domingo, 16 de octubre de 2016

Errores en el informe sobre riesgo de pobreza

José Carlos Rodríguez analiza los diversos errores del informe sobre el riesgo de pobreza (AROPE), su inconsistencia metodológica y la "ceguera" ideológica con la que se analizan sus resultados. 

La crisis, en España, ha dejado su impronta en la situación de la pobreza. La European Anti Poverty Network (EAPN) ha publicado un informe en el que rastrea lo que llama riesgo de pobreza y exclusión social, AROPE por sus siglas en inglés.
En el saco del AROPE entran quienes a su vez entren en alguna de estas tres categorías: población bajo el umbral de pobreza, con privación material severa o con baja intensidad de trabajo por hogar. Es una mezcla extraña, desde el punto de vista metodológico. El primer indicador muestra la situación económica desde el punto de vista de la renta, el segundo del consumo, y el tercero la producción, y en particular el trabajo. El umbral de pobreza es un indicador relativo, y el de privación severa, absoluto. Y la baja intensidad del trabajo no mide la pobreza, sino una de sus causas.
La pobreza relativa es un indicador muy poco significativo. Es evidente que una sociedad puede progresar mucho y dejar que muy pocos tengan dificultades para cubrir las necesidades más perentorias, y la pobreza relativa ser la misma. En Luxemburgo, donde el PIB per cápita es de 91.266 euros, el AROPE es del 13,5 por ciento, y el indicador que más incide es el del umbral de pobreza. Y eso que el 89,9 por ciento de su población es urbanita, y la pobreza es más común en áreas aisladas. Sería más comparable el caso de Irlanda. Tiene un PIB per cápita de 46.166 euros y un AROPE del 26,8 por ciento. Con respecto a la baja intensidad de trabajo, se puede dar en hogares que tengan una renta suficiente procedente del capital y con los que, por tanto, no debe contar este estudio.
El umbral de la pobreza se ha fijado, arbitrariamente, en el 60 por ciento de la mediana de la renta nacional, equivalente en unidades de consumo. Las unidades de consumo son ponderaciones del número y tipo de personas que están en una casa: 1 para el primer adulto, 0,5 para los siguientes y 0,3 para los menores, pensando en que hay gastos comunes. Parte de la renta nacional, no de las rentas del trabajo, lo cual por un lado es más completo. Pero, por otro, las personas con menor renta o nivel de consumo carecen, por lo general, de otros ingresos fuera de los del trabajo. En el caso de España, la renta mediana es de 13.355,6 euros por unidad de consumo, con lo que el umbral está en los 8.010,9 euros, 667,6 euros por unidad de consumo (que, como vemos, no es equivalente a euros por persona). Es curioso que los autores del informe dejan claro la inanidad del indicador de la pobreza relativa, al señalar, con toda la razón, que el umbral de la pobreza ha caído, de 2009 a 2015 de 739 a 668 euros todas aquellas personas cuyos ingresos están entre 668 y 739 euros mensuales “han dejado técnicamente de ser pobres sin haber experimentado mejora alguna en las condiciones de vida”.
La privación material severa sí es un indicador de pobreza, pues intenta apreciar una carencia de medios para cubrir necesidades básicas. Por supuesto, qué sea “básico” es una cuestión abierta. En otro tiempo, no morirse de hambre, estar cubierto por un techo y por algo de ropa sería suficiente para considerar que una persona ha escapado de la pobreza. Consideran que hay una privación material severa cuando se dan al menos cuatro de nueve situaciones, entre las que se encuentran: retrasos en los pagos de los gastos habituales de la casa, irse de vacaciones al menos una semana al año, comer carne o pescado al menos dos veces a la semana, o no tener un teléfono, televisor, lavadora o automóvil. Al final, dado que lo que definamos como situaciones en las que optaríamos a entrar en privación severa depende de las expectativas que aceptamos como razonables, y éstas dependen de la riqueza global de la sociedad, es en realidad un indicador mixto, que también tiene algo de pobreza relativa.
Este indicador, que es el más importante de los tres, ha mejorado en el último año estudiado que, lógicamente, es el 2015. El pasado año entró en esta categoría el 6,4 por ciento de la población, por el 7,1 de 2014, y es la primera vez que mejora desde 2007, cuando entra en esta situación el 3,5 por ciento de la población española. Los autores reconocen, a regañadientes, que esta es una buena noticia: “Esta reducción de la privación material severa
Por último, la intensidad de trabajo por hogar (número de meses que se trabaja dividido entre el número anual de meses trabajados posibles) se considera baja cuando cae por debajo de 0,2 sobre 1.
El informe es interesante, a pesar de sus múltiples fallos. Quizá lo más chocante es lo mal que leen sus autores, en ocasiones, sus propios datos. Cometen un error muy simple, que demuestra que o no saben de lo que hablan o prefieren obviar ciertas consideraciones que les alejaría de su objetivo, que es mostrar que la pobreza es un problema que no mejora.
Se refieren a las personas en la categoría de AROPE en términos estáticos. Las personas que están en esa categoría en un año y en otro son las mismas. El propio informe desmiente esa tesis, claro está. Sólo hay que mirar a la diferencia por edades. Los grupos con mayor incidencia del AROPE (riesgo de pobreza y exclusión social) son los menores de 16 años (33,4 por ciento) y de 16 a 29 (38,2), y va cayendo según se avanza en edad: 28,5 por ciento de 30 a 44 años, 31,0 por ciento de 45 a 64 y 13,7 de 65 y más. El motivo es que según se avanza en edad también crecen los ingresos derivados del trabajo, y el capital acumulado. Hay que hacer dos consideraciones añadidas: la situación es algo mejor de los 30 a los 44 años probablemente porque están mejor preparados para la nueva economía que los de más edad no jubilados. Y la caída en los mayores de 65 se explica por el capital acumulado y porque la tasa de reposición de la pensión es del 89,5 por ciento.
Por otro lado, uno de los objetivos del informe es demostrar que el trabajo no es suficiente para escapar de la pobreza, ya que entienden que los datos muestran “que no cualquier trabajo protege de la pobreza y que el fenómeno de los ‘pobres con empleo’ ha llegado para quedarse”. Es muy aventurado que esa situación haya llegado para quedarse, y resulta absurdo, aunque no impropio del manejo ideológico del informe, dejar de lado que España lleva ocho años de crisis económica. Según recoge el informe, hay un 1,8 por ciento de los hogares con privación severa y que no tengan una baja intensidad de trabajo. Y recordemos que basta trabajar más de un 20 por ciento de los meses posibles para que no se considere baja.
El informe no presta atención al papel del capital, excepción hecha del capital humano; la formación: “Cuanto mayor es el nivel formativo, no sólo es menor la tasa de pobreza que le afecta, sino que, además, la influencia de la crisis en la evolución del indicador ha sido menos determinante”.
La pobreza es el gran problema económico, y es una pena que se mire con una mezcla de ceguera ideológica y metodología fallida.

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