lunes, 28 de noviembre de 2016

Ganar dinero. El #FenómenoMercadona

J.M. López-Zafra analiza el caso Mercadona y su verdadero pecado, que es lo que realmente levanta animadversión. 

Artículo de Elige Libertad:

“El empresario no paga los sueldos. El empresario solo gestiona el dinero. El cliente es quien paga los sueldos.” Henry Ford

Como ocurrió con Inditex meses atrás, el fuego de la sugerencia cuando no de la acusación indisimulada ha vuelto a prender en las redes gracias a la actividad informativa, esta vez con una de las empresas de distribución alimentaria más importantes de España, Mercadona, y que, curiosamente como la anterior, menos gasta en publicidad.

Fundada en 1977 por un empresario valenciano que sigue acudiendo cada día a la sede en la tienda que abrieron sus padres, Mercadona es hoy reconocida en todo el mundo como un ejemplo de eficacia y éxito en la gestión. Su modelo de negocio se estudia en decenas de escuelas de negocio de todo el mundo, como la de Organización Industrial, Comillas o Harvard, entre otras. Su modelo de calidad total cubre los cinco ejes esenciales sobre los que debería pivotar toda actividad de distribución: los clientes (o jefes, en la terminología interna de la empresa), los trabajadores, los proveedores, la sociedad y el capital.

“Se ha cargado el comercio de proximidad”, dicen los mismos que lo abandonaron por Mercadona, tomando la decisión libre de entrar en sus tiendas a satisfacer sus necesidades de calidad a precios bajos. “No es bueno lo que venden”, acusan, conocedores de cuáles son los gustos de los cientos de miles de españoles que cada día entran a comprar en cualquiera de sus más de 1500 tiendas… 

Seguro que hay actividades mejorables, porque en toda actividad humana existe la posibilidad de mejora. Hay proveedores que se quejan del tiempo transcurrido desde que la empresa admite el producto y lo pone a la venta, con la marca blanca al lado bien visible y con un envoltorio similar. El proveedor conoce el juego y aunque desearía que fuese otro, lo acepta, sin duda. “Tengo que estar allí. Es un 20% de las ventas nacionales”, me dijo hace años una ex alumna responsable entonces de un conocido zumo de frutas. Resulta extraño que esta crítica no apareciese por ningún lado.

Pero en un país con la mayor tasa de temporalidad del mundo, donde se pretende imponer un salario mínimo que sólo puede perjudicar a sus principales teóricos beneficiarios, al dejarlo fuera del mercado laboral, criticamos a una empresa que ofrece un contrato fijo a todos sus empleados desde el primer día, que ha creado 14.000 empleos directo en los últimos ocho años, los más duros de la crisis, y que ha repartido casi dos mil millones de euros en bonificaciones salariales a sus empleados en ese mismo período. Una empresa que ofrece formación y promoción a sus empleados desde el primer año, y que si el primer año ya cobran alrededor de 1.300 euros mensuales (casi el doble del salario mínimo), en sólo cuatro alcanzan los 1.700 euros mensuales, que se convierten en 1900 con el prorrateo de las pagas de beneficios; esta cifra está sólo ligeramente por debajo del sueldo de un profesor contratado doctor en la universidad pública, y la cobran el 90% de los empleados de la cadena de distribución.

En un país donde hablamos de precariedad laboral, de dignidad (equiparándola al sueldo) y de salarios mínimos, sacudimos a una empresa que contrata, lo hace de forma indefinida, se preocupa de la formación de sus empleados y les paga salarios muy por encima de la media del sector. En uno de los sectores más competitivos del mundo, el retail de alimentación, Mercadona ha triunfado, pasando de 1210 tiendas en 2008 a 1574 al cierre de 2015, un 30% más, con un incremento de las ventas aún mayor, del 36%, desde los 15.400 millones de euros a los casi 21.000. Y sí, efectivamente, Mercadona gana dinero. Ese es quizá su gran pecado. Ganar dinero después de dar trabajo estable a 76.000 personas de forma directa e indirecta a más de 600.000, de repartir 280 millones de euros del beneficio de 2015 entre sus trabajadores, de colaborar con 7.500 agricultores, más de 12.000 pescadores y más de 4.000 ganaderos, de crear un cluster industrial de transformación de más de 240 fábricas con más de 47.000 empleados.
Ganar dinero después de haber generado una inversión conjunta con sus proveedores de más de 3.000 millones de euros en los últimos 6 años, los de la crisis, esos en los que las empresas despedían y cortaban la inversión esperando tiempos mejores. Ganar dinero después de comprar en España el 85% de su volumen total de compras (lo que algunos llaman “dar trabajo fuera”, que además de ser falso, como vemos, es contradictorio con sus campañas de ayuda al desarrollo, el cero siete y el pose del welcome refugees, cuando no hay mejor ayuda al desarrollo que el comercio, como Inditex viene demostrando desde hace años). Ganar dinero después de pagar 555 millones de euros en cotizaciones sociales, 243 millones en el impuesto de sociedades (el 25% de su beneficio) y más de 80 en otros impuestos y tasas – sólo en 2015.


Ganar dinero, sí. Tanto Roig como Ortega ganan dinero. El pecado de quienes entendieron un negocio, innovaron, arriesgaron y triunfaron, sin necesitar subvenciones ni conseguir rebajas de ivas culturales. El estímulo para mejorar. El premio al trabajo bien hecho. Ojalá todos pudiésemos crear la milésima parte de la riqueza que ellos han creado. Ojalá hubiese un Mercadona potencial en cada uno de nosotros.

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