domingo, 4 de octubre de 2015

El socialismo como reacción a la corrupción del Estado

Anders Mikkelsen analiza la cuestión de la corrupción del Estado, y cómo ésta puede suponer un impulso primario en las personas hacia el socialismo y su causa, mostrando diversos ejemplos de la historia del pensamiento.

A su vez, contrapone la crítica libertaria a la corrupción del Estado y el socialismo.


Artículo de Mises Hispano:



Ambrose Bierce definía la política como un “conflicto de intereses disfrazado de lucha de principios. El manejo del interés público en beneficio privado”. En el pasado, muchos pensadores famosos han advertido ejemplos contemporáneos e históricos de corrupción del estado que se ajusta a esta definición y estos ejemplos a su vez fueron la inspiración para mucho pensamiento socialista.

Imaginad, si queréis, a un joven idealista en una ciudad estado griega o italiana, una corte europea del viejo régimen o una república del siglo XIX.[1] Desea justicia, cree en los principios por encima de los intereses y el bien público por encima del privado. Cree, como Lord Acton, que está bien hacer el bien. Como Rothbard, cree que hay valores absolutos. ¿Qué ve cuando mira en torno a su sociedad? Los poderosos viven en el esplendor de brillantes casas de piedra, rodeados por la opulencia de relucientes bronces, blancos mármoles, alfombras rojas y pinturas luminosas, mientras que las masas sufren en chozas y tugurios.

A los mejores les falta toda convicción: no tienen principios y son oportunistas, mientras que los peores están llenos de una intensa pasión por las ganancias. La política consiste en planes para eludir o saquear a los vecinos en el interior o el exterior. Un idealista se ve naturalmente sacudido por la riqueza y la avaricia de la clase dirigente de su república o reino.

Nuestro joven considera la situación. Hay corrupción: los poderosos están usando su poder para llenarse sus bolsillos. Se pregunta: ¿cuál es la causa original de este estado de cosas? ¿Por qué los dirigentes no se ocupan de la justicia y el derecho? Advierte que los poderosos que dirigen los asuntos en busca de ventajas privadas están evidentemente distraídos acumulando riqueza. Los ricos por otro lado usan su riqueza para obtener poder. Su conclusión es eliminar el origen de la corrupción: la acumulación de riqueza y propiedad privada.

Una vez se prive a la gente de la clase dirigente del deseo y la posibilidad de riqueza, cree, no tendrá otra cosa que hacer que dedicarse al bienestar del estado.[2] Una administración eficiente del derecho ya no se corromperá por la búsqueda de ganancias. Rehaciendo la definición de Bierce, si no se puede buscar las ventajas e intereses privados propios, la política se ocupará entones de los principios y el espíritu público.

Por definición, si una camisa sucia deja de estar sucia, estará limpia. Igualmente, si un gobierno corrupto deja de estar corrupto, será un buen gobierno. La solución es asegurarnos de que buenos hombres honrados no tocados por la avaricia estén en el poder.
Como señalaba Chesterton:
Muchos escritores ingleses imaginativos, incluyendo a Carlyle, parecen bastante incapaces de imaginar cómo fue que hombre como Robespierre y Marat fueron admirados vehementemente. La mejor respuesta es que fueron admirados por ser pobres, pobres cuando podrían haber sido ricos.[3]
Hay indudablemente un elemento de envidia en el socialismo: a muchos les gustaría echar abajo a los exitosos. Muchos revolucionarios desean ser dictadores. Indudablemente lo que están en el poder a menudo no impresionan. Giulio Andreotti, el personaje clave en la corrupta política italiana de las décadas de que van de 1970 a 1990 es conocido por decir: “Puedo ser un hombre normal, pero no veo gigantes por ahí”.[4]

El disgusto con la corrupción estatal y el cinismo político puede seguir siendo un impulso primario hacia el socialismo. La historia del pensamiento socialista, como se demostrará, contiene muchos ejemplos de ideas que son una reacción a la corrupción del estado.[5] El socialismo puede definirse fundamentalmente como un ataque a la propiedad privada y al actual estado ilegítimo de cosas. En concreto, el poder del ataque a menudo deriva de un ataque a la riqueza ilegítimamente obtenida y de su corolario, la suposición ilógica de que toda riqueza es corrupta y de que toda riqueza es corruptora.[6]

La crítica libertaria

Antes de ilustrar esta línea de pensamiento socialista, proporcionaremos primero la crítica libertaria y liberal clásica de la corrupción del estado y el socialismo. Mientras ve al socialismo como incoherente y contrario a la economía y la lógica, el liberalismo clásico sí está de acuerdo con que hay problemas muy reales con la corrupción estatal. De hecho, el liberalismo clásico aparece como oposición al mercantilismo: propiedad privada y privilegio estatal. Sin embargo los liberales defendían eliminar el privilegio estatal y mantener la propiedad privada.

La crítica libertaria es fundamentalmente la definición de la política de Bierce como una mascarada describe la realidad de la política estatal. El estado “corrupto” está en realidad funcionando como estaba pensado. La riqueza se origina en la actividad productiva de la gente. La función social del estado es transferir riqueza de unos bolsillos a otros. El estado se pensó para beneficiar al rey o a la clase dirigente de la ciudad y consigue beneficiar a la clase dirigente incluso cuando se ha librado del propio rey.

El análisis liberal de clase acepta que el estado corrupto se dedica al pillaje y añade el punto adicional de que todos los estados saquean por definición. No se puede protestar por el poder y los privilegios actuales por un lado y apoyar el poder y los privilegios por el otro. Los principios no respetan a las personas. Por tanto busca eliminar las oportunidades de pillaje limitando y desmantelando el poder del estado por principio. Un estado con poder limitado habría limitado la corrupción y plantearía una carga limitada sobre la sociedad.[7]

El idealista que ataca la corrupción pero no al estado confunde a éste con la sociedad y cree que la sociedad se desmoronaría sin el estado o la superestructura dirigente. Normalmente no entiende que el poder del estado es corruptor en sí mismo. Tiene fe en el estado. Cree en la propaganda que legitima el estado y quiere que el estado esté a la altura. Ve al estado como una herramienta neutral. Si puede usarse para beneficiar a los dirigentes, puede usarse para beneficiar al pueblo, como si un matadero que beneficie al granjero pueda ser usado para beneficiar a los animales.[8]

Como han advertido muchos, los verdaderos creyentes proporcionan cobertura ideológica para los cínicos que buscan ganancias privadas. Sin el interés privado y las ventajas privadas, habría una fuerte presión para dirigir los “asuntos públicos”. Como señalaba John Taylor Gatto con respecto a escuelas y otras empresas ideológicas, los verdaderos creyentes también necesitan a los cínicos para imponer su visión utópica y mantener en marcha toda la operación.[9]

Ejemplos de la historia del pensamiento

Para ilustrar cómo el pensamiento socialista es una reacción a la corrupción, usaremos unos pocos ejemplos famosos: la República de Platón, las objeciones al status quo de Jean-Jacques Rousseau, la Utopía de Tomás Moro y el pensamiento de George Bernard Shaw y unos pocos escritores menos famosos: Tommaso Campanella, William Godwin, Gabriel Bonnet de Mably y Robert Southey.  The Socialist Tradition, de Alexander Gray, es la fuente de muchos de estos ejemplos. Todo empieza, como es habitual, con un griego.

Platón

La República de Platón es conocida por recomendar el comunismo y la abolición de la propiedad privada. Esta recomendación era un remedio para la corrupción del estado, uno que podría decirse que era peor que la enfermedad.

Frances Neilson dice que Solón comentaba sobre el deseo de saqueo de sus conciudadanos atenienses:
La ambición del rico no conoce límites: los más ricos quieren crecer aún más. ¡Quién puede ser capaz de aplacar esta insaciable codicia! No respetan ni la propiedad sagrada ni el tesoro público: saquean todo, desafiando las leyes sagradas de la justicia.[10]
Es una buena descripción de los atenienses que encuentra Sócrates en el diálogo, especialmente el personaje clave Glaucon. Benjamin Constant decía: “Entre los antiguos, una guerra con éxito aumentaba tanto la riqueza privada como la pública en esclavos, tributos y tierras distribuidas”.[11]
Las ciudades-estado griegas eran esencialmente estados bucaneros. Los ciudadanos, como una tripulación de piratas, tenían a menudo partes nominalmente iguales en la dirección de una empresa que se preocupaba poco de las libertades personales y cuya principal preocupación era la guerra y el saqueo.[12] Los que protestan por una falta de igualdad merecen la pregunta de si están protestando por las ganancias injustas de los ricos o simplemente por su propia incompetencia a la hora de conseguir una mayor porción del botín.

La República es un diálogo sobre la justicia y su valor. Como en muchos diálogos, los conciudadanos griegos de Sócrates tienen dificultad en definir la justicia, a la que tampoco ven como particularmente valiosa. Glaucón ve a la justicia como una posición de compromiso, siendo el bien superior cometer justicia con impunidad y el peor destino es sufrirla. Como cualquier buen pirata, no ama la justicia, sino el saqueo.

Para ilustrar el valor de la justicia a gran escala, Sócrates crea una ciudad justa ideal. Esta primera ciudad es famosa por ser el primer ejemplo de la división del trabajo.[13] No hace ninguna mención a guardianes, reyes filósofos o esclavos. Glaucón objeta que la ciudad es apropiada para cerdos, no para hombres, pues no hay lujos. Sócrates califica a la ciudad deseada por Glaucón como una ciudad enfebrecida. Dice que la ciudad enfebrecida puede ilustrar la naturaleza de la justicia (implicando que este ejemplo no es una ciudad buena y sana y por tanto está usando un ejemplo de injusticia para ilustrar la justicia).

Sócrates propone que, como la mejor manera de proporcionar lujos es mediante saqueo, la ciudad tendrá que tomar las tierras de su vecino. Glaucón está de acuerdo. Sócrates dice: “entonces hemos descubierto que la guerra deriva de causa [deseo de ganancia] que son también las causas de caso todos los males en los estados, tanto privados como públicos”.[14] Luego Sócrates apunta que para saquear con éxito hacen falta guardias (una clase de soldados entrenados). Sócrates pregunta ¿quién nos guardará de los guardias? Hay posibilidad de un conflicto de clase: los guardias podrían saquear la propia ciudad.

Para escapar de este problema, Sócrates sugiere el comunismo para los guardias. Si los guardias no pueden tener propiedad privada, no tendrán oportunidades para usar su poder para obtener ganancias. Se imaginan todo tipo de salvaguardas para hacer esto posible. La ciudad descrita es muy similar a Esparta, sugiriendo paradójicamente que Atenas se convierta en similar a su enemiga. Los espartanos prohibían el dinero, temiendo sus efectos corruptores.

Al final del diálogo, Sócrates define la justicia: “¿No se sentencian la demandas bajo otra base que no sea que un hombre no puede tomar lo que es de otro no ser privado de lo que es suyo?” Esto es lo opuesto al saqueo. Cuando Sócrates ve rechazada su sociedad justa, ofrece comunismo como la única solución para el problema de la corrupción del estado: utilizar el poder para llenarse los bolsillos.

Una objeción importante es que la República y Las leyes de Platón parecen prescribir un orden social estricto y no libre. Una explicación es que, aunque Platón sí creía que esta disposición era más deseable que el estado de cosas de ese momento, no pensaba que fuera tan deseable como una comunidad de gente que amara la justicia. Platón pudo haber creído que, siendo la naturaleza humana como es, una ciudad sin guardias ni reyes-filósofos se habría desmoronado por la problema de gente como Glaucón tratando de conseguir riqueza por cualquier medio necesario. Este argumento es similar al de Hobbes de que es necesario el Leviatán porque debemos evitar que fuerzas poderosas o familias nobles en facciones desgarren el país en su propio beneficio. Platón se ocupa de las complejas salvaguardias necesarias para acabar con la corrupción y el desorden político.

Tomás Moro

Los comentarios y las citas de Gray sobre la Utopía  de Tomás Moro ilustran que el socialismo es una reacción a la corrupción del estado. Gray dice: “Si Utopía sobrevive como una fuerza viva, es (…) debido a sus comentarios sobre los males sociales de los tiempos en que fue escrito”.[15] El personaje de Moro, Hythloday, un filósofo viajero, dice que los príncipes están “generalmente más preocupados por adquirir nuevos reinos, con razón o sin ella, que por gobernar bien los que poseen”.[16]

Hythloday ve el problema como un problema de explotación:
Hay un gran número de nobles entre vosotros que son ellos mismos tan ociosos como los zánganos, que subsisten por el trabajo de otros hombres, del trabajo de sus arrendatarios, que, para aumentar sus ingresos, se dejan la piel.[17]
El contexto histórico era uno en el que reyes y nobles tenían el poder. En la mayoría de los lugares, los nobles eran esencialmente los descendientes de los antiguos comandantes militares del imperio. Aunque supuestamente similares a los guardias de Platón, defendiendo a los pobres y proporcionando seguridad, en realidad vivían en un lujo relativo soportado por el campesinado, cuyas familias eran las propietarias originales de la tierra.

Gray señala que la solución a la explotación “es, por  supuesto, una isla comunista, en la que la propiedad privada ha dejado de existir”.[18] Aunque Gray cree que Moro destaca por su ironía,
Hay poca ironía en lo que para nosotros son pasajes esenciales, en los que Raphael Hythloday, con una sombría elocuencia, expresa una demanda apasionada de justicia y lamenta las iniquidades, los frutos del egoísmo, que derivan del ansia del hombre por la riqueza y el poder y argumenta, en consecuencia, la necesidad del comunismo.[19]
Hythloday explica que la propiedad y el dinero corrompen el buen gobierno:
Aunque para hablar abiertamente de mis sentimientos reales, debo declarar libremente que mientras haya alguna propiedad y mientras el dinero sea el patrón para todas las demás cosas, no puedo pensar que una nación pueda ser gobernada ni justa ni felizmente: ni justamente, porque las mejores cosas caerán en poder de los peores hombres; ni felizmente, porque todas las cosas serán divididas entre unos pocos (e incluso esos no son en todos los aspectos felices), dejando al resto ser absolutamente miserables. (…)
En todos los demás lugares es visible que mientras que la gente habla de una comunidad, todo hombre solo busca su propia riqueza, pero allí, donde ningún hombre tiene ninguna propiedad, todos los hombres buscan afanosamente el bien público y de hecho no sorprende ver a los hombres actuar de forma tan diferente, pues en otra comunidades todo hombre sabe que si no se ocupa de sí mismo, por muy floreciente que sea la comunidad, debe morir de hambre: así que ve la necesidad de preferir sus propios asuntos a los públicos; pero en Utopía, donde todo hombre tiene derecho a todo, todos saben que si se tiene cuidado de mantener llenos los almacenes públicos, ningún hombre privado puede querer nada, pues entre ellos no hay distribución desigual, por lo que ningún hombre es pobre ni ninguno es necesitado y aunque nadie tenga nada, aun así todos son ricos, pues ¿qué puede hacer tan rico a un hombre como para llevarle a una vida serena y alegre, libre de ansiedad, ni pretendiendo nada para sí mismo, ni agobiado por las interminables quejas de su mujer?[20]
También ve a la mucha riqueza como obtenida ilegítimamente.
Pues qué justicia hay en esto, en que un noble, un orfebre, un banquero o cualquier otro hombre, que o bien no hace nada en absoluto o en el mejor de los casos está empleado en cosas inútiles para el público, deba vivir con gran lujo y esplendor, a partir de lo que se ha adquirido tan injustamente.[21]
Hythloday dice que el estado es una “conspiración de los ricos, que bajo la pretensión de gestionar lo público solo persiguen sus fines privados”.[22]

Gray señala que “son pasajes como estos (todos ellos, señalemos por lo que pueda significar, en palabras de Hythloday) los que han hecho de Utopía un libro vivo durante cuatrocientos años”.[23] El libro de Moro es una reacción al injusto estado de cosas en la Europa del siglo XVI y contiene los principales diagnósticos y remedios socialistas tradicionales para el cuerpo político.[24]

Tommaso Campanella

Nuestro próximo ejemplo de Gray es Tommaso Campanella, que destaca el conflicto, como dice Gray, entre “los instintos individualistas y sociales y aprecia que estos instintos individualistas no son mero egoísmo, sino que se enraízan en la familia”.[25]

Como dice Campanella:
Dicen que toda propiedad privada se adquiere y mejora por la razón de que cada uno de nosotros tiene por sí mismo su propio hogar y mujer e hijos. De esto deriva el amor propio. Pues cuando criamos a un hijo y buscamos riquezas y dignidades para dejar a un heredero mucha riqueza, estamos  o bien dispuestos a aprovecharnos de la propiedad del estado, como si desde el poder se temiera perder lo que a este corresponde en riquezas y rango, o bien somos avariciosos, taimados e hipócritas, si alguien es de escasa bolsa, poca fuerza y malos ancestros. Pero cuando hemos eliminado el amor propio, solo queda el amor por el estado.[26]
Campanella indica directamente el origen del ataque de la propiedad privada: el deseo de ganancia corrompe el estado, eliminemos la capacidad de ganar por medio de la actividad del estado y la gente no actuará por amor propio sino por amor al estado. Se ha señalado que incluso hoy, miembros de muchas tribus africanas se espera que utilicen su puesto oficial para beneficiar a su propia tribu. Esto se considera a menudo una causa importante de la corrupción del estado en África. Sin embargo, dada la inmoralidad de no ayudar a los parientes propios, no sorprende que se use el poder para beneficiar a la tribu y familia propias.

Jean-Jacques Rousseau

Las vigorosas objeciones de Jean-Jacques Rousseau al status quo tocaron la fibra sensible de la Europa del siglo XVIII. Como indica Gray: “el tema más cercano al corazón de Rousseau es el de la desigualdad y la pérdida de libertad”.[27] Como dice Rousseau:
En pocas palabras, competencia y rivalidad por un lado y conflicto de intereses por el otro y siempre el oculto deseo de obtener un beneficio a costa de otros: todos estos males son el primer efecto de la propiedad y el inseparable compañero del aumento de la desigualdad.[28]
Rousseau se pregunta si no sería mejor que una persona pensara “solo en las tareas del hombre y las necesidades de la naturaleza, tuviera tiempo solo para la patria, para los desafortunados y para sus amigos”.[29]

Rousseau es un poco distinto de nuestros otros escritores en el sentido de que protesta contra la sociedad en general. Protesta por la desigualdad y define a esta como cualquier diferencia real o percibida entre personas, aunque sea tan pequeña como que una persona dance mejor que otra. Observa correctamente que la sociedad crea oportunidades para distinguirse (alimenta la desigualdad). Acaba concluyendo que deberíamos esencialmente abolir toda oportunidad de mejora, porque eso produciría desigualdad. Como la gente desea bienes, eso significa que deberíamos abolir los bienes. Por tanto los bienes no son buenos, son malos. Los valores se invierten.
Gray resume el tema de Rousseau de la corrupción del hombre como sigue:
Define tres etapas principales en el descenso. La primera es el establecimiento de la ley y el derecho de propiedad; la segunda es la institución de la magistratura; la tercera es la transformación del poder legítimo en arbitrario. En un lenguaje algo diferente, estas etapas consagran la distinción entre ricos y pobres, entre fuertes y débiles y entre amo y esclavo.[30]
Al igual que otros, Rousseau ve la combinación de estado y propiedad privada como la raíz de los problemas actuales.

Gabriel Bonnet de Mably

Gabriel Bonnet de Mably estaba obsesionado con los clásicos. Según Gray, Mably “adoraba Esparta y todas sus instituciones, reales o imaginarias; Licurgo era su obsesión constante”.[31] Creía en la igualdad y en que la propiedad privada era “la causa raíz de todas las desgracias humanas”.[32] Benjamin Constant escribió de Mably que este creía que “el individuo debería ser esclavizado para que el pueblo fuera libre”.

Mably tenía dos teorías sobre la propiedad privada. Una es que se originó en la indolencia de no trabajar, de forma que esa sociedad dejando paso a la propiedad privada (asegurando que quienes no trabajen no coman). La otra es que se originó en cargos públicos que no distribuían los bienes por igual y por el contrario se los guardaban para sí mismos o se los daban a amigos y parientes.[33] Por supuesto, hay dos problemas con esto, como señala Gray:
En primer lugar, la indolencia que arruinó el comunismo primitivo probablemente vuelva a arruinar al comunismo, si se restablece (…) En segundo lugar, revela una extraordinaria confusión de pensamiento y de argumentación proclamar que el comunismo es la única condición en la que los hombres pueden vivir virtuosa y feliz ente y en ese mismo instante explicar que el comunismo fue abandonado porque los ciudadanos normales no actuaban justamente con sus iguales o alternativamente porque los líderes de la sociedad no eran honrados o se dedicaron al nepotismo. [Mably,] a pesar de sí mismo, se ve obligado a volver a reconocer la realidad del pecado original.[34]

William Godwin

William Godwin, que vivió de 1756 a 1836, fue un personaje muy influyente en Inglaterra. Su libro de 1793, Investigación acerca de la justicia política y su influencia sobre la virtud y la felicidad generales entró con gran éxito en las listas del debate sobre la Revolución Francesa. Su fama le llevó a casarse con Mary Wollstonecraft y convertirse en el suegro de Percy Bysshe Shelley. Se considera que la obra de Malthus fue una reacción a Godwin.

El tema principal de Godwin era que la justicia reclama que demos nuestra propiedad y ayuda a quienes las necesiten y despreciaba los derechos como una forma de evitar hacer justicia a otros. También veía la sociedad como fundamentalmente injusta y denunciaba el matrimonio. No es sorprendente que fuera posteriormente considerado como un comunista y fomentador del espíritu socialista. Por otro lado, destacaba que el individuo era juez y jurado en todos los asuntos que correspondan a su propiedad. Como anarquista pacífico, tenía un fuerte lado libertario.[35]
Gray cita a Gowin:
Al hombre pobre se le inducirá a considerar el estado de la sociedad como un estado de guerra, una combinación injusta, no para proteger los derechos de todos los hombres y asegurarles los medios de subsistencia, sino para absorber todas sus ventajas para unos pocos individuos favorecidos y reservar para la porción restante deseo, dependencia y miseria.[36]
Godwin ve la estructura social como básicamente apilada en contra el hombre común y a favor de los privilegiados. Gray dice:
Los ricos también se convierten en insolentes y desarrollan “un temperamento dictatorial y tiránico”. Además, los ricos son “directa o indirectamente los legisladores del Estado y en consecuencia están constantemente introduciendo opresión en un sistema”. Estos males son confirmados por el derecho, pues “la legislación es en casi todos los país groseramente favorecedora de los ricos frente a los pobres” y además “la administración de la ley no es menos inicua que el espíritu en el que se enmarca”.[37]
Godwin deja claro que el sistema de opresión es el estado. El contexto de su revuelta contra la sociedad es el corrupto estado mercantilista británico del siglo XVIII, con su sistema de privilegio y opresión. Viendo correctamente que los privilegiados en la sociedad se benefician del estado a costa de todos los demás, Godwin condenaba toda la estructura social. Godwin, como muchos socialistas, denunciaba los derechos y defendían que los que tuvieran propiedad la entregaran a otros. Pero Godwin defendía un sistema completamente voluntario, diferenciándose de los socialistas y mostrándose como un amante de la libertad.

George Bernard Shaw

El artículo de Albert Jay Nock, “The Socialism of Mr. Shaw“, muestra otro ejemplo más de socialismo como ataque a la corrupción.[38]
Mr. Shaw es un socialista. En su visión el extremo del estatismo colectivista es una cura para todos los males, como la tisana de la abuela. En política, aboliría el sistema de partidos, simplificaría los procedimientos y aseguraría mantener en el cargo a los hombres buenos y capaces.
Repito, la preocupación de Mr. Shaw es principalmente abolir la corrupción y poner en los cargos a hombres buenos.
El estado de Mr. Shaw establecería la igualdad de rentas, proporcionaría el tipo adecuado de educación para los niños, resolvería el problema de la tierra, controlaría la producción y la distribución, mantendría a todos trabajando y todas esas coas y demás. Y todo por el interés público. Mr. Shaw diagnostica incansablemente los diversos males de los cuales es heredero el cuerpo político, su diagnosis es completa y correcta y para todos y cada uno de los males prescribe el único remedio: la acción del estado.
Shaw señalaba que la Inglaterra de su tiempo tenía muchas injusticias. El sistema político inglés institucionalizó desde hacía mucho tiempo la desigualdad, especialmente en forma de grandes terratenientes que dominaron la política durante siglos. Nock calificaba su solución diciendo: “Todo lo que tenemos que hacer es establecer el tipo correcto de gobierno, compuesto por el tipo correcto de gente y ya está”.

Curiosamente, la solución de Shaw (la gente correcta en el poder) era exactamente lo que la clase alta pensaba que había conseguido. Nock señala que el error de Shaw fue no tener en cuenta para la ley que “el hombre siempre tiende a satisfacer sus necesidades y deseos con el mínimo esfuerzo posible”.

Nock señala la consecuencia de que
El medio incomparablemente poderoso de explotación es el estado. También es el medio más seguro, porque es irresponsable. Está exento de todas las sanciones básicas de la moralidad ordinaria. Es libre para asesinar, engañar, mentir, robar y perseguir su propio bien a placer y sin temor a represalias. (…) Su irresponsabilidad lleva a un régimen de prodigalidad, desperdicio, ineficacia y corrupción.
La fe de Shaw en el estado le lleva a advertir el problema sin adivinar una solución real.

Robert Southey

Robert Southey escribió Sir Thomas More, un ataque atolondrado a la Inglaterra de 1829 en forma de un diálogo con Tomás Moro. Lord Thomas Babbington Macaulay escribió un maravilloso ensayo  destrozando el diálogo de Southey. Según Macaulay, los personajes en del diálogo de Southey era “igualmente elocuentes, igualmente enfadados, igualmente irracionales e igualmente dotados para hablar de lo que no entienden”. El ensayo de Macaulay documenta los grandes avances en riqueza y duración de vida que estaban consiguiendo incluso las personas normales (y merece la pena leerse solo por eso). Southey, por el contrario, cree que “’un pueblo’, nos dice, ‘puede ser demasiado rico, pero su gobierno no puede serlo’”.

Macaulay aporta la gran idea de que tiranía y corrupción van de la mano. La gente a menudo objeta ante la corrupción sin objetar contra la tiranía. Macaulay compara los sentimientos que engendran ambas:
Una tiranía grave y sombría, aplastando a la oposición, silenciando las protestas, taladrando la mente del pueblo para una obediencia irracional, tiene en sí algo de grandeza que deleita su imaginación. Pero no hay nada bueno en los malvados trucos y trabajos del cargo y Mr. Southey, por tanto no los tolera.[39]
Macaulay señala también:
Renuncia a la parte abyecta e insignificante del credo de su partido, sin percibir que es también una parte esencial de dicho credo. Tendríamos tiranía y pureza juntas, aunque la observación más superficial podría haberle demostrado que no puede haber tiranía sin corrupción.

Conclusión

Muchos socialistas (y Southey es un cuasisocialista y reaccionario tory) protestan por la sórdida realidad. Pero no se dan cuenta de que la tiranía se adhiere a la corrupción. Se espera que los poderosos usen el poder para perseguir fines nobles. Aun así, el socialista se sorprende cuando se usa el poder para el beneficio personal o el interés propio.[40] En ambos casos el poder se usaba para obligar directa o indirectamente a otros a perseguir los fines e intereses de los poderosos.

Poder y malas hierbas, en la antigua expresión, van juntos naturalmente por una razón. Sin poder, no se puede uno apropiar o conferir riquezas y privilegios y el poder es difícil de mantener sin clientela.

¿No corrompe el poder y no corrompe absolutamente el poder absoluto?

Hasta que la gente acepte esa verdad, el socialismo parecerá la respuesta natural a un sistema corrupto, Cuando la gente acepte la verdad, disminuirá la tiranía, y con ella la corrupción.

Publicado originalmente el 9 de septiembre de 2010. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.
[1] Todos podrían verse mostrando características del socialismo del conservadurismo definido en el capítulo 5 de Una teoría del socialismo y el capitalismo de Hans-Herman Hoppe. Históricamente, la clase dirigente no ha sido conscientemente socialista hasta tiempos relativamente recientes. (Puede argumentarse que se ha visto como utópica al menos desde la invención de la imprenta).
[2] A pesar de la risa que podría provocar esta idea, este artículo demostrará que esta idea fue considerada como seria.
[3] G.K. Chesterton, Lo que está mal en el mundo.
[4] La excelente película Il Divo contaba la vida de Andreotti.
[5] En lugar de corrupción del estado, se podrían usar también los términos conservadurismo y mercantilismo. Ambos apoyan la propiedad privada amarrada y distorsionada por el privilegio estatal. Ver el conservadurismo y el socialismo definidos en el capítulo 5 de Una teoría del socialismo y el capitalismo de Hans-Herman Hoppe. Ver también Rotrhbard “El mercantilismo como aspecto económico del absolutismode Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith.
[6] Si se supone que la riqueza origina privilegios estatales, es comprensible que la inclinación socialista también piense que es justo gravar a los ricos. Lo que el estado da, puede quitarlo.
[7] La corrupción consiste en usar el poder propio o el control sobre la gente o los recursos privados para convertir esos recursos en propiedad privada propia. El hombre, la economía y el estado, de Rothbard, p. 955, explica la naturaleza de la propiedad pública y la capacidad propia de los poderosos de usarla para sus propios fines.

El libertario protesta por el robo de los recursos de otros por parte de los poderosos, mientras que el socialista protesta por la conversión de recursos en propiedad privada. Como las protestas socialistas excluyen el control privado de los recursos por los que no tienen poder, la única alternativa es que todos los recursos, públicos o privados, sean controlados por los poderosos. Sin embargo, excluir la alternativa de la propiedad privada no explica por qué los poderosos deberían controlar recursos públicos o privados. Como el poder es algo breve comparado con los derechos de propiedad, hay incluso menos base estable para un orden social o político. El poder son unos cimientos aproximadamente tan sólidos, racionales, estables, de largo plazo y concretos como las olas de agua. Se pueden cabalgar, pero no tardarás en caer. Sistemas como el feudalismo pueden verse como un intento de privatizar el poder sobre los recursos y convertirlo en derechos de propiedad transmisibles hereditariamente. Aunque problemático, como la base era el poder sobre recursos que pertenecían al campesinado, histórica y teóricamente puede defenderse que era un paso en la dirección correcta. La crítica de Edmund Burke en “Reflexiones sobre la Revolución en Francia” parece haberse basado en una comprensión similar de que el estado y el poder no justifican los derechos, debemos mirar a tradiciones heredadas, derechos y propiedad en busca de estabilidad.

La otra forma de corrupción es sobornar a los funcionarios para que no ejerzan su poder de control sobre nuestra propiedad y esto también tiene sus beneficios sociales. Como decía Samuel P. Huntington en su Orden político en las sociedades de cambio: “En términos de crecimiento económico, lo único peor que una sociedad con una burocracia rígida, sobrecentralizada y no honrada es una con una burocracia rígida, sobrecentralizada y honrada”.
[8] Frank Chodorov explica esto bastante bien:
Siempre que la uatoridad soberana invade el mercado, es inevitable que lo que todos llamamos ingenuamente “corrupción” (que no es sino los medios políticos para adquirir bienes económicos) contaminará la economía. La historia es tan rotunda sobre esto que cabe maravillarse por la persistencia de las esperanzas optimistas de los defensores de la propiedad pública: en el análisis final estas esperanzas deben basarse en la fe sublime en la milagrosa mutación de la naturaleza humana gracias al cargo público. La asociación de privilegio y política es tan natural como el matrimonio entre hombres y mujeres.
Frank Chodorov, One is a Crowd, p. 139.
[9] La descripción de la Revolución en Francia de Edmund Burke muestra cómo una ideología idealista está apoyada por los cínicos. Sería difícil que hubiera funcionado sin ellos.
Si este monstruo de constitución puede continuar, Francia estará completamente gobernada por los agitadores en las grandes empresas, por las sociedades en los pueblos formadas por directores de assignats y consejeros para la venta de tierra de la iglesia, abogados, agentes, corredores de dinero, especuladores y aventureros, componiendo una innoble oligarquía basada en la destrucción de la corona, la iglesia, la nobleza y el pueblo. Aquí acaban todos los sueños y visiones engañosos de la igualdad y los derechos de los hombres. En el Pantano Serbonio de esta oligarquía de base, todos son absorbidos, hundidos y perdidos para siempre.
[10] Solón es citado de la sección de Francis Neilson, The Eleventh Commandment, explicando la República de Platón. Hace muchos de los mismos argumentos como en este ensayo.
[11] Benjamin Constant, Acerca de la libertad de los antiguos comparada a la de los modernos:
Todos tenían que comprar su seguridad, su independencia, toda su existencia al precio de la guerra. Era el interés constante, la ocupación casi habitual de los estados libres de la antigüedad. Finalmente, por un resultado igualmente necesario de esta forma de ser, todos estos estados tenían esclavos. (…)
La guerra precede al comercio. Guerra y comercio son solo dos medios distintos de alcanzar el mismo fin, el de obtener lo que uno quiere. El comercio es simplemente un tributo pagado a la fortaleza del posesor por el aspirante a la posesión. Es un intento de conquistar, por mutuo acuerdo, lo que uno ya no puede esperar obtener por violencia. Un hombre que fuera siempre el más fuerte no concebiría nunca la idea de comercio. Es la experiencia, al demostrarle que la guerra, que el uso de su fortaleza contra la fortaleza de otros, la que le expone a una variedad de obstáculos y derrotas, lo que le lleva a recurrir al comercio, es decir a un medio más suave y seguro de utilizar el interés de otros para acordar lo que le viene bien. La guerra es todo impulso, el comercio, cálculo. (…)
Les demostraré, caballeros, mediante los detalles de las costumbres, hábitos, forma de comerciar con otros pueblos comerciantes de la antigüedad, que sus comercio estaba impregnado por el espíritu de la época, por la atmósfera de guerra y hostilidad que la rodeaba.
[12] Para más acerca de la falta de interés de los antiguos sobre la libertad personal, leer Benjamin Constant, Acerca de la libertad de los antiguos comparada a la de los modernos y Jacob Burckhardt, Historia de la cultura griega. Para más acerca de piratas y saqueadores socialistas, ver Mark Sunwall, The Political Economy of Treasure Island.
[13] Murray Rothbard, Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith, explica esto.
[14] La república de Platón, II.373e.
[15] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 63.
[16] Este deseo de más tierras es similar al ejemplo de la república de Platón antes indicado. Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 64.
[17] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 64.
[18] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 64.
[19] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 68.
[20] Alexander Gray, The Socialist Tradition, pp. 68-69.
[21] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 69.
[22] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 69.
Por tanto debo decir que, mientras espero clemencia, no puedo tener otra noción de todos los demás gobiernos que veo o conozco, de que son una conspiración de los ricos, que bajo la pretensión de gestionar lo público solo persiguen sus fines privados e idean todas formas y artes que pueden encontrar; primero, que puedan, sin peligro, conservar todo lo que han adquirido tan injustamente y luego que puedan dedicar a los pobres al trabajo duro para ellos con los salarios más bajos posibles y oprimirlos tanto como gusten.
[23] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 69.
[24] Alexander Gray, The Socialist Tradition, pp. 69-70.
 Muy lejos de las principales tesis de los males que derivan de la propiedad privada, Utopía pone énfasis en (i) los males de las clases improductivas; (ii) Nuestra extravagancia y uso erróneo de la riqueza; (iii) los males del dinero y el particular la perniciosa influencia del oro; (iv) la explotación del pobre por el rico, y finalmente y lo más sorprendente (v) la concepción del estado como una organización de clase, una “conspiración de los ricos”.
[25] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 70.
[26] Alexander Gray, The Socialist Tradition, pp. 70–71.
[27] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 77.
[28] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 84. También cita a Rousseau en p.81:
El primer hombre que, habiendo cercado un terreno, lo asumió diciendo. “Esto me pertenece” y encontró a la gente lo suficientemente simple como para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. Qué de delitos, guerras, asesinatos, qué miserias y horrores se habría evitado la raza humana si alguien, derribando las vallas o llenando el foso hubiese gritado a sus semejantes: “No escuchéis a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos pertenecen a todos y que la tierra no pertenece a nadie”.
[29] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 77.
[30] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 77.
[31] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 86.
[32] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 87.
Basándose en el derecho natural, creía en la igualdad de los hombres; mirando a su alrededor (cuando dejaba de leer los clásicos) se convencía de que la propiedad privada era la causa raíz de todas las desgracias humanas.
[33] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 89.
[34] Alexander Gray, The Socialist Tradition, pp. 89-90.
[35] Jeff Riggenbach, William Godwin: ¿Comunista o individualista?
[36] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 119.
[37] Alexander Gray, The Socialist Tradition, p. 119.
[38] Albert Jay Nock, “The Socialism of Mr. Shaw”, Economic Council Review of Books, Volumen II, nº 6, Febrero de 1945.
[39] Lord Thomas Babington Macaulay, Southey’s Colloquies on Society.
[40] Para una visión reciente del absurdo de esperar que la gente en el poder no siga su propio interés, ver Milton Friedman citado por Walter Block,
La mayoría de mi propio trabajo con respecto a la política pública ha tenido el mismo carácter de actuar como si estuviera tratando con cargos públicos dedicados altruistamente al interés público. He intentado convencer al Sistema de la Reserva Federal de que estaba haciendo algo incorrecto y tendría que adoptar una política diferente. Este tiempo fue un desperdicio porque  la caracterización del interés público del gobierno es básicamente defectuosa. (…) No consideramos a un empresario como dedicado altruistamente al interés público. Pensamos en un empresario como dedicado a mejorar su propio bienestar, a servir a su propio interés. (…) ¿Por qué deberíamos considerar de forma distinta a los cargos públicos? También tratan de servir su propio interés y en el gobierno, como en los negocios, debemos de tratar de crear instituciones bajo las cuales las personas que busquen solo su propio beneficio estén guiadas por una mano invisible para atender el interés público. El Sistema de la Reserva Federal pone una gran cantidad de poder en las manos de unas pocas personas y está creado de tal manera que su propio interés les lleva a seguir una política que, según creo, ha sido muy dañina para la gente en lugar de beneficiosa. (…) Está claro que no interesaba a la jerarquía de la Reserva Federal seguir la política hipotética [de una regla monetaria]. Por tanto fue una pérdida de tiempo tratar de convencerlos para que lo hicieran.

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