miércoles, 11 de noviembre de 2015

Los medios de comunicación abandonados a la propaganda catastrofista del clima

Luís I. Gómez analiza la tremenda propaganda catastrofista del clima, más presente en los medios de comunicación tal como nos acercamos a la Conferencia sobre el Clima COP21 y su verdadero motivo. 
Artículo de Desde el Exilio: 
La prensa y televisión patrios han entrado en paroxismo apocalíptico a las puertas de la Conferencia sobre Clima COP21 que se celebrará próximamente en París. Que lo hagan los activistas de Climate Central, que se describe a sí misma como una “organización híbrida de  ciencia y medios de comunicación sin fines de lucro”, cuyos “periodistas” tienen como objetivo proporcionar “información objetiva” sobre el clima y la política, al mismo tiempo que presumen de sus estrechos vínculos con grupos ambientalistas como el Consejo de Defensa de Recursos Naturales y se autocalifican como vehículo de información para “aportar soluciones a la crisis climática” pase. Los activistas están en su derecho de desinformar todo lo que deseen, para eso les pagan.
Pero medios como El País o Periodista Digital o la mismísima Televisión Española deberían ser algo más serios con lo que publican y contrastar los contenidos que se les sirven. Después de todo, millones de españoles reciben esa información y actúan en consecuencia.
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El “documental”, -en realidad se trata de una película de propaganda al estilo de las que se realizaban durante los años de la guerra fría en uno y otro bando – está abarrotado de falsedades y medias verdades y viene acompañado de imágenes apocalípticas de ciudades inundadas.
Hablan de aumento de temperatura de dos o incluso cuatro grados centígrados, y las consecuencias que sobre el nivel del mar ello acarrearía. Bien, partiendo de la base de que no pueden estar hablando del hielo ártico, pues su desaparición no contribuiría en absoluto a una subida apreciable del nivel marino (pueden ustedes mismos realizar con sus hijos -para tranquilizarles-  el experimento: tomen un recipiente de pareces transparentes, añadan agua y hielo, marquen el nivel del agua y esperen a que el hielo desaparezca), debemos pensar que se refieren a la disminución de la masa de hielo sobre la Antártida y Groenlandia.
Independientemente de que tanto en Groenlandia:
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como en la Antártida:
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no parece que la pérdida de masa helada sea preocupante en absoluto, ya que vemos que los datos hablan de leve acumulación positiva de nueva masa helada, sería importante calcular las temperaturas medias en ambos continentes tras un aumento catastrófico de la temperatura de 2°C o incluso 4°C como nos cuenta la propaganda de Climate Central.
Tomamos la temperatura media de Groenlandia de Kobashi et al. y la de la Antártida de la Agencia Federal de Medio Ambiente alemana (UBA).
Temp. Media Anual+ 2°C                           + 4°C                                    
GROENLANDIA– 29°C / – 32°C– 27°C / – 30°C          -25°C / – 28°C                                            
ANTÁRTIDA– 55°C– 53°C                – 51°C                              




Y ahora, por favor, expliquen a sus hijos que el hielo no se derrite a 25 grados bajo

 cero y mucho menos a cincuenta y un grados bajo cero. Que estén tranquilos, pueden dejar los flotadores fuera de las mochilas cuando vayan a la escuela.

¿Cuál es el verdadero motivo de toda esta propaganda?
La acción política en función del mito. El mito como motor no sólo de un proyecto de futuro, sino de la historia misma. El mito fascista era el del imperio justo. El de la clase única. El de la superación de la democracia liberal y el comunismo transigiendo la realidad. El de la felicidad eterna suministrada y administrada por el pueblo para el pueblo.
Para alcanzar esas metas se dota al Estado de los instrumentos institucionales y legales necesarios para lograr el objetivo de todos. El mito final es el mito de todos. Ha de serlo. Y quien no abrace la fe en ese mito final abandona el marco de la ley y se convierte en proscrito sin derecho a la protección del Estado. Es perseguido.
Me asusta la facilidad con la que los humanos caemos, una y otra vez, en los mismos esquemas tantas veces demostrados como erróneos. La facilidad con que nos abrazamos a cualquier falacia proclamada en primera persona del plural. El estado de enamoramiento ciego en que caemos cada vez que se nos presenta un mito nuevo capaz de asegurarnos la felicidad …. eterna? De todos? La propia?
La felicidad de quienes asaltaron el Palacio de Invierno pasaba por la destrucción de la aristocracia opresora, el reparto de bienes y la recuperación de la dignidad personal. Terminó en burocracia opresora, reparto de pobreza y muerte en gulajs. La felicidad de quienes votaron a Hitler o Mussolini pasaba por la recuperación de la grandeza de sus naciones, el dominio de la propia raza y la paz universal en brazos de la seguridad del estado. Terminó con una Europa destrozada, millones de muertos por ser diferentes y una de las guerras más duras jamás librada entre humanos.
green_fascismHoy tenemos un nuevo mito: la felicidad en armonía con nuestro planeta. El equilibrio perfecto entre acción humana y reacción natural. La consolidación de una nueva forma de vida que nos permita vivir eternamente de los recursos que la naturaleza nos ofrece. Desde la igualdad y la responsabilidad, por supuesto. Esta vez sí, todos juntos, sin distingos de naciones, desde una óptica global y un solo Estado para todos. Y todo por el precio de apenas un puñado de monedas.
Para alcanzar el nuevo mito han de adaptarse las estructuras del “estado” y desarrollar nuevas leyes en función del mismo. Nacen dos nuevos conceptos sobre los que articular el nuevo mito: el estado sostenible y la sociedad en equilibrio.
Los revolucionarios rusos, abandonados a su mito, olvidaron que el poder no se reparte y acabaron siendo víctimas de aquellos que supieron hacerse con él. Los nacional-socialistas olvidaron, abrazados a sus símbolos en orgía colectivista-patriótica, que jamás los hombres han sido iguales y que la muerte derramada para hacer realidad su sueño solo podía tener una consecuencia: más muerte; la propia, a manos de cualquier otro.
Quienes pretenden convertir la “neutralidad ecológica” en nuevo motor de la acción política olvidan que el aparente equilibrio que observamos en la naturaleza nace de su dinamismo, no de su inactividad. Olvidan que la capacidad de superviviencia de una especie no radica en su sumisión al medio, sino en el aumento progresivo de su efectividad a la hora de resolver inconvenientes. Olvidan que, esclavos como somos de nuestras limitaciones perceptivas, somos incapaces de autosituarnos como especie en el contexto temporal del universo que nos rodea, excepto si lo hacemos desde lo que creemos saber. Olvidan, desde su autoenamoramiento antropocéntrico, que apenas somos un parpadeo en la historia de la vida. Olvidan …
Pero sobre todo olvidan que el poder no se reparte, y terminaremos siendo víctimas de aquellos que sepan hacerse con él. Olvidan que no todos pensamos igual y no les quedará más remedio que terminar encerrando o matando a quienes no crean en su mito. Olvidan que somos lo que somos: humanos.
Al paraíso no se llega por ley o por imposición (de qué paraíso me están hablando?) Al paraíso, si cabe, se llega errando y aprendiendo. Y errar y aprender, eso solo es posible en libertad.

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