martes, 3 de noviembre de 2015

20 años esperando el fin del mundo. Se acerca la Conferencia Climática COP21

Luís I. Gómez se hace eco del inminente 20 aniversario del rito anual de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en el que año a año esperan el inminente fin del mundo, un ritual en el que "los gobiernos y muchas organizaciones no gubernamentales envían a miles de funcionarios,  elegidos democráticamente por nadie, financiados directa o  indirectamente por los gobiernos, a disfrutar de unas vacaciones maravillosas durante diez días para reclamar …. un montón enorme de dinero que debe salir del bolsillo de las personas que trabajan duro en Occidente. Los “pecadores”".

Artículo de Desde el Exilio:
El próximo 30 de Noviembre comenzará la COP21 en París. Se cumplirán 20 años esperando el inminente fin del mundo. Y como todos los años desde aquella COP1 celebrada en Berlín, asisteremos al rito anual de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en la que renovaremos nuestra fe en el fin de la civilización, incluso del planeta y los seres vivos que lo habitan está próximo si no hacemos nada de forma inmediata. La tozudez de los iniciadores es penetrante e incansable: veinte años llevan ya los activistas ambientalistas, los políticos, asociaciones y sindicatos de todo tipo, así como los llamados científicos del clima reclamándonos una reducción inmediata y drástica de las emisiones de CO2 porque, de lo contrario, el mundo sufriría el colapso climático. Siempre con las mismas declaraciones, siempre con las mismas advertencias, siempre con las mismas profecías y siempre con el mismo fracaso.
En los últimos veinte años, los gobiernos y muchas organizaciones no gubernamentales envían a miles de funcionarios,  elegidos democráticamente por nadie, financiados directa o  indirectamente por los gobiernos, a disfrutar de unas vacaciones maravillosas durante diez días para reclamar …. un montón enorme de dinero que debe salir del bolsillo de las personas que trabajan duro en Occidente. Los “pecadores”. Los “culpables”.
Para facilitar su durísimo trabajo, tras recorrer  millones de kilómetros en avión, preferentemente en primera clase o business class, son alojados en los mejores hoteles del lugar, las conferencias tienen  lugar en los mejores centros disponibles y todo se organiza en principescas comidas de trabajo.
Llevan 20 años celebrando su liturgia, todos se conocen, se aprecian y se apoyan unos a otros. Así ha surgido toda una nueva especie de burócratas y cabilderos que ya no necesita, por poderosa y establecida, poner atención en la practicabilidad de sus propuestas. Ni siquiera en la veracidad de los supuestos que les llevan a hacerlas.
Buena prueba de ello es que durante los últimos veinte años, las emisiones de CO2 han aumentado de manera constante,
Mauna_Loa_1995_-_2015_NOAA
pero, casi también en los últimos 20 años, la tendencia de la temperatura media mundial no ha mostrado incremento alguno. Cero. Nada. Rien.
18Years_no_Warming
El Calentamiento Global Antropogénico Acojonante hace una pausa larga, larga, muy larga. Y a pesar de que esta “pausa” ya dura más del doble que el corto período de calentamientode de final de los años 70 que condujo a la creación del IPCC en 1988, los predicadores del apocalipsis no ven motivo alguno para cesar en su invocación de la destrucción del mundo. Demasiado altos son los potenciales beneficios de la fe cambioclimática: se trata,después de todo, del acoso total, la ideologización extensiva y la confiscación de bienes vía impuestos de casi todo el mundo.
Cualquier persona normal, responsable de las cuentas de su familia, cualquier director de una empresa, responsable a través de unas cuentas saneadas ante sus accionistas y empleados, habría tirado ya del botón de emergencia para bajarse de este circo. Las cuentas no cuadran, shit happens.
Los Modelos y las mediciones
Comparación entre las predicciones de temperaturas de los modelos IPCC y las mediciones reales. Graph: John Christy. Data: KMNI.
Pues no. Los burócratas del clima de la ONU y todos quienes desde las autoridades nacionales e internacionales, instituciones, empresas y otros grupos de presión trabajan para ellos no ven motivos para cambiar su curso. Siguen empeñados en la creación ex-novo de nuevas “responsabilidades” que requieren nuevos funcionarios magníficamente pagados. Siguen empeñados en asegurarse los vuelos en first class, los hoteles de lujo y las cenas de postín que pagamos entre todos gracias al miedo que nos predican día a día, año tras año. Que la realidad no les destroce su “misión”, que es justa, equitativa y sostenible.
Afortunadamente para todos nosotros, sin embargo, el precio del catastrofismo empieza a ser demasiado alto, también para muchas de las naciones que enviarán sus emisarios a París.  Los grandes y pequeños países en vías de desarrollo se han dado cuenta, hace ya algún tiempo, de que disponer de energía barata y de acceso fácil es la bala de plata para escapar de la miseria absoluta en su tierra. Y las cuentas no les salen si de energía solar, eólica o la que sea “renovable” se trata. El contínuo aumento de las emisiones de CO2 está programado. Porque lo realmente barato y accesible es quemar el carbón que tienes debajo de tu casa. Que se lo pregunten a los chinos, o a los hindúes. Los países pobres o menos ricos no aceptarán así como así las propuestas de los Alarmistas si estas no van acompañadas de contrapartidas multimillonarias. Ninguno de ellos quiere permanecer pobre. Y nace la “Justicia Climática”.
Pero ese ya es otro tema.

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