miércoles, 14 de octubre de 2015

Pemán y los comunistas

Carlos Rodríguez Braun analiza otra muestra de "voladura de la transición democrática en España llevada a cabo por la izquierda que prefiere ahora ignorar que la clave de dicha transición fue la reconciliación y la superación del pasado, no con el olvido sino con el reconocimiento de que las dos Españas que llegaron a la Guerra Civil tenían mucho que hacerse perdonar".
Otra muestra de la reinstauración del revanchismo que "que demuestra que no puede haber reconciliación entre quienes ejercitan “una memoria prodigiosa para los errores y crímenes de sus contrarios, y poca o ninguna para los suyos”.

Artículo de su blog personal: 
La voladura de la transición democrática en nuestro país es una seña reciente y funesta de la izquierda, que prefiere ahora ignorar que la clave de dicha transición fue la reconciliación y la superación del pasado, no con el olvido sino con el reconocimiento de que las dos Españas que llegaron a la Guerra Civil tenían mucho que hacerse perdonar.
La penúltima muestra de la reinstauración del revanchismo fue la retirada del busto de José María Pemán del teatro Villamarta, y la declaración de Ana Fernández de Cosa, concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, que llamó fascista y asesino al escritor gaditano, muerto en 1981.
No faltarán supuestos historiadores que, ignorando todo el contexto histórico, subrayen aspectos de la biografía de Pemán que, por cierto, no son diferentes, y desde luego no son peores, que los aspectos de intelectuales del otro bando. Conviene recomendar una y otra vez Las armas y las letrasde Andrés Trapiello, que demuestra que no puede haber reconciliación entre quienes ejercitan “una memoria prodigiosa para los errores y crímenes de sus contrarios, y poca o ninguna para los suyos”.
Una de las muestras de que la llamada memoria histórica no es ni una cosa ni la otra, sino que es un intento de utilizar momentos espeluznantes de nuestro pasado parcialmente y por motivos de promoción de agendas políticas del presente, es que la izquierda se obstina no sólo en distorsionar el pasado de los demás sino en no recordar el suyo propio.
El Partido Comunista de España, en febrero de 1957, emitió una declaración en la que afirmaba que su política “entraña la idea de que es muy difícil, si no imposible en este momento, una transición pacífica de la dictadura a la democracia sin alguna o algunas de las fórmulas intermedias que abran el camino a una situación en que la soberanía popular pueda manifestarse libremente”. Por eso los comunistas se prestaban a apoyar la formación “de un gobierno compuesto por elementos liberales de diverso matiz”. Apunta Santos Juliá: “Se sabía lo que se quería decir por elementos liberales en 1957: falangistas disidentes, monárquicos, demócratas cristianos de diversas tendencias” (Santos Juliá, Camarada Javier Pradera, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2012, página 76).
Pero además, para que no hubiera dudas, el propio PCE explica a quién se está refiriendo, y habla en concreto de los firmantes de una carta enviada al ministro de Educación en noviembre del año anterior reclamando la libertad de los estudiantes encarcelados. Eran personas que para los comunistas convenía incluir en “el camino hacia una consulta democrática del pueblo”.  Los comunistas confiaban en esos hombres, porque no eran comunistas, pero obviamente no podían ser fascistas asesinos.
Eran personas como José Luis Sampedro, Gregorio Marañón, José Luis Aranguren, Dionisio Ridruejo, Azorín, García Berlanga, Luis Rosales, Pérez de Ayala, Julián Marías, y… ¿a quién más integraban los comunistas como un aliado en el camino a la democracia y la libertad? Pues sí: a José María Pemán.
(Artículo publicado en La Razón.)

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