martes, 11 de octubre de 2016

Nicolás Márquez: “Para derribar el mito del Che no hay mejor fuente que leer al propio Che”

Belen Marty entrevista a Nicolás Márquez, tras su obra que sirve para derribar el mito del Che. Como bien dice, una labor fácil, pues solo hace falta leer al propio Che (memorias, diarios personales y obras completas).
Artículo de Panampost:
Nicolás Márquez es abogado, periodista y analista político, oriundo y residente de la ciudad costera de Mar del Plata, en Argentina. Pero ante todo, Márquez es escritor.

Tapa del libro de Nicolás Márquez, El Canalla.
Tapa del libro de Nicolás Márquez, “El canalla”. (HACER)

Quizás impulsado por el aire fresco del mar que se respira en esa ciudad, Márquez escribió “El canalla, la verdadera historia del Che”, en donde rescata al hombre debajo del mito, al argentino detrás del latinoamericano y al homicida por sobre la figura del hombre justo.
Márquez habla pausado y posee un léxico y una oratoria envidiable, propia de quien se ha sumergido en interminables debates en todos los espectros de la política. Su libro ha generado viscerales críticas pero también agradecimientos de quienes lo ven como el responsable de desenmascarar la verdadera figura del amado y odiado Ernesto Che Guevara.
A principios del mes de agosto lanzó la tercera edición de su libro, con presentaciones en Buenos Aires y en Rosario.
¿Por qué el mito del Che sobrevive a las verdades documentadas?
La izquierda posee emociones fuertes e ideas débiles, y no tiene reparo en sacrificar la lógica y la verdad documentada ante las ensoñaciones utopistas. A la izquierda se la juzga no por sus resultados (confirmadamente desastrosos) sino por sus objetivos, presuntamente nobles, consistentes en “salvar a los pobres del mundo”.
En el imaginario colectivo queda esto último del Che, no la gente que fusiló y masacró sino la supuesta entrega que tuvo para con los “los desdichados de la tierra”.
¿Qué es lo que más le asombró al estudiar al Che Guevara?
Lo que más me asombró, a diferencias de otros libros que hice, fue lo fácil que me resultó destruir al mito.
Más allá de recurrir a numerosas biografías y fuentes diversas, es el propio Che Guevara, en sus memorias, diarios personales y obras completas quien reconoce todas y cada una de sus felonías.
En efecto, él mismo cuenta los detalles de cada uno de los fusilamientos que él personalmente practicó y también anota el desdén que sentía por todo aquel que disentía con sus delirios ideológicos. Es decir, para derribar el mito del Che no hay mejor fuente que leer al propio Che.
¿Cómo describiría brevemente al Che Guevara? ¿Y por qué lo llama usted el canalla?
Era un hombre con una interesante cultura general pero con muy poca cultura política, que tenía rasgos temerarios, crueles, voluntaristas, desafiantes y era un sujeto propenso a tomar decisiones extremas y desaforadas.
Era además una persona doliente, sin paz interior, siempre dispuesto a ir a una guerra que él mismo le había desafiado al mundo, que era un lugar que a él le resultaba hostil e insoportable. Es por ello que siempre tuvo propensión al suicidio. Pero no a un suicidio convencional, sino a un suicidio épico, espectacular, novelesco. Él siempre soñó con una muerte “fuera de serie” y así murió.
Respecto a “El canalla”, es un juego de palabras que usé para despertar la atención del lector. “Canalla” se le dice en el folklore futbolístico argentino a los simpatizantes del club Rosario Central, pero a la vez conforme la Real Academia Española, canalla significa “hombre ruin y despreciable”, y el Che a la vez era hincha de este club y además su perfil encajaba con esta definición.
¿Cuál es el mito más famoso alrededor de este personaje?

El famoso y replicado retrato de Ernesto Che Guevara.
El famoso y replicado retrato de Ernesto Che Guevara. (Wikipedia)

Se lo tiene como el buen samaritano que peregrina por el mundo tratando de salvar a los postergados y que en dicha causa fue asesinado. Es una suerte de mito “crístico”, puesto que se lo asimila a la generosidad extrema de aquel que predica el bien y se inmola para redimir al mundo.
La diferencia es que Cristo —más allá de toda connotación teológica o religiosa— no mató a nadie y predicó la tolerancia, el amor entre los hombres, promovió determinadas reglas de convivencia básicas, como respetar la propiedad privada (no codiciar bienes ajenos o no robarás), no mentir, no matar, y amar al prójimo.
El Che predicaba textualmente “el odio como factor de lucha”, y sus muertes por él mismo perpetradas se cuentan en decenas.
Él mismo escribió en julio de 1956: “No soy Cristo y filántropo, soy todo lo contrario de un Cristo, lucho por las cosas que creo con toda las armas a mi alcance y trato de dejar muerto al otro”. Sin embargo, sus desinformados feligreses levantan al Che como si fuese una suerte de profeta contemporáneo.
¿Ves una tendencia a que el mito se vaya desintegrando, o está cada vez mas firme?
En los años 70 el Che era visto de una manera bastante fiel a la real, la del guerrillero intransigente. Este modelo inspiró a las FARC en Colombia, al ERP en Argentina, al MIR en Chile, a Sendero Luminoso en Perú y así sucesivamente a otras guerrillas de la región.
Ya en los años 80 el mito comenzó a deformarse, y de ser ese pretendido justiciero de acero pasó a ser una estampa del marketing, una suerte de logotipo comercial para consumo masivo de progresistas que viven y disfrutan de las bondades del capitalismo pero que, como se sienten culposos, llevan la efigie del Che en su protector de pantalla del celular o como banderín en el espejo retrovisor de su automóvil.
Creo que el mito es cada vez más fuerte y frecuente pero cada vez más alejado del Che Guevara real.
¿Qué dice sobre nuestra cultura latinoamericana el hecho de que haya muchísima fascinación por una persona que acepta ser un matón, como el Che?

¿El Che vive?
¿El Che vive? (Wikipedia)

No es un problema sólo de Latinoamérica sino de Europa, Asia y África. Pero hoy el Che es un estandarte de las movilizaciones populares en sus diferentes versiones y manifestaciones.
Cabe tanto en un acto del Partido Comunista como en una cancha de fútbol; en un concierto de los Rolling Stones, como en una marcha ecologista; en una manifestación obrera, o como cuadro decorativo de un restaurante elegante de cualquier barrio acaudalado de una capital occidental.
El Che hoy es una suerte de fetiche que emana cierta rebeldía simpática a la cual se le suma su rostro fotogénico con rasgos atractivos, y que el grueso de quienes lo observan lo emparentan enseguida con las “causas justas”.
¿Por qué hay tan pocos fans del Che que deciden realmente mudarse a Cuba y vivir su proyecto?
Porque es un fanatismo superficial, bien propio de los idiotas útiles que exhiben el banderín del Che Guevara sin mayor compromiso que la exhibición misma.
Son meros guevaristas de redes sociales que pretenden manifestar alguna disconformidad con un mundo que les ofrece una vida muy superior a la que le ofrecería el mundo que quiso el Che y que hoy se ve materializado en Cuba.
En el fondo, son fans, eso lo saben, y entonces sólo van a Cuba a hacer turismo de izquierda por una semana y luego vuelven a sus respectivos países de origen a seguir disfrutando de Internet y Coca-Cola.
Vale decir que los guevaristas del siglo XXI terminan siendo guevaristas testimoniales, cuyo testimonio no va más allá del simbolismo o del póster decorativo.
¿Cómo se explica que socialistas que están a favor del matrimonio igualitario adoren a un racista y homófobo como el Che, según tus propias descripciones en el libro?
Porque no lo conocen ni lo leyeron. El Che vive porque está muerto y lo que lo hace destacar en el mundo actual es precisamente que no pertenece a él. Es un anacronismo que para los desinformados socialistas actuales no representa absolutamente nada de lo que ellos pretenden promover en su cacareado reformismo cultural.
El Che creó un campo de concentración para castigo de homosexuales en la península de Guanahacabibes y el 99% de los que levantan el pabellón igualitario no tienen la más mínima idea de lo que eran aquellos confinamientos guevaristas en Cuba.
Estos levantan a un ídolo de cartón y por lo único que algunos de estos activistas quizás estuvieron dispuestos a arriesgar su vida fue no por el foquismo revolucionario, sino por una línea de cocaína —vicio burgués que un asceta como el Che no hubiese dudado en castigar con la pena de muerte.

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