martes, 18 de octubre de 2016

Libertad de expresión: ¿Trump peor que Hillary?

Antonio José Chinchetru analiza la amenaza a la libertad de expresión y prensa que suponen los dos candidatos a la casa blanca, mostrando por qué no solo se trata de Trump, como algunos medios pretenden indicar...


La presidenta del estadounidense Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), Sandra Mins Rowe, ha dicho que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca supondría una amenaza para la libertad de prensa en Estados Unidos. Ha añadido que además podría tener consecuencias negativas para los periodistas en el resto del mundo. Rowe ha hecho estas declaraciones tras la aprobación, unos días antes, de una resolución del CPJ contra el populista candidato republicano. El texto dice, entre otras cosas:
Desde el inicio de su candidatura, Trump ha insultado y vilipendiado la prensa y ha hecho de su oposición a los medios de comunicación una pieza central de su campaña. Trump ha etiquetado de forma rutinaria a la prensa como "deshonesta" y "escoria" y señalado a organizaciones de información y periodistas.
La resolución también indica:
Trump se ha negado a condenar los ataques a periodistas por sus partidarios. Su campaña también ha negado sistemáticamente acreditaciones de prensa a los medios que lo han cubierto críticamente, incluyendo The Washington Post, BuzzFeed, Politico, The Huffington Post, The Daily Beast, Univisión y The Des Moines Register.
Está bien que una organización dedicada a defender la libertad de prensa señale las amenazas que para la misma supone un candidato a la Presidencia de Estados Unidos. Sin duda alguna, hay que tener en cuenta la advertencia que lanza el CPJ. Pero la resolución del Comité para la Protección de los Periodistas se queda coja y suena tremendamente hipócrita. ¿Acaso su rival no supone un peligro al menos igual, cuando no mayor?
Hillary Clinton ha evitado durante meses enfrentarse a las preguntas de los periodistas. En España, lamentablemente, durante un tiempo esto fue una norma común por parte de los políticos. Pero en Estados Unidos supone algo excepcional y de hacerlo un republicano se consideraría un ataque sin precedentes a la Primera Enmienda de su Constitución. Pero, ni mucho menos, la cosa termina ahí.
Dado que el CPJ incluye a The Huffington Post entre los medios a los que Trump ha denegado la acreditación, no está de más recordar qué ha pasado con este periódico digital en relación con la candidata demócrata a la Casa Blanca. Entre los colaboradores del conocido diario electrónico figuraba el periodista David Seaman, que vio este verano como era apartado de la publicación (y sus artículos borrados) por poner en duda el estado de salud de Clinton.
No es un caso único. Incluyendo a Seaman, son al menos cinco los periodistas estadounidenses que han sido despedidos o censurados por sus medios por criticar a la candidata. Entre los represaliados hay profesionales de cadenas televisivas tan importantes como la CNN o MSNBC y hasta un bloguero colaborador de un think tank del ala más izquierdista del Partido Demócrata. Si el miedo a ofender o a dañar la imagen de Hillary Clinton ya se ha impuesto cuando todavía está compitiendo por llegar a la Casa Blanca, resulta aterrador pensar en lo que podrá ocurrir si llega a ser presidenta de Estados Unidos.
Ahora la pregunta que queda en el aire es si el CPJ denuncia tan sólo a Trump por puro partidismo o lo hace por miedo a Hillary Clinton. Si se trata de lo primero resulta muy triste saber que habrá bajas entre los defensores de la libertad de expresión si la demócrata llega a la Casa Blanca. Si se trata de lo segundo el panorama no es muy diferente. La única diferencia es si la rendición es por hipocresía o por convencimiento.

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