domingo, 15 de enero de 2017

La conspiración contra los jóvenes (II)

Segunda parte (aquí la primera) del artículo de Juan Morillo sobre la "conspiración" sobre los jóvenes y cómo muchas medidas políticas y sociales, lejos de ayudarles, les perjudican.
El título universitario como garantía de empleabilidad absoluta
Se ha convencido (entre todos) a los jóvenes que el tener una carrera o grado universitario es sinónimo de empleabilidad 100%. Esto sencillamente es una falacia catedralicia.
El tener unos conocimientos universitarios es solamente uno de los muchos requisitos para obtener un puesto de trabajo. Importante, qué duda cabe, pero no el único ¡ni el más importante necesariamente! La experiencia laboral, la actitud/motivación o los idiomas están siendo actualmente factores mucho más determinantes, entre otros motivos porque todo el mundo posee un grado universitario y éste deja de ser un factor diferencial.
El centrarse exclusivamente en el grado universitario les hace despreocuparse de trabajar y obtener experiencia laboral, aprender nuevos idiomas u obtener otros conocimientos distintos. Las posibilidades de ser seleccionado en un proceso de selección laboral disminuyen drásticamente.
El título universitario como garantía de trabajar “de lo que se ha estudiado”
El pensar que se va a “trabajar de lo que se ha estudiado” es otra versión del deseo egocéntrico del joven de que la realidad se amolde a su vida y circunstancias.
Y es que los puestos de trabajo disponibles no dependen de los deseos de los estudiantes y sus familias, sino que dependen últimamente de las necesidades que tenga la sociedad, es decir, de lo que los ciudadanos demandamos esas profesiones. Y aquí vuelve a entrar la ley de la oferta y la demanda. Pongamos dos ejemplos cotidianos.
1) Estudiar una carrera sin demanda laboral. En este caso será difícil encontrar trabajo simplemente porque no hay puestos disponibles. Ciertamente existen carreras que son más empleables que otras. Carreras como filosofía, sociología o historia pueden ser muy enriquecedoras para el ser humano individual, pero tienen una difícil cabida en una empresa. Los jóvenes deberían ser conscientes de ello o su incorporación al mercado laboral será difícil.
2) Estudiar una carrera con gran demanda pero existiendo muchos ofertantes. Aquí lo que sucede es que hay más ofertantes que las plazas disponibles. Suele pasar con carreras que son muy empleables pero que las cursa un enorme número de personas, por ejemplo, administración y dirección de empresas (ADE). Aquí más que en ningún otro caso, la carrera es una commodity que no aporta valor diferencial, por lo que los estudiantes deberían ser conscientes de que su empleabilidad será complicada, a no ser que se hayan preocupado en desarrollar otros conocimientos y experiencia útiles para las empresas.

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