jueves, 3 de noviembre de 2016

Así es la democracia

Javier Pérez Bódalo sobre la democracia y la histeria colectiva que se ha adueñado de ciertas facciones políticas, incapaces de aceptarla cuando no tienen el poder. 


Una histeria colectiva se ha adueñado de la izquierda mediática. El lloriqueo neurótico inunda las redes, en un pobre intento de autocompasión que pretende convencernos de que todo esto se debe a que “la gente vota mal”. Una visión de que la realidad de la calle es una, y los resultados son otros. Una España en la que el votante ha errado el tiro y ofrecido el gobierno a unos señores muy malos que no representan a nadie. Gente que se equivoca votando. Como si hubiera un modo correcto de echar la papeleta.
Cuando nos dicen que hace falta más educación para ser demócratas, quieren decir más adoctrinamiento. Si nos cuentan aquello de que la sociedad necesita formación cívica, hablan de más Educación para la Ciudadanía. No se engañen: la gente sólo vota bien si vota a los suyos. Si no, es que es un pueblo alienado, inculto e ignorante. O mejor aún, la nueva: un pueblo con miedo, que no se atreve a cambiar. Una especie de gente asustada por el gobierno que vota PP o Ciudadanos por terror. Paradójico que hablen de miedo los que apoyan a terroristas en los escaños. Los que creen que los asesinos son hombres de paz.
Que Rajoy, Trump y Le Pen ganen también es democracia. También resulta de sumar dos más dos, y es voluntad del pueblo. La democracia no es crear una Constitución como la de 1931 a medida de media España, o aquella Francia en la que se mataba al reaccionario por no ser revolucionario. Democracia es que la mitad más uno, contra la voluntad de la minoría restante, mande. Así de sencillo y así de terrible, un sistema indeseable de dictadura vía papeleta. No parecía preocupar a los demócratas el sistema cuando Zapatero cosechaba mayorías; no era ningún problema el pacto o la suma de escaños si eran Carmena o el Kichi los agraciados. Los métodos de aritmética parlamentaria son de la gente hasta que dejan de beneficiar a la gente. Entonces, se convierten en mafia, golpes de estado y dictaduras. A partir de ahí, es lícito rodear el Congreso. Y cuando eso pasa, está bien apedrear a diputados.
Será más sencillo, menos problemático y más legítimo votar menos cosas. Si Rajoy tiene la llave del presupuesto para cultura, colegios y subvenciones, todos querrán rapiñar el pastel. Pero si los museos se pagan con sus entradas, los colegios se sustentan con lo que los padres aporten y las subvenciones desaparecen, no habrá tanto problema con el Gobierno. Cuando el Estado se circunscriba a gestionar lo básico y olvide su función salvadora, cuando los votantes entiendan que su vida está en sus propias manos y no en las de los burócratas, la urna pesará menos. Hasta entonces, la democracia seguirá siendo la guerra por el mando, la lucha por el poder legal. Y en días como hoy, en los que la austeridad y el recorte del gasto se han revelado como únicas formas de salir del agujero, los demócratas de toda la vida lloran, porque los españoles son demasiado tontos y han votado muy mal. Porque han dado la llave del BOE a un señor que no les gusta.
¿No querían democracia? Ahí van sus dos tazas.

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