jueves, 13 de octubre de 2016

Richard Tol: la estructura del debate climático. Y propuesta de impuesto simple a las emisiones.

Plazaeme se hace eco del trabajo del economista especialista en "cambio climático" Richard Tol, que da de lleno en el debate sobre el cambio climático, poniendo el dedo en la llaga sobre las no soluciones que se aplican al tema por los políticos, lo que de por sí es sospechoso, dado que dicho tema es curiosamente y por distintas circunstancias, la herramienta política ideal.

Artículo de PlazaMoyua:
Esta puede ser la parte económica y política de una vieja tesis jamás refutada. Que los impulsores de las políticas contra el “cambio climático” actúan como si no creyeran que el “cambio climático” fuera un problema. Lo hemos visto muchas veces en el apartado técnico. Si crees el cuento del clima, debes creer en reducir las emisiones de CO2. Y para ello hay claras soluciones, posibles soluciones, y claras no soluciones. Veíamos:
Claras soluciones (aunque no suficientes):
– Cambiar petróleo y carbón por gas y energía nuclear en la producción de energía.
Posibles soluciones (buena apuesta):
– Invertir en investigación de alternativas de generación de energía. Desde las obvias, como nuevas centrales nucleares de sales fundidas, hasta las mas “imaginativas”.
Claras no soluciones:
– Invertir en “cacharrines verdes” (molinos, placas solares) que no pueden solucionar el problema.
Todo esto no es polémico. Y es medible. Ni el protocolo de Kyoto ni los cacharrines verdes han hecho nada a las emisiones.
kyoto-y-co2
Es como el comunismo. La idea es estupenda, pero se ha aplicado mal. Hay que ahondar. Ya, ya.
El economista especializado en economía del “cambio climático” Richard Tol acaba de publicar un trabajo que mira la parte político económica de lo mismo. Lo que funcionaría comparado con lo que hacen. Y también explica por qué. Me parece imprescindible para entender de lo que hablamos.
A pesar del título es francamente muy legible. Y me encanta como acaba:
Acknowledgements: This paper benefit greatly from twenty-five years of discussions on climate policy with people from across the political spectrum and a wide variety of backgrounds, academic or otherwise. Unfortunately, no one has agreed to put a cheque in the post for writing what I wrote.
La tesis es clara, y yo creo que obvia. Puedes creer que el Calentamiento Global Acojonante es un problema, o no creerlo. Y todos sus intermedios. Pero por una parte es obvio que la batalla política la han ganado los “alarmistas” (Tol no les llama así), y por otra parte no es menos obvio que las políticas que llevan a cabo no conducen a reducir las emisiones. Y ni siquiera es un error; no parecen diseñadas para conseguir el objetivo. Están todo el rato mezclando otros propósitos con el problema oficial. Unos quieren transferir poder a organismos supranacionales, sean la ONU, la UE, o ambos. Otros lo toman como un problema de género, de desarrollo, de comercio justo, de derechos laborales y empleo, un combate contra el capitalismo; y cada loco con su tablón.
También señala algo demasiado evidente. La política contra el “cambio climático” es la herramienta política ideal. Vaya, un sueño:
La política climática es perfecta para los políticos. El cambio climático es un problema que abarca el mundo y dura siglos. Una reducción sustancial de las emisiones requiere décadas y un grado de cooperación global. Esto ofrece la oportunidad para los políticos de canalizar su Bruce Willis interno y hacer grandes promesas sobre salvar el mundo. Al mismo tiempo, la mayor parte de la carga de hacer realmente algo -y dañar a los votantes- se puede trasladar a un sucesor. Hay convenientes extranjeros a los que culpar de la inacción actual. El cambio climático es un caso ideal de sobre-promesa y sub-entrega.
También se puede medir, y lo hace. La política climática lleva un par de décadas siendo una prioridad.
Cuando entró en vigor laUnited Nations Framework Convention on Climate Change (UNFCCC), se organizaban dos o tres encuentros al año. Ahora hay dos o tres encuentros a la semana.  Unos 800 personas acudieron a la COOP de Berlín en 1995. Hubo 40.000 delagados en la COOP de Copenhague en 2009.
Han creado una burocracia gigantesca para no conseguir exactamente nada. Salvo la ficción de que están haciendo algo. Y sin embargo …
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Tol propone lo que proponen muchos otros economistas. Que la única política con sentido ante un problema así es un impuesto a las emisiones de CO2. Es la propuesta clásica cuando quieres desincentivar el uso de algo. Y el aparato logístico para implementarlo ya existe, sin necesidad de grandes burocracias supranacionales. Y tampoco se necesita una “gobernanza mundial”; los tratados y las organizaciones de comercio que ya existen pueden (y suelen) conseguir objetivos de ese tipo. Armonizaciones impositivas y tal. Y pueden castigar al que no cumple. Pero prefieren lo que no funciona. Unas políticas climáticas complicadísimas que nadie entiende, y distintas en cada país. Y decenas de miles de personas negociando y viajando a lugares muy apetecibles, para producir tratados no vinculantes.
Además, un impuesto creciente (primero suave) estimularía la inversión en investigación de alternativas energéticas; pero en producción … sólo cuando el producto de la investigación sea rentable. Porque la propuesta es hacer sólo el impuesto; sin subvencionar negocietes renovables. Y por supuesto sin usar la disculpa del cuento del clima para otras cosas, que es lo que haría alguien que se cree  el cuento realmente.
Parece de cajón. Si te hablan de un problema que creen muy serio, que empiecen por tener seriedad ellos. En vez del vacile de arrimar cada cual el ascua a su sardina política. Yo por ejemplo no creo que el CO2 sea un problema, sino una bendición. Pero sé que puedo estar equivocado, y estoy dispuesto a aceptar democráticamente un error de la mayoría. Siempre que actuemos en serio. Y en este caso estoy de acuerdo con los científicos alarmistas más conocidos; lo que están haciendo no es serio.
Espero haberos inducido a leer lo de Richard Tol.

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