miércoles, 11 de enero de 2017

Cuando el subsidio se acaba

María Dolores Arias analiza los efectos negativos de los subsidios, y cómo son empleados políticamente, con el problema que surge cuando se acaban.
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Fuente: República
Las abuelas solían decir “cuando el dinero sale por la puerta, el amor sale por la ventana”, al referirse a las relaciones por conveniencia. Según su experiencia, afirmaban, que aquellas personas que estaban contigo por interés económico, se alejaban ante el menor indicio de pérdidas financieras.
Este podría ser el caso de los subsidios que otorga el gobierno. Cuando el subsidio se entrega, la “lealtad” o “amor” al partido político de turno se mantiene. Este subsidio puede ser en cualquier bien o servicio como la gasolina, luz, agua, transporte público, vivienda, etc.
El subsidio surge con la excusa de beneficiar a los más desprotegidos y la forma más sencilla es pagarlo con el dinero de los tributarios. Este dinero, por lo general, se le entrega a quienes ofrecen el bien o servicio con el propósito de mantener el precio por debajo del valor de mercado o como parte del pago.
Al intervenir en los precios, el gobierno impide que quienes producen y consumen tomen decisiones basados en costos reales. Incentiva a los grupos de presión a buscar beneficios a costa del bolsillo de otros. Así como a los políticos a promoverlos con fines clientelares.
A principios de este siglo, en el gobierno de Alfonso Portillo crean la tarifa social como un subsidio a los usuarios del servicio de energía eléctrica que consumieran menos de 300 kilovatios hora (Kwh), monto que se ha reducido gradualmente.
A finales del año pasado, el Consejo Directivo del Instituto Nacional de Electrificación (Inde) decidió reducir el subsidio en forma escalonada para inicios de este mes. Esto implica que se irá ajustando, gradualmente, el precio de la tarifa social.
Eliminar los subsidios es una medida moral y por ende correcta, ya que se deja de quitar a unos para darle a los otros. Además, elimina el poder discrecional de los burócratas de decidir a qué y a quiénes subsidiar. Permite definir qué bienes o servicios están las personas dispuestas a consumir y a qué precios. Los subsidios son una redistribución de la riqueza.
Los subsidios nunca han sacado de la pobreza a nadie, sólo son paliativos que ocultan el verdadero problema, la falta de creación de riqueza. Tampoco hacen que mejore el servicio como en el caso del transporte público.
Cuando el subsidio se acaba, en muchas ocasiones, se acaba también el “amor” al partido político de turno. Pero principalmente cuando el subsidio se acaba, se acaban también las excusas del gobierno para quitarnos más dinero a través de los impuestos.

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