traduce en un aumento de las prerrogativas de los estados. El gasto militar aumenta a su vez, lo que satisface a los poderosos grupos de interés que constituyen el complejo militar-industrial. La vigilancia masiva sirve a quienes quieren usar los servicios estatales de inteligencia para realizar espionaje industrial.
Por mucho que nos guste idealizar a los estados de Occidente, persiste el hecho de que ISIS no es más que un estado entre otros. Cumple perfectamente con los criterios de Franz Oppenheimer. Es:
una institución social, forzada por un grupo victorioso de hombres sobre un grupo derrotado, con el único propósito de regular del dominio del grupo victorioso sobre los sometidos y asegurándose frente a revueltas interiores y ataques exteriores. Teleológicamente, este dominio no tenía otro propósito que la explotación económica de los sometidos por los victoriosos.

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