domingo, 16 de octubre de 2016

La UNESCO y Jerusalén: una resolución contra la Historia

Antonio J. Chinchetru analiza la esperpéntica resolución política (una vez más) contra los judios, contra toda evidencia histórica, religiosa y arqueológica. 
Una resolución que atenta contra la propia cultura (supuestamente su protección es el fin de la Unesco) y "contra los orígenes culturales de Europa y el resto del mundo de tradición cristiana".

De forma muy sibilina, la UNESCO ha desligado cualquier conexión del jerosolimitano Monte Moriah (llamado Al-Ḥaram Al-Sharifby por los árabes y Monte del Templo por los judíos, y conocido también como Explanada de las Mezquitas) con el judaísmo. Lo ha hecho en una resolución, aprobada con más abstenciones (incluyendo la de España o Francia) que votos a favor. En el texto no se niega esa relación de forma explícita, pero sí implícita. En todo el momento se refiere al lugar como “Mezquita de Al Aqsa/Al-Ḥaram Al-Sharifby“, sin utilizar otra denominación más neutra ni la de Monte del Templo. Además, se insiste en su carácter sagrado para el Islam pero no se recuerda que también lo es para el judaísmo (e incluso que tiene una importancia espiritual también para el cristianismo).
Jerusalén
Jerusalén / Foto: A. J. Chinchetru.
Al rechazar la conexión del Monte Moriah con el judaísmo la UNESCO atenta directamente contra aquello que se supone que debe proteger: la cultura. En concreto, las delegaciones que han votado a favor de la resolución (presentada por la delegación palestina) y las que han permitido con su abstención que salga adelante han tomado partido contra la Historia y contra las raíces culturales de muchos millones de seres humanos y gran cantidad de países.
No sólo, en una clara prueba de judeofobia institucionalizada, pretende borrar de un plumazo las raíces históricas y espirituales del pueblo judío (y, de paso, del Estado de Israel). Además atenta contra los orígenes culturales de Europa y el resto del mundo de tradición cristiana.
Hace ya unos cuantos años tuve la ocasión de recorrer el Túnel de los Asmoneos (que transita bajo el Monte junto a parte del Muro Occidental o de los Lamentos que sigue bajo tierra). En un momento dado, una española que hasta entonces no había dado grandes muestras de religiosidad, tocó una de las grandes piedras de la pared y dijo: “Por aquí caminó Él”. Había conectado con sus raíces culturales y religiosas al caminar por lo que 2.000 años antes había sido una calle por la que sin duda alguna pasó en ocasiones Jesús de Nazaret.
Desligar ese lugar del judaísmo significa también separarlo del cristianismo. Algunos de los episodios más importantes de la vida de Jesús que narra el Nuevo Testamento transcurren precisamente en el Templo, que se alzaba en el Monte Moriah. El judío al que millones de cristianos consideran Dios hecho hombre rezó y discutió con los sabios de la Torá en ese lugar, según cuentan los Evangelios.
Pero no sólo las Escrituras, tanto cristianas como hebrea, hablan de Jerusalén como la capital política y religiosa de los antiguos judíos. Existen innumerables pruebas arqueológicas, a lo que se suman los escritos romanos (entre otros). Incluso en la ahora capital de Italia se alza el Arco de Tito, levantado para conmemorar la victoria de Roma sobre los judíos en Jerusalén y la destrucción de su Templo.
Pero es que incluso desvincular Jerusalén del judaísmo supondría en última instancia desvincularlo del islam. La religión fundada por Mahoma toma de la fe de Moisés la historia de la orden de Dios a Abraham para que sacrifique a su hijo (Isaac para judíos y cristianos, Ismael para los musulmanes). Y  donde se iba a realizar tal sacrificio, que al final fue de un cordero, era precisamente el monte Moriah.
La UNESCO no defiende en este caso la cultura, sino que realiza una acción política contra los judíos que en el fondo se convierte en un ataque contra la tradición y las raíces históricas de millones de hebreos y cristianos así como de (aunque no se pretenda) musulmanes.

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