martes, 15 de septiembre de 2015

Varufakis vs. Piketty

Carlos Rodríguez Braun analiza el choque de los dos últimos ídolos del progresismo, Varufakis y Piketty, y la crítica del primero al segundo. 

Artículo de Expansión:
El último ídolo del progresismo está en contra del penúltimo. Hace poco le preguntaron a Varufakis sobre su crítica a Piketty, y el ex ministro griego respondió que sentía vergüenza, porque Piketty había apoyado a su Gobierno, pero mantuvo las críticas y sostuvo que el francés está equivocado, porque “utiliza una definición de capital que hace que el capital sea imposible de comprender; es una contradicción”. 
Sin embargo, aunque cualquiera que lea El capital en el siglo XXI percibe que, efectivamente, el propio objeto de análisis es muy confuso y deficiente (descarta, por ejemplo, el capital humano), la crítica de Varufakis no es tanto técnica como política: “La obra supone un mal servicio a la causa del igualitarismo más pragmático”. 
Es decir, estamos ante dos antiliberales, pero el griego cree que el flamante asesor de Podemos no lo es en un grado suficiente como para plasmar políticamente los anhelados recortes a la libertad y los derechos de los ciudadanos. ¿Por qué? Agárrese usted: porque no es marxista. 
El reproche a Piketty, que sirve a Podemos para centrarse y neutralizar su apoyo a la tiranía chavista, es que, como Marx, habla de “las tendencias autodestructivas del capitalismo”, pero no acepta “el método analítico de Marx y por supuesto su programa político”. No acepta que el capital es una “relación social”, clásica patraña marxista que Varufakis cree a pies juntillas. Tras acusar sin pruebas a los ricos de haber causado la crisis griega, dice que cuando estos ricos sacaron su dinero de Grecia para comprarse palacetes en Holland Park impulsaron al alza los precios inmobiliarios londinenses y “sin quererlo hicieron subir la medida de Piketty del capital agregado del Reino Unido”, y esto no puede equivaler a una riqueza mayor. En este punto como en otros Varufakis acierta en su recelo pero no en el diagnóstico. 
De entrada, dice que Piketty es un neoclásico, lo que “encaja muy mal con sus propias credenciales socialdemócratas”, un desatino, porque la teoría neoclásica alberga un amplio abanico de críticas al mercado, y los mayores enemigos de la libertad se nutren del neoclasicismo y sus ficciones, empezando por los llamados fallos del mercado. La explicación debe pasar por otro lado: porque Varufakis no cree en la limitación del mercado sino en su aniquilación y su sustitución por otra “relación social”, que es lo propiciado por el comunismo. 
Aunque comete errores y comparte ficciones populares como la supuesta defensa liberal de la trickle down theory o teoría del “derrame” de ricos a pobres, que ningún economista liberal defendió nunca, lo más notable es su simplificación marxista del capitalismo. Como suelen hacer los antiliberales, antropomorfiza al capitalismo, que “amenazó con suicidarse a finales de los cuarenta, como hace de vez en cuando: el último episodio en 2008”.

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