lunes, 21 de noviembre de 2016

Viviendas Colau

Carlos Rodríguez Braun sobre la incoherente demagogia de Ada Colau al respecto de las viviendas en alquiler en Barcelona y su intención de controlar los precios.
Artículo de Libre Mercado: 
Ada Colau | EFE
La incoherente demagogia de Ada Colau y sus secuaces populistas a la hora de perseguir a los ciudadanos que alquilan sus viviendas ha sido subrayada hace unos meses con acierto por Juan Ramón Rallo en La Razón. Pero con posterioridad la alcaldesa de Barcelona ha añadido una perla más a su catálogo, al sostener que, como los propietarios de pisos eligen alquilárselos a los turistas, se reduce la oferta de viviendas en alquiler para los ciudadanos residentes o que aspiran a residir en la capital catalana, y por tanto aumentan los alquileres, lo que doña Ada quiere resolver controlando los precios a la fuerza. Cree que sus incursiones contra los propietarios se justifican porque las viviendas turísticas "vulneran los derechos básicos", porque hay personas que no pueden acceder a una vivienda.
Yendo de adelante hacia atrás, empecemos por este último punto, acaso el más patente y más absurdo: si yo soy propietario de una vivienda y elijo alquilársela a un turista, es incuestionable que no estoy violando ningún derecho de nadie, porque no hay ninguna relación entre ese acto y la posibilidad de que otra persona pueda alquilar una vivienda en Barcelona, o no. Habrá que recordarle a la alcaldesa que sus súbditos también tienen derecho a disponer de sus viviendas como juzguen conveniente… ¿o no?
El siguiente dislate de doña Ada es pretender resolver la escasez de viviendas en alquiler controlando su precio. No se trata sólo de que haya miles de años de análisis teórico y de experiencia práctica que prueban que el control de los precios de las cosas tiende a hacer desaparecer esas cosas. Desde Diocleciano hasta Nicolás Maduro, pasando por toda la historia del comunismo, la señora Colau podría entretenerse repasando episodios de escasez creada precisamente por la intervención de las autoridades en los precios.
Pero, incluso más, no es necesario que la alcaldesa repase la historia mundial: basta con que recuerde lo que sucedía en Cataluña y en el resto de España gracias al control de los alquileres. Porque lo mismo que quiere hacer ella, y por las mismas razones, lo hizo hace décadas la dictadura franquista. El resultado fue la reducción de la oferta de viviendas en alquiler, aparte de otras consecuencias nocivas, como la desatención en el mantenimiento de las viviendas cuyos alquileres, al estar controlados, caían por debajo del coste de dicho mantenimiento para los propietarios. Fue un desastre el control de los alquileres, y fue un desastre allí mismo, en su Barcelona, señora Colau.
Y, por fin, está la idea de que la reducción de la oferta encarece los alquileres. ¿Por qué cree la señora alcaldesa que es un hecho permanente y que exige su intervención, con las consecuencias negativas para el pueblo que acabo de reseñar? Es curioso que no piense que ello puede tener otro efecto, lógico y natural, que es, precisamente, atraer a más oferentes al mercado, aumentando así el parque de viviendas en alquiler para todos, siempre que las intrusiones de las Administraciones Públicas no lo impidan, dificulten o encarezcan artificialmente.

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