lunes, 21 de noviembre de 2016

La subida de las tasas universitarias mejora las notas y el porcentaje de aprobados

D. Soriano se hace eco del reciente estudio de Fedea (por profesores de la Universidad de Valencia) sobre los efectos que han tenido el aumento de las tasas universitarias (una de las medidas más polémicas de la reforma). 

Y los resultados (positivos) han sido evidentes, como se expone a continuación.
Artículo de Libre Mercado: 
Rectorado de la Universidad Complutense de Madrid durante "Las jornadas Solidarias con las Afectadas por las Tasas", en 2013. | Cordon Press
José Ignacio Wert no ha sido el político más querido de la democracia española. Las últimas noticias que teníamos del exministro de Educación apuntaban a que andaba por París, como embajador español ante la OCDE, uno de esos cargos a los que los gobiernos gustan de enviar a los políticos jubilados. El nombramiento no fue especialmente estético y, desde luego, no ha servido para mejorar la imagen de alguien que llegó al Gobierno como un outsider de la política, con buenas relaciones en los medios y la titánica tarea de reformar la educación española.
Sin embargo, en esta semana, Wert debe sentirse, en cierto modo, reivindicado. Ignoramos si habrá llegado a sus manos el trabajo que el pasado lunes publicaba Fedea, obra de P. Beneito, J.E. Boscá y J. Ferri, de la Universidad de Valencia. Si no lo conoce, alguien debería mandárselo. Porque el estudio, titulado "Tasas y esfuerzo de los estudiantes en la universidad" supone la constatación de que una de las medidas más polémicas de las aprobadas por Wert en su etapa como ministro de Educación (y una de la que más quebraderos de cabeza le causó, incluidas varias huelgas de estudiantes e innumerables manifestaciones) fue acertada.
Según los datos que estos tres profesores han recopilado para su paper, la subida de las tasas universitarias acordada en 2012 ha generado una mejora de todos los indicadores académicos asociados al esfuerzo. Las notas han subido, la probabilidad de aprobar en primera matrícula ha aumentado y el número medio de veces que un estudiante se matricula de una asignatura antes de aprobar ha caído. Es decir, los incentivos también funcionan aquí. Los universitarios españoles, enfrentados a un coste más alto en sus estudios, se han puesto las pilas. Y un apunte interesante: han sido los peores estudiantes los que mejor lo han hecho en términos relativos.
Beneito, Boscá y Ferri se plantearon cómo diferenciar el efecto de las tasas de otros posibles cambios acaecidos desde 2012. Y resuelven este problema con un modelo interesante para el que utilizan los datos de matriculación de los estudiantes de su universidad.
Los autores dividen a los estudiantes universitarios en dos grupos: aquellos afectados por la subida de las tasas y aquellos que tienen una serie de características especiales y para los que la matriculación era gratuita antes y después del cambio normativo (familias numerosas, estudiantes con incapacidad igual o superior al 33% y víctimas del terrorismo). Este grupo de control está exento de las tasas ahora y lo estaba antes de 2012, por lo que la situación no ha cambiado para ellos. Por lo tanto, parece razonable plantearse cómo lo han hecho estos estudiantes en comparación con aquellos otros universitarios a los que sí les subieron las tasas en 2012.
Su conclusión es que aquellos enfrentados a una subida de las tasas mejoraron su rendimiento, tanto en el porcentaje de aprobados como en las notas medias. Hay que recordar que el principal efecto de la subida de las tasas se ha sentido en las asignaturas suspendidas. Por lo tanto, se podía intuir que el principal efecto sería el de incentivar a los alumnos a aprobar cuanto antes, para no verse enfrentados a los efectos de la repetición. Y lo cierto es que los resultados indican que Wert y su equipo consiguieron su objetivo:
  • Ha mejorado las calificaciones.
  • Ha reducido el número medio de veces que un estudiante se matricula antes de aprobar.
  • Ha aumentado la probabilidad de aprobar en primera matrícula.
  • El efecto de la medida sobre el rendimiento académico es mayor para los estudiantes más débiles que para los mejores estudiantes, mayor para economía-ADE que para medicina y ha aumentado entre los años 2012 y 2014.
  • A modo de ejemplo, los estudiantes más débiles en economía y ADE han aumentado la probabilidad de aprobar en primera matrícula en 10 puntos porcentuales, y han reducido a la mitad el tiempo extra requerido para aprobar un módulo.
  • La principal reacción de los estudiantes más aventajados al aumento del coste de la matrícula se observa en un aumento de las calificaciones (de 0.8 puntos sobre 10 en economía y ADE y de 0.6 puntos en Medicina).
Libre Mercado habló con Javier Ferri, uno de los autores, la pasada semana. Nos explica que no sólo analizaron al conjunto de los estudiantes, sino que dividieron a estos en dos grupos en función de su nota de entrada en la universidad. El primer grupo lo formaba el 20% de los nuevos universitarios con mejores notas y el 80% restante. Pues bien, son estos últimos los que mejor han reaccionado a la subida de las tasas: "Los buenos también mejoran algo, pero la mejora en la probabilidad de aprobar es menor, porque ya antes tenían muchas posibilidades de aprobar. Para un estudiante muy bueno, más esfuerzo no aporta tanto en términos de más aprobados. Por otro lado, para el estudiante medio el coste de la medida es mayor porque tenía más posibilidades de suspender. Los estudiantes han puesto más esfuerzo".
La segunda pregunta tiene que ver con el profesorado. Podría pensarse que la mejora en los resultados está asociada a una actitud más laxa de los profesores, que habrían levantado la mano sabiendo que un suspenso extra podría ser muy doloroso para su alumno. Ferri recuerda que por eso han dividido en dos la población universitaria y han usado un grupo de control al que no le afectaba la subida de las tasas. Los resultados no sólo muestran que los resultados mejoran desde 2012, sino que mejoran más en los estudiantes a los que les afectan las tasas respecto a los demás: "La actitud del profesor tendría que ser igual para el grupo tratado que para el grupo de control. El profesor no va preguntando si uno tiene o no tiene beca. El efecto positivo se produce en la comparación entre el grupo de control y los demás estudiantes".
Por último, también podríamos plantearnos si el efecto de la subida de las tasas se diluirá con el paso del tiempo. La duda es: quizás en los primeros años, cuando había muchas noticias sobre la medida y los estudiantes eran muy conscientes de las nuevas tasas, se empeñaron en sacar mejores notas. Pero según esto vaya cayendo en el olvido, los resultados académicos tenderán a estancarse. Sin embargo, Ferri explica que uno de los resultados más curiosos de su investigación es que "el efecto tiende a aumentar con los años [en los tres ejercicios a lo largo de los que se desarrolla su investigación]. Detectamos una mejora en las notas a lo largo del tiempo. Quizás con más tiempo se estabilizará la mejora. Pero habría un efecto positivo respecto a situación anterior, porque los costes [la subida de las tasas y los incentivos asociados a la misma] seguirán estando ahí".
Además, estos tres profesores no se han quedado en el análisis de los datos reales a partir de 2012. También han ideado un modelo teórico en el que plantear varias alternativas al diseño de esta reforma de las tasas. De esta manera, analizan dos escenarios posibles, que podrían recaudar lo mismo que se ha obtenido en estos años, pero con dos diseños diferentes. En el primero, el extra de recaudación se conseguiría elevando todas las tasas por igual. Mientras, en el segundo escenario se mantienen sin tocar las tasas de la primera matrícula y se penaliza más a los repetidores.
Los autores creen que éste segundo escenario es más eficiente y consigue mejores resultados: "Nuestros resultados sugieren que el diseño basado en mantener las tasas de entrada y aumentar la penalización en el coste de la matrícula de los repetidores provoca el mayor efecto positivo sobre el rendimiento académico, a costa de un mayor esfuerzo de los estudiantes. Dado que este diseño es el que menos distorsiones genera sobre la decisión de entrar en la universidad, creemos que es el más adecuado para satisfacer simultáneamente el objetivo de recaudación y de ganancia de eficiencia en la utilización del servicio público de la educación universitaria".

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