lunes, 17 de octubre de 2016

Globalización y generación de riqueza

Diego Sánchez de la Cruz entrevista a José Ramón Ferrandis acerca de la generación de riqueza que ha permitido y sigue haciéndolo la globalización a raíz de su reciente obra al respecto, en donde confronta datos contra prejuicios, mostrando diversos de ellos en el siguiente artículo. 

Artículo de Libre Mercado:
"José Ramón Ferrandis: "La ayuda al desarrollo acumula 60 años de despilfarro"
José Ramón Ferrandis, técnico comercial del Estado y director del Centro Diego de Covarrubias, acaba de publicar el libro Globalización y generación de riqueza (Unión Editorial). El autor describe este ensayo como "un libro de combate, que enfrenta datos contra prejuicios y que nace del descontento con las falsedades que nos encontramos a diario a la hora de hablar de la globalización y de las dinámicas de la economía global". Esto nos ha contado en su entrevista con Libre Mercado.
- Frente al relato habitual, su libro afirma sin complejos que el capitalismo global es una fuente de riqueza y desarrollo.
Así es. La economía no es como la física, no podemos hacer pruebas de laboratorio con los países, pero sí tenemos ejemplos muy ilustrativos que permiten comparar modelos económicos distintos. Y de esa comparación se deduce la superioridad del capitalismo como sistema generador de riqueza y progreso.
- ¿Qué ejemplos cree que son más ilustrativos? ¿Cómo convencería a los escépticos?
Tomemos por ejemplo el caso de la península de Corea, partida en dos desde los años 50. Al Sur prevaleció la superioridad técnica y productiva de la economía de mercado. Al Norte, el comunismo y la planificación. El resultado es contundente. En 1953, la renta per cápita del Norte y del Sur era idéntica. Hoy, la renta per cápita del Sur es 38 veces más alta que la del Norte.
Otro ejemplo interesante es el de Alemania, que también fue dividida en dos y desarrolló a un lado una economía de mercado y a otra un modelo comunista. En la República Federal de Alemania de Adenauer y Erhard tenemos un ejemplo de auténtico progreso. Hubo una profunda liberalización que abandonó el intervencionismo de la era nacional-socialista. Se liberalizaron los mercados, el comercio, los tipos de cambio… Mientras en la Alemania oriental, conocida por RDA, se impuso el sistema socialista e intervencionista. La miseria que se observaba al Este choca con el progreso que se daba en el Oeste.
El Muro fue el reflejo de las diferencias: había tal éxodo hacia la Alemania capitalista que en agosto de 1961 se levantó esa barrera. Pero no fue más que un inútil y criminal empeño que no evitó su derrumbe en 1989. Ni que decir tiene que las diferencias socioeconómicas que presentaba Alemania en el momento de la reunificación eran sustanciales; a título de ejemplo, el tipo de cambio extraoficial del Deutsche Mark con el Marco del Este oscilaba entre 1/7 y 1/10.
- ¿Qué otros casos destacaría?
China es otro caso importante. Mao llevó el país al desastre. Con el colectivismo y la planificación se hundió la economía y millones de personas murieron víctimas del hambre, la miseria y la persecución. Pero ese mismo país ha crecido de manera espectacular desde que su economía empezó a abrirse. Den Xiaoping justificó el giro del comunismo hacia la apertura diciendo, con pragmatismo, que "da igual que el gato sea blanco o negro: lo importante es que cace ratones".
En España también tenemos un claro ejemplo de lo que pasa cuando se abandona el intervencionismo y se apuesta por una economía de mercado. Hablo del Plan de Estabilización de 1959, en el que economistas como el recientemente fallecido Manuel Varela Parache jugaron un rol crucial. Desde entonces, nuestro país ha progresado de manera espectacular.
- ¿Qué decálogo de reformas permite que los países se beneficien de la globalización?
Las herramientas clave son la inversión extranjera directa y el comercio internacional. Cuando un país se abre al mundo y a la economía global, entonces sienta las bases para su progreso. Pero hay una pre-condición necesaria: debe haber "buen gobierno". Esto quiere decir que hay imperio de la ley, que hay estabilidad institucional y política, que se respeta la propiedad privada, que hay facilidades para acceder a bienes y capitales y que hay seguridad contractual.
- Pensadores liberales muy dispares como Antonio Escohotado o Deirdre McCloskey también han introducido el estudio de la ética del comercio como elemento a tener en cuenta. ¿Qué opina?
Creo que dentro de la suma de factores que permiten la generación de riqueza y el florecimiento de las economías siempre ha habido ese buen gobierno del que hablaba antes y también un sector económico abierto, competitivo y basado en los incentivos del mercado. Pero, en efecto, también debe existir un sector moral y cultural pluralista, que propicie la libertad y la responsabilidad individual, que fomente una sociedad abierta. En el libro menciono la teoría de las "tres colinas" que se refiere precisamente a esto.
- A diario escuchamos que ese progreso que Vd. liga a la globalización no es del todo legítimo porque se reparte de manera desigual por el mundo. Hay países ricos y países pobres, y les separa una brecha inaceptable para quienes tienen una visión más negativa del capitalismo global.
Si analizamos la evolución del crecimiento vemos claramente cómo los países menos desarrollados están creciendo mucho más que el mundo desarrollado. Lo que está ocurriendo en los últimos años es que la desigualdad entre países está bajando a pasos agigantados. Del pozo del subdesarrollo salieron hace tiempo muchos países del Este y Sudeste Asiático, y de Iberoamérica. Los africanos pueden mirarse en ese ejemplo.
- ¿Reduce ese crecimiento la pobreza?
Hoy tenemos 700 millones de pobres, pero en 1980 eran 2.000 millones. En 35 años, hablamos de una reducción de la pobreza que ha beneficiado a 1.300 personas. Si lo medimos en tasa relativa, esto significa que la pobreza era del 44% de la población mundial en 1980 pero hoy es del 9,6%.
- Otra crítica que escuchará a menudo sostiene que el crecimiento no se traduce en avances sociales. ¿Es así?
La FAO decía en 1980 que la desnutrición era del 21%. Hoy es del 11%, a pesar de que la población mundial es dos veces más grande. Para el mismo periodo, la OMS ha acreditado que el acceso al agua potable ha aumentado del 76% al 89% y que la esperanza de vida ha pasado de 63 a 71 años. Y la UNESCO apunta que la alfabetización ha subido del 70% al 85% para la población de más de 15 años.
- ¿Y qué rol juega la "ayuda oficial al desarrollo"? ¿Cree que es positiva o negativa?
Hay cuestiones muy preocupantes en la "ayuda oficial al desarrollo". Por ejemplo, de los 130 territorios que reciben este tipo de ayudas, hay 47 que están considerados "frágiles" y, por tanto, las garantías de que los programas se ejecuten son muy bajas. Hay subrayar, además, que la "ayuda al desarrollo" se canaliza a nivel mundial de manera descoordinada, superpuesta y caótica.
Creo que podemos decir, después de 60 años, que hay certezas negativas sobre la eficacia de la "ayuda al desarrollo". De hecho, los flujos financieros privados son ya mucho más significativos, hasta el punto de que, por cada 1 euro de "ayuda al desarrollo" que llega a los países más vulnerables, hay 7 euros que entran vía inversión e inyecciones de capital. También me preocupa la desorientación imperante a la hora de conceder los créditos: el 70% se concede a países solventes, que están ya alcanzando niveles medios de renta y riqueza. Esto "expulsa" de la financiación a naciones que están en situaciones mucho peores.
Puede que antes fuese polémico critica la "ayuda al desarrollo", pero desde hace ya tiempo resuenan muchas voces críticas, entre las que cabe mencionar a Peter Bauer, Dambisa Moyo o Carlos Lopes. Creo que, en gran medida, la Ayuda Oficial al Desarrollo ha sido un gran despilfarro de recursos y que 60 años de existencia de ese mecanismo son más que suficientes para que nos planteemos su final. Mantener la ayuda de emergencia y suprimir la AOD significaría aceptar los requerimientos de la realidad y enfocar la generación de riqueza de la manera más adecuada.

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