viernes, 16 de octubre de 2015

Políticos quebrados

Carlos Rodríguez Braun analiza la "confluencia de diagnósticos" de todos los políticos en cuestiones de Hacienda y fiscalidad. Todas las autoridades nuevas se quejan de las previas y la situación de sus arcas, y a los siguientes les ocurre exactamente lo mismo. 
Todos reclaman más impuestos, pedir más dinero al Estado y aumentar el gasto. Y siempre tienen una justificación...

Artículo de su blog personal: 
Las elecciones autonómicas y municipales han provocado una confluencia de diagnósticos económicos. Si los políticos de todos los partidos presumen de ser muy diferentes de los demás, pero en realidad se parecen todos bastante, en el caso de los mensajes específicamente hacendísticos esa similitud es aún más acentuada, particularmente en períodos de relativa penuria del fisco.
Y así ha vuelto a suceder, y desde diversas administraciones a escala regional o local se nos ha asegurado que sus respectivos Tesoros están exangües, que la quiebra sobrevuela inquietante ante el horizonte, y que, naturalmente, las nuevas autoridades no tenían ni idea de que los apuros hacendísticos eran tan acusados, con lo cual habrá que pedir más dinero al Estado, eso siempre, y si no es suficiente, pues qué le vamos a hacer, habrá que subir los impuestos y soportar el coste político que tamaña renovada usurpación comporta.
Desde la Moncloa se quejan, pero en 2011 siguieron el mismo guión, alegando que los habían engañado los socialistas, que el déficit era muy superior a lo que habían jurado Rodríguez Zapatero y sus secuaces, y que por lo tanto, por nuestro bien y para garantizar la “sostenibilidad del Estado del bienestar”, nos tenía que subir los impuestos muy a su pesar.
Esta norma política es general en momentos de recesión o de crecimiento débil. En cambio, en la fase expansiva del ciclo hay dos opciones. Los gobernantes más carnívoros en su antiliberalismo se dedican a subir el gasto público no solamente todo lo que pueden sino más de lo que pueden, sembrando la semilla para toda clase de dificultades cuando se produzca la llegada de las vacas flacas.
En cambio, los que son más vegetarianos en su propensión intervencionista combinan la subida del gasto, que siempre se produce, con una pequeña reducción de impuestos, no vaya a ser, otra vez, que pongamos en peligro lo que realmente importa, es decir, el Estado. Conviene no olvidar que la preservación de dicho Estado es el objetivo primordial de todos los Gobiernos del mundo, sin distinciones partidistas ni ideológicas.
El populismo generalizado de nuestras administraciones sigue el modelo de decir que la situación es muy mala, por si acaso se ven “obligadas” a subir los impuestos. De bajar el gasto, nada. Y si la mayor recaudación derivada de la mayor actividad no alcanza para sufragar dicho gasto, el gran esfuerzo político será crujir al personal sin que se queje. Pero crujirlo, siempre crujirlo.
Así, por ejemplo, la alcaldesa Ada Colau aumentará el precio de las zonas azules en Barcelona: es evidente que ese atraco no lo pagarán los ricos, pero siempre se podrá aducir que es por el medio ambiente. En Madrid se han unido todos contra Carmena y su delirante plan de castigar todavía más a las empresas. Pero yo que usted mantendría la cabeza fría y la cartera a buen recaudo, porque, ya se sabe, el Ayuntamiento está quebrado, tiene muchos gastos “sociales” y entonces…
(Artículo publicado en La Razón.)

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