domingo, 11 de octubre de 2015

Renovables: el tiempo nos ha dado la razón

Lo advertíamos y denunciábamos algunos durante años. Las consecuencias de la planificación centralizada y el brutal intervencionismo sobre el sector energético iban a ser dramáticas por lo que conllevaban (empobrecimiento energético brutal para el conjunto de ciudadanos, precios energéticos disparatados que se iba a producir, engaño al conjunto de ciudadanos sobre las consecuencias de dichas políticas (lo que no es otra cosa que el déficit de tarifa para posponer el coste real de las ayudas y medidas asumidas para satisfacer los sueños "húmedos" de los políticos de turno), subvenciones sin fin financiadas vía impuestos crecientes y expropiatorios, ineficiencia y mala asignación de recursos enorme, lo que daña al resto de sectores y trabajadores del resto de la economía, beneficios particulares y de lobbies varios (eléctricos, renovables, políticos, verdes...), creación de inseguridad jurídica que provoca la salida de capitales y aleja la inversión (daña la economía, crea paro, reduce salarios al reducir la productividad marginal y reduce o frena la prosperidad), crea incentivos perversos y corrupción debido al efecto llamada que supuso y a las subvenciones gratis (pagadas por otros) que genera y un daño enorme al contribuyente y consumidor.

Pero nada de esto importaba a corto plazo (las consecuencias siempre vienen a medio y largo plazo y luego las culpas se suelen achacar a otros responsables o a otras causas para esconder la realidad y salir indemne). El truco siempre es buscar una justificación "buena". Ser los "number one" en eso (no importa el coste ni las consecuencias ni la capacidad para llevar a cabo dicha tarea) o ser los más "verdes" (pero mucho más pobres y contaminantes con políticas energéticas incongruentes como mantener artificialmente el carbón (lo más contaminante), gastar y gastar en un momento inicial de la curva de aprendizaje (con la ineficiencia energética y coste que ello supone -lo que contamina mucho más-) acabando con los recursos que en un futuro se podrían emplear mucho mejor y más eficientemente...

En su conjunto, teníamos todos los elementos para crear otra burbuja, en este caso la renovable (fundamentalmente la fotovoltaica) y cuyo estallido era más que previsible, aún a pesar de que la gran mayoría (partidos, medios, ciudadanos) se creyó y apoyó tal despropósito, pero que se queja ahora de las consecuencias del brutal coste de la planificación política y arbitraria en materia energética (pero curiosamente son muchos los partidos que inciden en repetir las mismas políticas con los mismos efectos e incentivos perversos que provoca).

Al menos, uno de los creadores de dicho despropósito (y es raro que un político -será porque ya no lo es- reconozca un error), Miguel Sebastián, exministro socialista de industria y responsable directo de la burbuja fotovoltaica, reconociera que "se les fue la olla" con las renovables...


Artículo de Libre Mercado:

El desastre de las energías renovables ha sido de tal calibre en España que hasta los propios artífices del desaguisado se han visto obligados a entonar el mea culpa, reconociendo así los graves errores cometidos en esta materia. "Se nos fue la olla" con las renovables, tal y como ha admitido esta semana el exministro socialista de Industria Miguel Sebastián, responsable directo de la ruinosa burbuja fotovoltaica gestada bajo el anterior gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, de poco valen las disculpas a estas alturas, puesto que el daño ya está hecho y la onerosa factura correrá a cargo de todos los españoles.

El tiempo es sabio y, por tanto, da y quita razones. Y no sólo a los políticos. Al menos, nos queda el consuelo de que algunos advertimos desde el principio de las fatales consecuencias que acarrearía el perverso sistema de primas renovables para el conjunto de consumidores y empresas. La inmensa mayoría de medios de comunicación, a diferencia de Libertad Digital, aplaudieron sin reparo las falsas promesas de desarrollo, empleo y bienestar que tan irresponsable e imprudentemente prometían Zapatero y sus ministros, con el apoyo de sindicalistas, ecologistas y buena parte de los partidos políticos. El PSOE se fijó como objetivo convertir a España en el líder mundial de la energía renovable y, por desgracia, lo consiguió.

La receta fue muy simple, al tiempo que cara. El Gobierno se comprometió a convertir en millonarios a todas aquellas empresas e inversores dispuestos a producir energía renovable gracias al pago de unas desorbitadas primas y la concesión de grandes privilegios dentro del complejo y ultraintervenido sistema eléctrico nacional. Dicho y hecho. Ante semejante ganga, España no tardó mucho en liderar la producción de energía verde a nivel mundial, generando una enorme burbuja cuyo estallido era más que previsible. Desde este periódico se advirtió reiteradamente del dislate, avanzando con años de antelación la ruina que, posteriormente, tendría lugar.

El problema es que las consecuencias de esos graves errores políticos permanecerán en el tiempo. Pese al recorte de las primas, el coste de las renovables suma un total de 200.000 millones de euros, equivalente al 20% del PIB, dejando tras de sí una enorme deuda con las eléctricas en forma de "déficit de tarifa" y, lo que es peor, una de las facturas de la luz más caras de Europa y del mundo desarrollado, con el consiguiente esfuerzo económico que deben realizar las familias y la importante pérdida de competitividad que sufren las empresas. Pese a ello, lo triste es que muchos parecen no haber aprendido la lección, y siguen defendiendo el fomento irracional de las renovables a base de subvenciones como futuro modelo de desarrollo económico.

La solución al problema de la energía es otro muy distinto. España, simplemente, necesita un sistema eléctrico libre, en el que productores y consumidores, y no los políticos, decidan qué tipo de energía producir y a qué precio, tal y como sucede en el mercado de otros muchos bienes y servicios. El tiempo ya nos ha dado la razón tras el fiasco de las renovables. Es cuestión de tiempo que vuelva a hacerlo con la posible solución al elevado precio de la luz que hoy padecen los españoles.

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